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Mariana Biró: La sorprendente historia de su “juventud” a los 91 años

La hija del inventor Ladislao Biró, el creador del bolígrafo, luce radiante.

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Mariana Biró, hija del creador del bolígrafo o birome, Ladislao José Biró, tiene actualmente 91 años de edad. Trabaja de lunes a viernes desde las siete y media hasta las 16 horas en el colegio que fundara junto a su esposo en 1966.

Una vida en acción

Entrevistada por Pablo Mascareño, de La Nación, comenta que “me levanto a las seis y media de la mañana y a las siete y media ya estoy instalada en la Escuela Del Sol, porque me gusta estar presente cuando llegan los chicos de séptimo grado, los primeros en entrar, y saludarlos con un ‘buenos días‘”.

Pero su tarea no termina allí, también se ocupa de la dirección de la Fundación Biró y de participar en reuniones sociales: “Por suerte, tengo muchos amigos de todas las edades; no solo los de mi generación que, lamentablemente, van partiendo”. Lo dice sin denotar pena, y fundamenta: “Tengo un círculo interesante de gente”.

Es una ávida lectora de EBooks, dispositivo que le permite regular el tamaño de las letras facilitando la lectura. La natural presbicia le alejó de los diarios en papel y otras publicaciones, aunque no ceja en su pasión: “Me pasaría el día leyendo”.

Al ser consultada sobre su ajetreada rutina que la lleva hasta la medianoche, se disculpa: “Los fines de semana duermo mucho más”, con una sonrisa. Mientras respondía, acompañada del periodista, transitaba incansable por las escaleras del caserón de tres pisos que habita.

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Comer de todo, menos hormigas

“La alimentación no es un tema”, señala. Afirma comer de todo, aunque aclara que “no puede faltar medio pomelo en el desayuno”. “Mi marido me decía que amaba más al pomelo que a él”, rememora. Luego, ante la requisitoria del entrevistador abunda un poco más sobre su alimentación: “No le doy bolilla a la comida, no es un tema para mí. Me gustan todas las comidas, menos las hormigas bañadas en chocolate que vi que ofrecían en Miami y tampoco me interesa probar caracoles. Todo lo demás, bienvenido sea, no tengo pretensiones. Una señora me cocina natural y hace que las verduras tengan sabor”.

Cierra el tema agregando que “alcohol y fumar, jamás”. “Nací en una época sin drogas, así que me perdí todo eso”.

Docente a toda hora

En relación con la docencia, que si bien no está al frente de un aula, está en el día a día de la vida en un colegio, expresa: “Hoy existe la recompensa hacia el chico, que puede ser con premios u objetos comprados. Y también se ve una nociva sobreprotección“. Luego, fundamenta la afirmación sobre la base de su aprendizaje.

“En mi casa nunca hubo sobreprotección. En invierno, la casa se rodeaba de nieve, si yo quería jugar afuera, tenía que ponerme las botas, agarrar la escoba y barrer la nieve para poder salir. Nadie lo hacía por mí, lo tenía que hacer yo, que era la que quería salir a jugar. Ahí aprendí que la vida es maravillosa, pero hay que merecerla. Cada vez que uno tiene un privilegio, también tiene una obligación, eso se los digo a los chicos en la escuela. Por otra parte, mis padres creían en mí y me dejaban hacer, los padres de hoy, en cambio, dicen “pobrecito, lo voy a ayudar” y no le dan al chico una carta de crédito. Nosotros en la Escuela Del Sol pretendemos que el chico llegue a su casa y diga ‘hoy pude’”.

Ante la pregunta de qué espera de un alumno, responde: “Sobre todo, que tenga la confianza que me pueden decir cualquier cosa. Anhelo que, en todas las escuelas, haya inventiva, y que se entienda que no hay dos chicos iguales. Lo importante es respetar esa individualidad, pero también explicarles que nadie sobrevive solo, que se necesita de los demás y que el otro es distinto a uno, pero que esa diversidad no tiene que dividir, sino enriquecer”.

Su padre, el inventor

Su padre fue Ladislao José Biró, el creador del bolígrafo. Escapó de la guerra, era húngaro, junto con su socio Juan Meyne. La primera sílaba de este apellido se sumó a Biró y conformó el difundido “birome”, el bolígrafo que se fabricó por primera vez en Argentina en un garage con 40 operarios.

Mariana afirma: “Los inventores generan trabajo. Lo más importante es la utilidad del invento, pero también que genera muchos puestos laborales; el bolígrafo les dio trabajo a mucha gente”. “La Argentina ganó mucha plata con la birome. La primera patente se registró en 1938 en Hungría, ya que mi padre era de allí; luego hubo muchas patentes suizas y francesas; después mi papá llegó a la Argentina, donde se instaló la primera fábrica. La birome se hizo acá, por eso digo que tiene partida de nacimiento húngara y pasaporte argentino”.

La patente comercial que se difundió es la de 1943. Ya convertido en un invento de dominio público, hoy se venden ocho billones de bolígrafos en el año. “Mi padre, además del bolígrafo, inventó la lapicera retráctil sin capuchón y la máquina para fabricarlas”, agrega, como si fuera poco el legado.

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La placa recordatoria que luce el frente de la casa familiar.

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