El misterio del “niño momia” al que se le atribuyen inexplicables travesuras

Desde hace 50 años, en el norte argentino se venera a un niño momificado al que se le atribuyen poderes y milagros.

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Al fallecer el niño Miguel, fue enterrado en el cementerio local de Villa Unión. Esta pequeña ciudad está situada a 1.800 metros sobre el nivel del mar, en las montañas de La Rioja en Argentina. Tiempo después, el encargado del cementerio comenzó a sospechar que las continuas roturas que aparecían en la bóveda y que en algunas oportunidades apareciera el ataúd abierto, no eran acciones de vandalismo protagonizadas por jóvenes aburridos de la tradicional calma provinciana.

Los empleados pudieron comprobar que, si bien hacía un año que el pequeño había fallecido, su cuerpo no se había corrompido. Ante la sospecha de que algo más allá de su comprensión estaba ocurriendo, procedieron a colocar nuevamente la tapa del ataúd en su lugar, la aseguraron con piedras y otros objetos pesados y sellaron nuevamente la tumba para evitar una nueva profanación.  Cuando al día siguiente volvió a aparecer la tapa abierta, el encargado del cementerio no dudó y fue a comentarle a los padres del niño lo que estaba ocurriendo. A esa altura de los acontecimientos, la pequeña comunidad de Villa Unión estaba conmovida ante la presunción que algo terrorífico ocurría a modo de castigo por presuntos e inconfesables pecados cometidos por desconocidos miembros de la población.

La extraña aceptación familiar

Los padres decidieron volver a colocar la tapa del ataúd y asegurarla con elementos pesados. Reiteraron tal acción durante varios días hasta que -exhaustos, temerosos y conmovidos- terminaron por aceptar que “Miguelito”, muerto en 1967, no quería ser cubierto. Por lo tanto, dejaron sin tapa el ataúd quedando a la vista de todos el rostro marrón y reseco como la tierra que le rodea.

En el cementerio, el ataúd azul de madera portando la pequeña momia quedó expuesto a quien quisiera ver. Para ese momento, la gente del pueblo ya concurría al cementerio por curiosidad o temor y , también, para rezar por el alma de Miguel Ángel y tocarle la frente a modo de perdón por sus propios pecados. En el norte argentino, la tradición popular considera como angelitos a los niños que mueren antes de cumplir siete años de edad.

Foto Ir Andando.

Más tarde, para evitar sustracciones, y riesgo de contaminación del cuerpo por el contacto humano y/o de animales, se le puso una tapa de vidrio y candado al ataúd. Regularmente, la madre concurría al cementerio para cambiar la ropa de la pequeña momia. Hoy, Miguel Ángel ,“Miguelito” o “El Angelito Milagroso”, es una especie de santo local y motivo de veneración regional.

Atribución de poderes

Son muchas las personas en Villa Unión, y también en otras comarcas regionales, que atribuyen distintos hechos inexplicables a la acción de la pequeña momia. La cripta comenzó a llenarse de mensajes dirigidos al niño, la mayoría de agradecimiento por soluciones a sus problemas y respuestas a sus solicitudes. También, cientos de juguetes que generalmente son dejados allí por niños acompañados por sus padres. Se comenta que políticos, artistas y equipos de fútbol han concurrido a la tumba de “Miguelito” para realizar sus pedidos. Con casi medio siglo de muerto, la momia continúa sin cambios y la madre sigue cambiándole la ropa como si estuviera vivo.

Datos

Miguelito nació en la Banda Florida, una pequeña ciudad que es capital del departamento Coronel Felipe Varela de la provincia argentina de La Rioja. Fue el duodécimo hijo del matrimonio constituido por Nery Olguín y Barnabás Gaitán (que tuvo quince hijos, pero sólo nueve sobrevivieron). Miguelito falleció el 24 de junio de 1967 cuando era urgentemente transportado por una ambulancia hacia un hospital de Chilecito, afectado por meningitis.

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