El horrendo caso de los caníbales de Buenos Aires: “Me comí un pedacito”

Dos caníbales, separados por 500 kilómetros, mataron a sus padres y se los comieron. La casualidad hizo que fueran alojados en la misma cárcel.

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Policía se horroriza ante el macabro hallazgo en la casa de Pilar. Foto Bigbangnews.

“…En un momento se acercó a las rejas para que nadie escuchara y me dijo algo increíble: ‘Me comí un pedacito’“. De esa manera, Leandro le confesó a su abogada haber comido un trozo de carne humana. Leandro Yamil Acosta estaba detenido por doble crimen y sospechado de haber comido los restos de su padre.

El “caníbal de Pilar” junto a su novia, ambos acusados de haber asesinado a sus padres. Foto Bigbangnews.

La abogada Mónica Chirivín, superando la repulsión inicial ante aquella confesión, le preguntó al detenido que gusto tenía lo que había ingerido y el acusado señaló en su torso el sitio de donde había sacado un trozo de su víctima. Su defensora consideró que el hecho era horroroso, pero si se probaba su autoría en los crímenes y el desagradable acto posterior, sería un elemento importante al momento de considerar la posibilidad de declarar su no imputablilidad.

Leandro Yamil Acosta, y su hermanastra y novia, Karen Daniela Klein, fueron detenidos bajo la acusación de haber matado a sus padres. Según la acusación que pesa sobre ellos, Acosta habría asesinado a sus padres y luego los descuartizó, mientras Karen procedió a limpiar la escena del crimen.

“A mi padre lo llevo bien adentro”

Acosta fue alojado en la Unidad de Detención 24 de Melchor Romero, localidad a unos 70 kilómetros al sur de Buenos Aires. La casualidad hizo que compartiera espacios en ese centro de detención con otro caníbal, Raúl Ernesto Piñel Donato, en ese momento cumpliendo condena por haber asesinado a su padre y comido sus vísceras. Siete años antes, un vecino de la localidad rural de Daireaux, fue a visitar al señor Piñel, pero fue atendido por su hijo que se mostraba nervioso y con las manos ensangrentadas.

De inmediato llamó a la policía que procedió a ingresar a la vivienda. El cuadro que hallaron provoca horror, indignación y repugnancia; las paredes y pisos de la casa estaban manchadas de sangre y en el suelo encontraron vísceras humanas desparramadas. Lo peor fue encontrado en la cocina, donde el asesino había cocinado al ajillo el corazón y los riñones de su padre. Al ser entrevistado por un perito policial el detenido afirmó imperturbable: “A mi padre lo llevo bien adentro”. Posteriormente, Piñel fue declarado no imputable y actualmente está en libertad bajo la tutela del Juzgado de Trenque Lauquen, (ciudad a 500 kilómetros al oeste de Buenos Aires).

El “caníbal de Daireaux” y la cocina donde preparó el horror. Foto Bigbangnews.

 

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