La conmovedora historia del “Ángel de la soledad”: Fidelidad y amor a toda prueba

El perro esperó en vano a su dueño en la estación de trenes durante seis años. Conozca que ocurrió después.

Guía de: Argentina

Fotografía de Ángel, en el andén.

Es la historia de Ángel, el perro que esperó durante seis años en la estación de trenes la llegada de su dueño. Un día, su dueño abordó el tren como cada día lo hacía para ir al trabajo. Ángel lo acompaña y se quedaba en los alrededores de la estación de trenes Martín Coronado, a unos 23 kilómetros del centro de Buenos Aires. Con ese sexto sentido que tienen los animales, al aproximarse la hora del regreso regresaba al andén y esperaba atento a cada llegada de los trenes cargados de obreros y empleados que con paso presuroso dejaban la estación rumbo a sus domicilios.

Un día se hizo tarde, muy tarde y su dueño no llegaba. Esa noche Ángel se quedó en un rincón esperando en vano. Llegaron más días y noches con trenes y más trenes en los que revivía la emoción de verlo otra vez entre los pasajeros.  Sin embargo su dueño no llegaba. Ángel no lo sabía pero el hombre había fallecido por un ataque cardíaco y ya nunca regresaría para acompañarlo por las calles de Martín Coronado. Entonces, Ángel se fue quedando en la estación. Manos caritativas y conocedoras de su nobleza le acercaban alimentos y agua, a veces alguna manta vieja para afrontar los duros inviernos suburbanos. Ángel se convirtió en el “Ángel de la soledad”, tal como lo definiera un sábado de madrugada un fanático de “Los redonditos de Ricota”, la banda de rock del Indio Solari.

Foto Infobae

Los “Coronaditos” no se rinden

Las pasajeros habituales comenzaron a reconocerlo. Alguno lo acariciaba al pasar o le daba algún alimento, pero Ángel estaba solo, muy solo en el mundo. De pronto vieron que Ángel estaba acompañado. Tal como suele pasar en estos casos nadie sabe de donde salió “Rabito”, su compañero de andanzas. La interacción de los perros con los pasajeros fue vista como un problema a resolver por el personal de la empresa de trenes. Intentaron sacarlos de la estación pero los pasajeros intervinieron y lograron desactivar el operativo. Los perros no eran agresivos, eran buenos con la gente y los niños.

Guardianes de las fronteras

Hace dos años, los problemas de inseguridad llevaron a que fuerzas de Gendarmería Nacional colaboraran con el patrullaje y vigilancia en el suburbano. Uno de esos puntos fue la estación Martín Coronado. Ángel y Rabito acompañaban a los gendarmes y se hicieron “amigos”, una manera de atenuar el dolor de tan larga espera. Un día Rabito apareció muerto. Ángel volvía a la soledad. Un tiempo después, los gendarmes también tuvieron que partir y la soledad de Ángel se acentuó. Sin embargo no abandonaba la espera de cada día en el andén.

El lazo que había construido con los gendarmes era fuerte. De hecho, Ángel no fue olvidado por los rudos custodios de las fronteras. El pasado 2 de febrero, Gendarmería anunció que Ángel pasaba a formar parte de las fuerzas. Mediante un comunicado a través de la red oficial de Facebook informaron que “personal de nuestra Fuerza, integrado por Alf Koziuk (Médica Veterinaria) el Cabo Aquino y el Cabo Dominguez, se hicieron presente en la estación y adoptaron al sociable can que desde este mediodía vive en la Región I”. Será entrenado como animal de compañía de los gendarmes. Por protocolo, tiene que concurrir al centro de entrenamiento y capacitación de Gendarmería, “pero su única tarea va a ser estar con sus amigos que tanto ama”, finaliza el comunicado.

Si las lágrimas asoman en sus ojos no las reprima. Tal como dice un conocido personaje televisivo: “Si querés llorar, llorá”.

Ángel ya con “uniforme” oficial de Gendarmería Nacional.

Ángel ingresando a la “academia militar”. Foto Gendarmería Nacional.

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