Mujeres y hombres que amaron demasiado: La niña y el sacerdote

La breve y decepcionante historia de Camila y Ladislao.

Guía de: Argentina

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Fusilamiento-de-Camila-OGorman y Ladislao Gutiérrez.

 La aséptica historia nos cuenta que la joven Camila O’Gorman, se enamoró del sacerdote Ladislao. Hubiera sido una historia de amor más, pero en 1843 ese amor era considerado impuro, sacrílego e inconveniente políticamente.

En la intensidad de tu mirada

Camila había nacido en Buenos Aires. Como miembro de la alta sociedad de entonces, solía frecuentar las reuniones y fiestas que regularmente ofrecía el gobernador Juan Manuel de Rosas. Fue allí donde surgió su amistad con la hija del gobernador; Manuela Rozas, conocida coloquialmente como Manuelita.

La muy joven Camila (18 años) era considerada un excelente partido, por la posición económica de su familia y su amistad con la hija del entonces todopoderoso gobernador, lo que aseguraba, quizás, influencias políticas. Eduardo, hermano mayor de Camila, era sacerdote jesuita.

Ladislao Gutiérrez (19 años) había nacido en Tucumán, quedó huérfano de niño y fue criado por los jesuitas, que lo hicieron sacerdote muy joven. Su tío, Celedonio Gutiérrez, era entonces gobernador de la provincia y aliado político de Juan Manuel de Rosas.

El joven cura fue enviado a Buenos Aires con una carta de recomendación del gobernador. Poco después fue asignado a la Parroquia Nuestra Señora del Socorro. La iglesia es la que hoy se erige en las calles Juncal y Suipacha del centro de Buenos Aires, pero en aquel entonces el lugar era un páramo apartado de la ciudad rodeado de quintas y sembradíos.

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Parroquia Nuestra Señora del Socorro, en la actualidad.

Fue en esa iglesia que Ladislao conoce a Eduardo, el hermano sacerdote de Camila, quien lo invita a las tertulias en la casa familiar. En esas reuniones, Ladislao conoce a Camila, y ella comenzó a partir de ese momento a frecuentar muy asiduamente la iglesia.

Pasadas unas semanas, al nuevo sacerdote le confían tomar las confesiones de los fieles. Es de imaginar el calvario del joven Ladislao, que tal como luego confesara, el deseo le hacía arder en mil infiernos cuando la joven Camila, arrodillada en el confesionario, contaba sobre sus deseos más íntimos, sus penas y sus pecados. En algún momento el fervor juvenil les unió y mantuvieron una relación clandestina durante casi cuatro años.

Enamorados en fuga

El agobio de la situación y el deseo de vivir su relación libremente les llevó a planear una fuga al Brasil. El 12 de diciembre de 1847 escaparon de Buenos Aires con lo puesto, a caballo, ya no había marcha atrás. Estuvieron unos días en Luján, muy cerca de Buenos Aires, pero las noticias que llegaban de la ciudad les hizo escapar nuevamente.

El padre de Camila, al tanto de lo que había ocurrido, esperó unos días y luego denunció a los prófugos ante el gobernador Rosas: “(…) hallo un consuelo en participarle la desolación en que está sumida toda la familia. (…) pues la herida que este acto ha hecho es mortal para mi desgraciada familia. (…) Así, señor, suplico a V. E. dé orden para que se libren requisitorias a todos los rumbos para precaver que esta infeliz se vea reducida a la desesperación y conociéndose perdida, se precipite en la infamia (…). El individuo es de regular estatura, delgado de cuerpo, color moreno, ojos grandes, pardos y medios saltados, pelo negro y crespo, barba entera, pero corta, de doce a quince días; lleva dos ponchos tejidos (…). La niña es muy alta, ojos negros y blanca, pelo castaño, delgada de cuerpo, tiene un diente de adelante empezado a picar. Buenos Aires a 21 de diciembre de 1847”.

En respuesta, el gobernador Rosas, hace empapelar la ciudad con la descripción de los fugitivos. El escándalo es público y la oposición al gobernador hace astillas de la situación. Entre ellos, Domingo Sarmiento, exiliado en Chile, que a través de El Mercurio golpeaba: “Ha llegado a tal extremo la horrible corrupción de las costumbres bajo la tiranía espantosa del Calígula del Plata, que los impíos y sacrílegos sacerdotes de Buenos Aires huyen con las niñas de la mejor sociedad, sin que el infame sátrapa adopte medida alguna contra esas monstruosas inmoralidades”.

La persecución y final

En Santa Fe, los prófugos alegan haber perdido sus documentos. Se les entrega un pasaporte a nombre de Valentina Desan y Máximo Brandier, dos jóvenes comerciantes. Unas semanas después llegaron a Goya, provincia de Corrientes. Creyéndose seguros, abrieron la primera escuela del lugar. Los maestros, que eran muy queridos en la zona, fueron invitados a una de las tantas festividades populares. Ese día, el 16 de junio de 1848, Ladislao fue reconocido por el cura irlandés Miguel Gannon, quien alertó a las autoridades. La pareja fue detenida.

Luego de ser interrogados por el juez, y reconocer su situación de pareja, aunque no los cargos por violación y otros que les habían endilgado, son enviados engrillados por barco a Rosario. Desde allí, en carretas separadas hasta Santos Lugares, sitio del cuartel general de Rosas, muy cerca de Buenos Aires. Son colocados en calabozos separados, esperando la decisión final, que intuían cuál sería.

Camila se siente mal y el médico de la cárcel informa que estaría embarazada de unas pocas semanas. Se le informa de la situación al gobernador Rosas, quien presionado por el clero y la oposición ordenó igual el inmediato fusilamiento de la pareja.

La sentencia se cumplió el día 18 de agosto de 1848. Los condenados fueron llevados con los ojos vendados y escoltados hasta el patio trasero de la prisión, donde un pelotón de fusilamiento los ejecutó.

Ladislao, al enterarse de que Camila también sería ejecutada pidió papel y lápiz para escribir una nota: Camila mía: Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza tu Gutiérrez”.

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Nota: La tumba de Camila OGorman está en el Cementerio de la Recoleta y cada aniversario algunas personas colocan ofrendas. Una placa recuerda el lugar del fusilamiento en la actual calle Ayacucho, entre La Crujía y Libertad, en la localidad de San Andrés, Buenos Aires. Una antigua fotografía muestra el calabozo donde estuvo Camila.

 

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