Las apariencias engañan: Supuesto exhibicionista es hostigado en transporte público

Un hombre fue hostigado y golpeado en el tren Roca de Buenos Aires. La verdad sería muy diferente. Conozca porque.

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El diario de fuerte tono sensacionalista, Crónica, publicó una nota haciendo referencia a un pasajero del tren suburbano que habría exhibido sus genitales. Acompaña la nota con un vídeo donde se muestra la reacción del pasaje del tren que termina huyendo en la siguiente estación.

 

Un fragmento de la historia

La secuencia del vídeo es tardía y no capta el momento en que supuestamente habría sido descubierto el acusado. Solo detalla el momento en que el acusado es arrinconado contra un lateral del vagón del tren. Algunos pasajeros discuten en voz alta en indescifrable vocerío qué hacer con el acusado. El acusado evidencia estar atemorizado por la turba amenazante que le rodea.

Un joven de remera azul y gorra le propina un golpe de puño en la cabeza, amenazándole: “Yo te mato, te mato”. Una pasajera con voz desapasionada interroga al grupo: “¿Lo van a matar a golpes?”. Otras voces intervienen para pedir que sea bajado en la siguiente estación y entregarlo a la policía.

En tanto, el joven atacante de gorra, continúa asestando espaciados y oportunos golpes de puño al acusado quien intenta apenas esquivarlos. Es el momento en que interviene otra mujer sosteniendo que “habría que cortárselo, no hay que pegarle” culminando con el insulto: “gato de mierda”.

Debe señalarse que el término “gato”, en masculino, en la jerga marginal es sinónimo de inútil, de escaso valor. Es utilizado como insulto para denigrar a otra persona. Cuando el término es utilizado para señalar a una mujer es sinónimo de prostituta.

“…a los violines hay que matarlos”

El tren está llegando a la estación. El acusado se atreve a dar unos pasos en dirección a la puerta.  “¡Bajálo, bajalo!” alienta una voz femenina. La misma voz agrega: “pelado de mierda”, “pedazo de gato”, y un sorprendente epíteto: “pito duro”. Continúan, en tanto, los esporádicos golpes de puño del joven de gorra a la cabeza del hombre.

La misma voz femenina aflautada, y que utiliza la jerga marginal para expresarse profiriendo los insultos más duros, impele ahora al agresor a que es el momento de “romperle la gorra y patealo pa’ fuera, boludo! “Hay que matarlo”, agrega una voz masculina en tono bajo. La voz femenina ya descrita aprovecha para alentar: “¡Hay que matarlo, a los violines hay que matarlos”. Aclaración, en la jerga marginal violín, significa violador.

Vuela otro certero golpe a la cabeza del acusado. Se abren las puertas del tren. El hombre escapa corriendo. Detrás de él su golpeador. Alguien menciona: “me bajo…” y la historia pareciera terminar allí.

La historia bien puede ser muy distinta

Consultamos a personas que comentaron el hecho refiriendo a que la situación fue muy distinta al relato difundido.

En el vídeo se percibe que buena parte de los pasajeros enfocados asiste a los hechos en forma pasiva y con curiosidad. Los golpes los propina un solo agresor y la voz femenina que alienta la agresión e insulta es la misma. Se verifica que son solo dos personas que llevan adelante la agresión. El resto asiste y comenta.

Una persona que expresa conocer al acusado refiere que el mismo se quiso defender de un robo a bordo del tren. Al aparentemente fallar en su intención la mujer de voz aflautada comenzó a gritar que la había acosado. Entonces el acompañante agredió al acusado. Posteriormente se comentó, esto sin confirmación aún, que en la estación robaron al acusado entre tres personas incluido el agresor de remera azul y gorra. Lo habrían estado esperando, suponen.

Los testimonios recogidos sobre el hecho indican que lo sucedido sería una farsa armada para facilitar el delito. Los agresores en el tren son solo dos y diversos testimonios los sindican como posibles malvivientes.

Tácticas y estrategias del delito

Los delincuentes asumen el papel de víctimas para llevar a cabo el delito de manera impune. En la actualidad están utilizando viles acusaciones de violador, motochorro u otras para paralizar a sus víctimas e impedir la intervención de testigos. 

Los punguistas, descuidistas y arrebatadores que operan en los transportes públicos actúan siempre en grupo. La Policía de la Ciudad informa y ha mostrado en vídeos de cámaras de seguridad como se mueven estos grupos delictivos. En general, un integrante produce el arrebato y pasa de inmediato el producto del robo a sus secuaces. Si la policía interviene no tiene nada en su poder que lo incrimine. Otras veces, cuando el robo sale mal, los secuaces intervienen como ofendidos transeúntes que “atrapan” al ladrón y simulan llevarlo a la policía.

El auge que ha tomado la caracterización del hombre como sinónimo de violador le ha aportado al delito una nueva táctica: acusar a la víctima de violador, exhibicionista o acosador. La gravedad de la acusación pública paraliza a la víctima permitiendo llevar a cabo el delito.

Hace tan solo días atrás, también en un tren del transporte público una mujer pateó a un perro herido para que saliera del vagón. Un joven la insultó por agredir al animal y la mujer comenzó a gritar: ¡violador!  Un motociclista fue asaltado por otros dos motociclistas en un semáforo al grito de “motochorro”. Los testigos creían que estaban deteniendo a un ladrón.

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