La increíble fuga que conmocionó a Argentina: ¿Qué secretos de alto nivel encierran estos 3 fugitivos?

Se los persigue desde el 27 de diciembre, cuando se fugaron de un penal de máxima seguridad. Son peligrosos y no dudan en matar.

Guía de: Argentina

Martín Lanatta detenido en Cayastá, Santa Fe. Foto La Nación.

“…Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseados. …” expresaba Enrique Santos Cadícamo desde tu tango “Cambalache” que era, y continúa siendo, una pintura feroz de la carencia de valores de buena parte de la sociedad argentina. La crónica de la fuga de los tres peligrosos criminales evadidos de una cárcel de máxima seguridad argentina pone en evidencia a un Estado penetrado profundamente por el crimen organizado. El episodio que comenzó el 27 de diciembre de 2015, y aún continúa con final incierto, es apenas una muestra del estado de las instituciones del país. Fuerzas de seguridad que no saben proveer seguridad, políticos que no saben hacer política honesta, jueces que no saben aportar justicia y policías calzando ojotas y en bermudas persiguiendo a sicarios, es el resultado de años de improvisación y desidia.

Negocios son negocios

Dos colombianos con antecedentes en actividades ilegales fueron asesinados a tiros en la playa de estacionamiento de un famoso Shopping. Unas semanas después, tres aprendices de traficantes fueron también asesinados y arrojados en un zanjón del conurbano bonaerense. Los dos episodios tenían algo en común: tráfico de efedrina. En tanto, las autoridades de la administración anterior negaban que el narcotráfico fuera un problema en Argentina. Un tiempo después fueron detenidos, juzgados y condenados los tres ejecutores del triple crimen. Pero, a pesar de las evidencias, no se prosiguió la investigación hasta los autores ideológicos. Los indicios señalaban una relación inquietante entre negocios, política y crimen organizado.

Portada del libro de los periodistas Emilia Delfino y Rodrigo Alegre.

Durante el juicio

Durante el juicio que condenó a Martín y Christian Lanatta, junto a Víctor Schillaci, por el secuestro seguido de muerte de aquellas tres personas relacionadas con el tráfico de precursores químicos (efedrina) se comprobó, según familiares de las víctimas, que los acusados compartían alimentos y bromas además de los teléfonos celulares de sus custodios. En el documentado libro de los periodistas Emilia Delfino y Rodrigo Alegre, “La Ejecución”, se menciona que en el único momento que se borraron las sonrisas del rostro de los acusados fue durante la lectura de las sentencias a cadena perpetua. Al parecer, esperaban otro resultado, tal como veremos enseguida.

Un penal de máxima (relativa) seguridad

Los reclusos, al menos Martín Lanatta (supuesto jefe de los tres), se comunicaban con el exterior por medio de teléfonos celulares. Eso permitió concretar una entrevista televisiva con el conocimiento y autorización de las autoridades del penal y del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires. Fue así que Martín Lanatta fue entrevistado por el famoso periodista Jorge Lanata, denunciando que el entonces Jefe de Gabinete de Cristina Fernández de Kirchner, Aníbal Fernández, estaba implicado en el tráfico de efedrina. El motivo de tal locuacidad habría sido que los tres condenados se sentían “abandonados” por no se sabe quien o qué. Agregando que sus dos compinches habían sido condenados de manera injusta. Semanas más tarde, abogados de Aníbal Fernández lo visitaron en la cárcel. No se conoció de qué hablaron.

 Una cándida e insólita fuga

Durante semanas prepararon su escape a la vista de todos. Comenzaron a alimentarse mejor, realizar ejercicios físicos y lograron ser reunidos en la enfermería del penal. Un detalle adicional es que la puerta del lugar donde estaban se abría desde adentro. Sin embargo, las autoridades del penal no advirtieron nada de ello. Disminuyeron el número de agentes a cargo de su vigilancia y dejaron un solo guardia cárcel carente de experiencia que dice pertenecer a una congregación religiosa que prohíbe portar de armas (¿?). La noche de la fuga utilizaron un revólver de madera, pasaron por todos los controles sin dificultad y se fueron empujando un automóvil viejo de un guardia cárcel. El jefe de vigilancia declaró que en ese momento dormía (¿?). Cualquier persona pensaría que los dejaron ir. ¿A cambio de qué? ¿Dinero, favores…silencio?

 La huida del trío más famoso

Los fugitivos se trasladaban impunemente por la zona sur de Buenos Aires, especialmente en Quilmes (su antigua área de influencia). Se contactaron con familiares y amigos para pedirles dinero, vehículos y cobijo. Incluso se mencionó que compraban alimentos y bebidas en verdulerías y supermercados a la vista de todos los vecinos, menos de la fuerzas policiales. Distintas investigaciones, por diferentes causas penales, señalan de manera reiterada que en Quilmes habría cierta connivencia entre el delito organizado y sectores de la policía bonaerense. ¿Los fugitivos estaban protegidos? No se sabe. Por algún motivo que hoy se desconoce los fugitivos presintieron que los estaban “dejando solos” (eufemismo popular de terminar muertos por amigos). Entonces decidieron huir por su cuenta. Eso quizás explicaría que dispararan de manera irreflexiva (¿fueron ellos?) hiriendo a dos policías en un control de ruta a la madrugada. ¿Desconfiaban de sus hasta ayer “amigos”? Muy tarde las autoridades políticas actuales se dieron cuenta de la connivencia de sectores de las fuerzas de seguridad con los prófugos. A tal punto, que le hicieron decir al ministro de seguridad de la provincia que los fugitivos estaban cercados, cuando en realidad se ocultaban en una finca a 50 kilómetros de distancia del supuesto cerco. La regional Quilmes de la policía fue desactivada, tarde. Cabe acotar un detalle extraño; ¿tanto despliegue por tres “gatillos” (sicarios)? Los fugitivos no son líderes narcos ni personajes relevantes. ¿cuál será el valor real de las palabras o silencios de los fugitivos?

Refugio de los fugitivos del que escaparon por muy poco. Foto La Nación.

 Nuevas amistades

A esa altura de los acontecimientos (9 días de fuga), las autoridades políticas desconfiaban de todo y de todos. Un hilo invisible parecía unir a perseguidores y fugitivos, las dos partes desconfiaban de todos y buscaron nuevas amistades. Las autoridades conformaron un Comité de Seguridad que actuaba operativamente con un sector de las fuerzas de seguridad restringiendo información al resto. Por su parte, los fugitivos habrían activado antiguos lazos de negocios entre violentos de las hinchadas de equipos de fútbol. Esas relaciones oscuras les habría permitido llegar hasta la provincia de Santa Fe, a casi mil kilómetros de su Buenos Aires querido. Sin embargo, informes de un sector (otra vez un sector nada más) de los servicios de inteligencia aportaron el dato que los fugitivos estaban en un campo de Santa Fe. Las fuerzas confiables estuvieron a mil metros de los fugitivos que volvieron a escapar. El operativo era secreto, ¿fueron avisados?

 Paranoia y un paseo por el campo

A once días de la fuga todo parecía indicar que las autoridades políticas retomaban el control de las fuerzas de seguridad. Habían desplazado de la investigación a la policía de Buenos Aires, pero desconfiaban con razón de la policía de Santa Fe debido a los lazos comprobados de un sector de esa fuerza con el narcotráfico. Varios jefes fueron procesados por su relación con bandas de narcotráfico. Igual la persecución era patética. Contaban con dos helicópteros, pero los efectivos no tenían señal de telefonía ni modo electrónico de comunicación entre los efectivos. Lo peor, los fugitivos estaban mejor armados que sus perseguidores. Las fuerzas de seguridad andaban a tientas y llegaban tarde a todos lados. Los prófugos se les escurrían de entre las manos y eso acentuaba la paranoia. Con tanto despliegue de fuerzas (casi 500 efectivos), ¿cómo podían seguir escapando una y otra vez tres fugitivos? ¿Estarían recibiendo algún tipo de ayuda?

 La captura imprevista

A los 13 días de la fuga y por un error de manejo cayó Martín Lanatta. La camioneta en la que huían volcó en un camino rural y el prófugo herido habría sido dejado atrás. Pasadas las 10 de la mañana lo detuvieron gracias a la información de un vecino. Es más, al parecer lo detuvo un ex policía junto a un baqueano a caballo. La policía informó que caminaba sólo y sin armas por el campo inundado y no se resistió, ¿se entregó? Quizás, dicen que fue a pedir agua para tomar unas pastillas… ¡en una zona inundada! Poco creíble. Un par de horas después se anunció que capturaron a los otros dos prófugos. Sin embargo, sólo se mostró la foto de Martín Lanatta detenido. A los festejos iniciales le siguió la incertidumbre. Corría la tarde y con estupor se conoció que los otros dos continuaban prófugos. La paranoia crecía de manera exponencial, de entrelíneas de las declaraciones de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, podría extraerse que los fugitivos habrían sido detenidos… y liberados antes que llegaran las fuerzas confiables. ¿Será cierto? Continuará…

Epílogo: durante la mañana del lunes 11 se habría detenido a los dos restantes prófugos. Sin embargo, las sombras respecto a los procedimientos y donde estaban los prófugos continúan. Periodistas del canal TN señalan sus dudas debido a que fueron detenidos muy cerca del lugar en que fuera capturado Martín Lanatta.

Los tres fugitivos de izquierda a derecha: Martín Lanatta (ya detenido), Christian Lanatta y Víctor Schillaci. Foto Perfil.

 

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