Supuestas apariciones de niña fantasma atemorizan a pueblo argentino por más de un siglo

Una historia terrible con más de cien años aterra a una pequeña población del campo bonaerense. Conozca porque los pobladores evitan pasar por el lugar.

Guía de: Argentina

3284719w740

Foto: María Alejandra Fuentes – La Nación.

“Después de la cinco de la tarde, no se te ocurra caminar por la capilla , das un paso en falso y no sabes dónde estás”, advierte el poblador e historiador local, Juan Luján Caputo. “Todos dicen haberla visto, y prefieren no pasar por allí”, concluye.

La estancia Montelen

El periodista Leandro Vesco, recupera para La Nación, a través del relato de Juan Luján Caputo, un trágico episodio ocurrido hace cien años en las solitarias extensiones cercanas a Bragado, pero que aún hace invocar al cielo a los pobladores.

En tierras que alguna vez pertenecieron al caudillo federal, Facundo Quiroga, se creó el casco de una estancia. Mucho antes, en 1872, se sabe que esas tierras fueron compradas por Máximo Fernández, quien denominó a la estancia La Matilde, en honor a su esposa. En 1904 pasa a manos de los Salaberry, quienes le dieron un gran impulso industrial y comercial a su producción. El lugar pasó a llamarse Salaberry, conformándose un pequeño pueblo en derredor del casco.

La bonanza económica de la época para los productores agropecuarios permitía que estos se dieran ciertos lujos y hasta excentricidades tales como la de tener un zoológico privado. “La Matilde llegó a tener una pajarera de cien metros de largo por diez de alto con las aves más exóticas y un zoológico privado con bestias traídas de lejanos países”, atestigua Caputo.

El paisajista francés Carlos Thays diseñó el parque, que incluyó un lago artificial y una pérgola. Varias jaulas exhibían animales. “Lo más raro fue que los Salaberry tenían una osa africana y una polar”, cuenta el historiador. Para la segunda, y con el fin de mantener el improvisado hábitat, tuvieron que montar una fábrica de hielo, que lo producía las 24 horas del día”, agrega.

3284724w740

Foto: María Alejandra Fuentes – La Nación.

La niña de la estancia

Hubo una muerte trágica en la estancia -dice de pronto- Don Juan Luján Caputo. La frase sacude la modorra de la tarde que se apoderaba de Leandro Vesco. “El problema surgió en la jaula de los leones“, afirma, sabiendo de la inquietud que produce en los espíritus sensibles lo que sabe y va a contar.

No hay certeza en cuanto a la edad, sí que se trató de una niña, algunos dicen que fue la hija o la nieta (y que acaso se llamaba Amalia) del cuidador de la jaula y responsable de darle de comer a los leones. Parece que un día se acercó demasiado a la jaula y el león la decapitó.

“Fue una tragedia y se vivió como tal”, asevera Don Caputo. Tal como era habitual en el campo, incluso a principios del siglo pasado, la niña fue enterrada en el predio de la estancia. En 1914 la familia Salaberry hizo construir una iglesia en la estancia. No se sabe si fue en homenaje a la niña, por su profunda fe religiosa, o para conjurar las habladurías sobre una “niña aparecida”. Lo cierto es que la construcción aún resulta imponente a pesar del deterioro de los años.

“Los padres y abuelos de la niña comenzaron a ver el fantasma después de su muerte”, asegura Don Caputo, que le comentó Ernesto Gasparini, un antiguo peón de la estancia con el que recorriera las ruinas. Ernesto, tenía en ese entonces 90 años de edad. “En esa jaula murió la niña”, le señaló en un momento, dice Don Caputo.

El grito que aún resuena 

En tiempos recientes, Federico Benítez, puestero que trabajó en la estancia cuenta un inquietante episodio que le tocó vivir en esas tierras hace muy pocos años. “Era una mañana, temprano, estaba ordeñando una vaca y sentí un grito muy fuerte: ‘¡Papá! ¡Papá!’. Venía del lado donde estaba el monte (la capilla), donde teníamos nuestra casa. No vi a nadie, y seguí ordeñando, pero volví a oír un segundo grito, y esta vez fue desgarrador: ¡Papaaaaá!”, relató.

Dice que ante la certeza que estaba ocurriendo algo malo dejó la tarea y corrió hasta la casa. Encontró a toda su familia que estaba durmiendo. Más tarde, al preguntarles, le aseguraron que jamás lo habían llamado. “Me dejó helado, jamás olvidé ese grito, lo recuerdo hasta el día de hoy”, confiesa.

La aparición en una fotografía

La capilla quedó en estado ruinoso luego de un tornado en 1974. Nadie quiere remover esas piedras, ni siquiera transitar por allí. Salvo la fotógrafa aficionada, María Alejandra Fuentes, quien en 2011 tomó fotografías de las ruinas de la capilla. En una de ellas apareció el rostro de una niña atisbando en una ventana. “Observamos que mi perra estaba atemorizada, que no se movía y se incrustaba entre mis pies, no le dimos importancia en el momento ni tampoco observamos nada raro”, expresó cuando la fotografía se difundió en la zona acrecentando el temor por ese lugar de los pobladores de Bragado.

3284728w740

Foto: María Alejandra Fuentes – La Nación.

 

Más sobre Argentina

Comentarios Deja tu comentario ↓
Ver Comentarios