La extraña y azarosa historia del primer barco de prostitutas inglesas que llegó a Buenos Aires

Estas mujeres eran protagonistas de historias que trascendieron a su tiempo.

Guía de: Argentina

barco de prostitutas

Escena de la serie inglesa Harlots (cortesanas), representativa de la época.

Durante la segunda mitad del siglo XVIII, los jueces ingleses solían aplicar penas mínimas de siete años de cárcel por cualquier delito menor. El hurto, la mendicidad, prostitución o momentáneos raptos de ira terminaban en las cárceles. Tal rigurosidad atestaba los presidios ingleses mezclando asesinos, ladrones, estafadores, borrachos, prostitutas y disidentes políticos, entre otros.

La deportación a ultramar de delincuentes y elementos indeseables fue una medida efectiva para descomprimir el hacinamiento carcelario, y al mismo tiempo, un voluminoso aporte de mano de obra barata para desarrollar las nuevas colonias de ultramar. Ocurría que los hombres y mujeres bien pensantes de la época preferían no conocer tan recónditos parajes.

Las naves partían de los puertos ingleses cargadas de condenados con rumbo a las colonias de América del Norte. Cuando los criollos americanos obtuvieron su independencia los barcos pusieron rumbo a las lejanas colonias en los mares del sur: Australia. Esta es la historia de uno de esos barcos que cargado con prostitutas terminaron desembarcando en Montevideo y Buenos Aires.

El crucero del amor

El 7 de junio de 1797 partió del puerto de Falmouth la fragata inglesa ‘Lady Shore’ con destino a Botany Bay (Australia). Bajo el mando del capitán James Willcocks y una tripulación de 25 marineros, transportaba un destacamento de 75 soldados y oficiales del regimiento de la Nueva Gales del Sud y 68 convictos, de los cuales 66 eran mujeres. En los archivos del Public Record Office, se conserva la lista de las embarcadas con sus nombres, tribunal donde fueron juzgadas, fecha y pena impuesta. De las 66 convictas registradas 55 fueron sentenciadas a 7 años de prisión, una de ellas a 14 años y las 10 restantes a prisión perpetua.

barco de prostitutas

Detalle de delitos y condenas según registro inglés.

El oficial a bordo John Black no dudó en calificar a su tripulación y carga humana como “la más repugnante colección de villanos que se haya embarcado”. Al mismo tiempo condenaba la promiscuidad en la nave: “Las reclusas estaban a bordo desde febrero, los soldados abordaron en marzo y la embarcación zarpó en junio”. Tal situación generó conflictos entre el oficial a cargo de la tropa y el capitán. El oficial Minchin envió una carta de queja por tal situación al capitán Willcocks, debido a que “los marineros tenían libre circulación al lugar donde ellas pernoctaban”. Todo indicaba que si bien es cierto que el grado de criminalidad de la mayoría de las transportadas no era muy elevado, no sucedía lo mismo con su moral a la vista de las costumbres de la época. Al decir del historiador George Pendle: “No se podía esperar otra cosa de tal cantidad de machos y hembras viviendo hacinados en una cáscara de nuez flotante”.

barco de prostitutas

Imagen publicada en El País Viajes.

No hay mal que por bien no venga

El periodista e historiador inglés Pendle, ha logrado retratar a través de las crónicas de marinos y tripulantes de la época las vivencias en esas naves: “Durante el lapso de seis meses que estuvimos anclados en el Támesis se vaciaron todas las cárceles de Inglaterra para completar nuestra carga y cuando zarpamos iban a bordo 245 convictas. Muchas de ellas no tenían mal carácter, la gran mayoría había sido condenada por crímenes insignificantes y una buena proporción sólo por desorden, esto es prostitución (streetwalkers)”. En otro pasaje describe: “Las mujeres dormían en la cubierta inferior, justo por encima de las bombas de achique, los desechos humanos y restos de comida eran parte de las aguas servidas que llegaban a la sentina”. Sin embargo, tales condiciones, parecían ser mejores para las mujeres que las sufridas en las prisiones. Esperaban la deportación porque durante el largo viaje podrían confraternizar con la tripulación, algo que quizás podría mejorar su posición personal.

Motín a bordo de la “Lady Shore”

Según el relato del oficial a bordo John Black, en la madrugada del 1 de agosto de 1797, estando a cuatro días de navegación de Río de Janeiro (Brasil), parte de los soldados y marinería se amotinaron. George Pendle concluye que “el foco de la rebelión provino de los soldados llamados ‘voluntarios’ que, en realidad, eran extranjeros e irlandeses forzados a unirse al ejército británico. El oficial John Black, declaró luego, que los nueve soldados franceses fueron quienes organizaron el complot. En especial tres de ellos, que eran fervientes partidarios de la reciente república francesa y tenían experiencia marinera. El resto se plegó al motín por sentido práctico; nadie en ese buque tenía verdadero interés en conocer Botany Bay, la colonia australiana. Mucho menos, las condenadas.

Como resultado de la refriega muere el capitán James Willcocks, el primer oficial de puente Lambert, y el cabecilla de la rebelión de apellido Delahay. El resto de la tripulación y soldados que no opusieron resistencia quedaron prisioneros bajo cubierta. Dos semanas más tarde, los 29 prisioneros son liberados en alta mar (incluido John Black), puestos en un bote con su equipaje más tres toneles de agua de 90 litros, cuatro bolsas de pan, tres pedazos de carne salada y cuatro galones de ron. Para la navegación recibieron un cuadrante y una pequeña brújula. Sorprende tal delicadeza e indulgencia de los amotinados para con los prisioneros, pues les cedieron un bote lo bastante grande para tal cantidad de personas y equipo. La nave partió a vela desplegada hacia la costa, arribando a la población más cercana que era Río Grande (Brasil).

Deliciosas criaturas perfumadas

George Pendle, señala que algunas de las convictas se jactaban de sus crímenes. Sin embargo, un gran número de ellas eran provincianas seducidas y obligadas a ejercer la prostitución por sus amantes, o eventualmente abandonadas por ellos.

El escritor Roberts Hughes, en su obra “La costa fatídica” que trata sobre los orígenes de Australia, estima que un quinto de los condenados eran por razones políticas. Agrega que en su mayoría eran irlandeses partidarios de la independencia de Inglaterra, y que con su llegada masiva a las colonias se produjeron las primeras revueltas. El resto eran ladrones reincidentes, rateros, transgresores de delitos contra la propiedad y prostitutas.

Dice en su relato el oficial John Black (el mismo que condenaba la promiscuidad a bordo) que iniciado el viaje y “cuando estábamos en alta mar cada uno de nosotros tomó su mujer entre las convictas, todas muy dispuestas”. Él elige “una modesta muchacha de Lincoln condenada por el robo de una capa que tomó prestada de un amigo”. En el viaje le dio un hijo y concluye asegurando que si hubiera habido un religioso a bordo se habría casado con ella.

barco de prostitutas

Imagen de prostituta en Harlots, serie inglesa de época.

“El motín de las cortesanas”

Los amotinados ponen rumbo a Montevideo y entran a puerto con sus 66 convictas inglesas y bandera francesa ondeando en su palo mayor el 27 de agosto de 1797. Recordemos que en ese momento histórico España mantenía una alianza con Francia, y ambos reinos estaban enfrentados con Inglaterra.

Montevideo era aún parte del Virreinato del Río de la Plata. Las autoridades españolas recelaron de los amotinados y su carga de reclusos. Confiscaron el navío, apresaron a los hombres y distribuyeron a las mujeres entre las familias de Montevideo y Buenos Aires, según relatara en su declaración John Black. El historiador uruguayo Alberto Moroy, afirma que las actas de declaración de los detenidos ante las autoridades españolas de Montevideo, están depositadas en el Archivo General de la Nación.

Es particularmente llamativo que en tales declaraciones todos los marinos coincidieron en que las reclusas no tuvieron participación en el motín. Acusando, sin dudar, a los soldados franceses. Uno de los dos reclusos hombres, mayor Semple Lisle, escribió muchos años después un libro sobre el motín, coincidiendo en exculpar a la reclusas de cualquier participación en el motín. Considerando los estrechos e íntimos vínculos entre marinería, soldados y reclusas, resulta poco convincente que siendo las mujeres las que tenían tanto para perder, y siendo numerosas y de costumbres aguerridas no hayan intentado hacer algo por su libertad.

Pero existe una versión diferente de la rebelión, sostenida incluso por Charles Darwin -según llegó a sus oídos- sobre que habrían sido las mujeres quienes fomentaron el motín. Incluso una de ellas, la amante del capitán, habría sido quien le asesinó. Tal hecho se le conoce como “El motín de las cortesanas”.

Una nueva vida

En el sumario instruido por las autoridades de Montevideo declararon 56 tripulantes. De ellos, diez afirman estar casados y que sus cónyuges navegaban con ellos. Sin embargo, los hombres son alojados en la Real Cárcel de la Ciudadela y las mujeres inglesas son “repartidas en el vecindario de Montevideo, el cual se ha prestado a porfía a recogerlas con una humanidad inexplicable”.

Tal tierno acontecimiento generó cierta incomodidad en los ex amotinados. En el Archivo General de la Nación se conservan muchas notas y súplicas de los tripulantes que desean reunirse con sus mujeres, así como otros con sus hijos y se da incluso la situación de una de las convictas madre de 3 hijos que pide auxilio y ayuda para ellos.

Posteriormente, las convictas, soldados y marineros ingleses de la ‘Lady Shore’ son trasladados por orden del virrey a Buenos Aires, pues al corriente de la noticia y siendo un motín algo sumamente grave, se temía que sus connacionales intenten atacar Montevideo. Cabe recordar que las invasiones inglesas al Río de la Plata se produjeron en 1806 – 07.  Al arribar a Buenos Aires las mujeres son internadas en la Residencia y poco a poco destinadas a casas de los vecinos.

De acuerdo con un documento firmado por el alférez del regimiento de Dragones, fueron 66 las mujeres de nación inglesa prisioneras internadas en este establecimiento, de las cuales “por pedimento de muchas señoras de la ciudad salieron liberadas 64 y sólo han quedado 2 por no haber quien pida por estas pobres”. Dos meses después, las dos reclusas piden ser aceptadas en casa de doña Josefa Mingoche, habitante en Monserrat, prometiendo enmendar sus yerros y reconciliarse con la religión católica. Y lo logran previo informe de un fraile tras confesión.

En próximo episodio les contaremos qué fue de aquellas mujeres en Buenos Aires.

Fuentes consultadas:

Todo es historia Nº 265-Julio de 1989. Por Juan María Méndez Avellaneda.

Notas de Alberto Moroy en El País de Montevideo.

El motín de las cortesanas – Alberto Moroy

 La Costa Fatídica – Roberts Hughes

Más sobre Argentina

Comentarios Deja tu comentario ↓
Síguenos en Facebook X