Jabalí gigante de 270 kilos apareció en las cercanías de Buenos Aires

La presencia del animal causó gran preocupación.

Guía de: Argentina

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Imagen del enorme jabalí salvaje en Vedia, provincia de Buenos Aires.

Un enorme padrillo de jabalí de unos 270 kilos quedó atrapado en la parrilla de una máquina cosechadora. El hecho tuvo lugar el pasado sábado, 1 de mayo, a unos quince kilómetros del casco de la estancia Tres bonetes, ubicada entre Lincoln y Vedia, en la provincia de Buenos Aires.

El “Razorback” argentino

El término “razorback” se aplica a los grandes jabalíes o híbridos de jabalí y cerdo salvaje en Australia y Estados Unidos.  Estos grandes animales también están apareciendo en la provincia de Buenos Aires, a solo 300 kilómetros de la gran ciudad. Según indicaron vecinos de los alrededores de Lincoln, población cercana a la estancia, en la zona se estaría tornando habitual toparse con bestias similares generando preocupación en la población rural por su agresividad y tamaño.

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En relación con el jabalí de la fotografía, se conoce que el encuentro fortuito se produjo durante la cosecha de maíz. Según La Gaceta de Chivilcoy, el maquinista se topó con el animal que estaba comiendo dentro de la parcela y, sin tener tiempo para eludirlo, enganchó las patas del jabalí con las cadenas de rodillo.

“Por el peso que tenía la única manera de moverlo y sacarlo del lugar, fue usar el cabezal del mismo maicero con el que se estaba trabajando, como pala para transportarlo hasta la caja de una de las camionetas”, señaló el agricultor involucrado al diario La Nación. Hubo comentarios maliciosos señalando que el agricultor fue directamente a embestirlo al descubrir que depredaba su sembrado. Es que el jabalí y el chancho salvaje son animales muy afectos al maíz ocasionando severos daños a las plantaciones.

Otra versión

De acuerdo al diario local Democracia, no habría certezas sobre cómo acaeció la muerte del jabalí en el rastrojo. Vecinos rurales señalaron que sería poco probable que la cosechadora lo hubiera arrollado vivo por lo que la presunción es que se le habrían ultimado con disparos de arma de fuego. Será muy difícil determinarlo, ya que rige una veda local para la caza de estos animales y nadie querrá exponerse a una multa aún en esta circunstancia.

En tal sentido, el titular de Fauna de la Municipalidad de Lincoln, Diego Marchena, expresó al diario Democracia: “Esta temporada la provincia de Buenos Aires no autorizó la caza de jabalí en nuestra zona”. Agregó que: “Para la temporada 2021, que se extiende entre mayo y julio, aún no está autorizada la caza comercial y deportiva de jabalí”.

Una costosa plaga

El cerdo salvaje y el jabalí representan una plaga para los productores agropecuarios porque causan estragos en los campos. Rompen alambrados y atacan al ganado, pero el daño mayor lo hacen sobre los lotes sembrados con maíz arruinando el lote y ocasionando pérdidas económicas enormes, describió un contratista rural.

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Nótese el tamaño del animal comparado con los hombres a su lado.

En los primeros días del mes de junio de 2020, el diario El Día de La Plata publicó un informe titulado “Los chanchos salvajes” donde se explicitaba que el jabalí se había transformado en plaga y ocupaba el 75% del territorio, alcanzando incluso zonas suburbanas.

Propietarios de campos y trabajadores rurales señalaban que las piaras -como se denomina al conjunto de jabalíes- son voraces y causan numerosos daños no solo por lo que comen sino también por aplastamiento debido al pisoteo de los que marchan a través de los campos.

Hugo de Luca, guía de caza mayor y menor, explicaba que “Las grandes piaras hambrientas -añadió- son voraces. Una piara de 10 a 15 jabalíes rompe alambrados, se come los postes y un sembradío de maíz, a casi un promedio de una a dos hectáreas por día, donde arrasa con todo. Y no solo es lo que come, sino también lo que pisa. El daño que causa es millonario. Por otra parte, si un padrillo se ve acorralado, ataca con su cabeza baja y corta perros, caballos, incluso vehículos, todo lo que se atreve a enfrentarlo, no le importa morir en el intento. Esto preocupa a la gente que habita las zonas rurales, tanto por sus hijos como por ellos mismos”.

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