Inauguran carrusel de tres pisos en balneario: Reviva la historia de este tradicional juego
- Walter Raymond, ex guía de Argentina
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Calesita en Argentina, también carrusel y tiovivo en otras regiones. Lo cierto es que el antiguo entretenimiento para niños aún da pelea para no quedar solo en el recuerdo. En el famoso balneario argentino de Mar del Plata se acaba de inaugurar una calesita gigante de tres pisos de alto. Forma parte de un parque de diversiones estival con juegos y otras atracciones.
La enorme estructura llama poderosamente la atención, ya que es un divertimento para niños pequeños de no más de seis u ocho años, ya que superando ese rango de edad se corre el riesgo de ser considerados por sus pares como “demasiado infantil”. El consecuente estigma barrial le perseguirá hasta su adultez.
¿Qué es una “calesita”?

Una calesita normal. Está situada en la Plaza de los dos Congresos en Buenos Aires, ¡y funciona! Foto de Carlos.martinez1309 – Trabajo propio.
¿Qué es una calesita? La Real Academia Española no nos brinda mayores detalles: “Recreo de feria que consiste en varios asientos colocados en un círculo giratorio”. ¡Mire usted! Los estudiosos de tales fenómenos afirman que el carrusel, tiovivo o calesita es un medio de diversión consistente en una plataforma rotatoria con asientos para los pasajeros que poseen formas de caballos y otros animales, que además son desplazados mecánicamente hacia arriba y abajo para simular el galope de un caballo.
Agregan que normalmente se escucha una música de fondo con sonido de antiguo organito (fines de siglo XIX, instrumento musical mecánico que girando un manubrio ejecuta un repertorio de melodías preestablecidas) o directamente temas musicales infantiles y adolescentes. Uno tendería a creer que la adopción de temas musicales reconocibles para los niños es para no espantar a la clientela. Imagine la mirada de su hijo artista de la tablet y el teléfono inteligente al escuchar música de organito.
El entrenamiento de los valientes
Se afirma que habría nacido en el Imperio bizantino (500 años DC) y era parte del entrenamiento de la caballería (¿?) “reforzaba la preparación de los jinetes para la batalla al atacar con espadas de madera a muñecos que representan al enemigo”. Todo dicho. Mucho más tarde, ya en la corte francesa del siglo XVII, se instalaban carruseles en los jardines para delirio de nobles y doncellas. El notable éxito de tales divertimentos de adultos se presume que era dado por el vértigo de girar y girar con enormes vestidos, pelucas y cajillas de polvo de rapé a mano. Luego, lejos de las guillotinas francesas, los artesanos alemanes le dieron el aspecto que conocemos y se diseminaron por Europa y el mundo.
Calesitas de Buenos Aires
A fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la ciudad de Buenos Aires con sus aires franceses gracias a la riqueza que emanaba de las pampas se dio a la moda de adoptar las calesitas. A tal punto fue el amor a primera vista que representaba un desaire y deshonra popular no tener una calesita en la plaza cercana. No solamente los historiadores se ocuparon de esas construcciones, sino también los poetas del tango que le dedicaron estrofas sentidas y tristonas. Ahora, volviendo al comienzo de la nota, ¿a quién se le ocurre subirse a una calesita de tres pisos cuando con uno solo era suficiente para aterrar a madres, padres, abuelos y tías?
Imagine usted acompañar a su niño y que se le congele la sonrisa ante el vertiginoso e hipnótico giro de la terrible maquinaria. El tiempo durante el que gira la calesita suele extenderse unos tres minutos, imagínese atribulado y aferrado a lo que sea porque todo le daba vueltas y vueltas al compás de repetitivas melodías y el almuerzo que pugna dentro suyo por regresar.
Seguramente pensará que los franceses eran sabios al portar sus cajillas de polvo de rapé. Ahora los comprende. Bueno, usted se aferra a lo que tiene a mano para no ser despedido de la calesita y caer revolcado a los pies de los vecinos y niños que rodean la calesita. Si logra permanecer indemne, se juramentará no volver a cometer esa locura otra vez. Sabe que si sus manos se soltaran usted será recordado por décadas en el barrio y su hijo querrá irse a vivir a Europa.

Foto del día de la inauguración. Nótese que pocas personas subieron al segundo piso y casi nadie al tercero. ¡Ánimo! Foto Clarín.
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