Ambrose J. Small: El empresario que “tenía el mundo a sus pies” y cuya desaparición tiene muchas dudas no resueltas

Hasta hoy no se sabe del paradero tras múltiples hipótesis de lo ocurrido.

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En el siglo XIX emerge la figura del empresario Ambrose J. Small, un magnate del teatro de Ontario, quien generó millones y era propietario de algunos de los teatros más impresionantes del país. Un gigante del mundo del espectáculo, según informó el sitio web de Ripley’s, el que tuvo “el mundo a sus pies” hasta que despareció misteriosamente.

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En ese contexto, una serie de afirmaciones extrañas, rumores, junto a teorías fantásticas están, hasta hoy, alrededor de Ambrose J. Small y su desaparición. Por otro lado, su origen es bastante particular, puesto que Small nació en Canadá West en febrero de 1866. La familia más tarde se mudó a Toronto, donde su padre, Daniel Small, pasó a administrar el magnífico Grand Hotel. El edificio está justo al lado de la igualmente decadente Grand Opera House, donde Ambrose J. Small comenzó como acomodador a mediados de la década de 1880.

Por lo tanto, desde afuera podía apreciar el estilo de los ricos y famosos de aquel entonces. Al fines de 1880, una disputa entre Small y el gerente de la Grand Opera House, Oliver B. Shepard, terminó con la separación de Small del negocio para aceptar un nuevo trabajo en la Toronto Opera House. De ahí en adelante su esfuerzo rindió dividendos, y ascendió de rango hasta que finalmente se convirtió en gerente.

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Posteriormente, en poco tiempo, increíblemente obtuvo suficientes recursos para pagar la hipoteca de la Grand Opera House lo que le permitió distanciarse totalmente de Shepard.

En los años siguientes, Small se convirtió en el rostro del teatro en la ciudad. Aprovechando una alianza con la potencia teatral de Detroit, Clark J. Whitney, además de su propio conocimiento del negocio y su despiadada perspicacia, pronto controló más de treinta teatros tanto dentro como fuera de Ontario.

Su ascenso fue asombroso y lo convirtió en una fuerza a tener en cuenta, pero su “caída” sería tan inexplicable que desconcierta a los investigadores más de un siglo después.

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“El 1 de diciembre de 1919, Small completó el mayor negocio de su notable carrera. Todas sus posesiones teatrales fueron a Trans-Canada Theatres Ltd., por la gigantesca suma de US$ 2 millones. Se pagó un millón de dólares con cheque, allí mismo. Sin embargo, este trato extraordinario resultaría ser el último que se sabe que ha hecho Small. Al día siguiente, desapareció sin dejar rastro”, señaló el artículo del portal Ripley’s.

El 2 de diciembre, Small y su esposa se iban a reunir con el abogado de este, E.W.M. Flock, para ver detalles del acuerdo. Dejaron su hogar en Rosedale, Toronto, por separado, y se reunieron, con Flock, en la Grand Opera House a primera hora de la tarde. Hasta ahí todo bien. Sin embargo, horas después, el empresario artístico llevó a su esposa al orfanato donde oficiaba como voluntaria, antes de regresar al teatro de la ópera para hablar con su abogado el que sería la última persona conocida en ver al millonario exactamente a las 17:30 hrs.

“Como Ambrose J. Small se ausentaba con frecuencia de casa por diversos asuntos comerciales, no fue hasta dos semanas después que fue oficialmente etiquetado como desaparecido. Por otro lado, su esposa, Theresa Small, emitió una recompensa de 50.000 dólares por encontrar a Small con vida lo que no tuvo efecto en relación a obtener información” .

¿Había alguna razón para sospechar de traiciones? El empresario tenía fama de despiadado, mujeriego, frío y apostador empedernido de grandes sumas no muy querido por la comunidad. Asimismo, le gustaban las carreras de caballos y que se apoyó en su señora, a través de la fábrica de cerveza de su familia, para adquirir la red de teatros.

“Si escuché una vez, escuché una veintena de veces las siniestras palabras: ‘Alguien atrapará a Amby algún día’” dijo el periodista Héctor Charlesworth, que conocía a Small.

Los sospechosos entorno a la misteriosa desparición

Entre los involucrados destacaba Theresa Small, tal vez enfurecida con las travesuras chillonas y la infidelidad de su marido. Las hermanas solteras de Small, Florence y Gertrude, a quienes Small había estado apoyando económicamente después del último matrimonio de su padre y ahora fueron rechazadas por ese dinero, a favor de Theresa. E incluso su abogado quien fue el último en hablar con él.

No obstante, el principal sospechoso era John Doughty, el secretario de Small, que había desaparecido junto con 105.000 dólares en bonos de la caja fuerte del magnate del teatro. Estuvo un año sin ser visto hasta que apareció, un año después, en Oregón y en el juicio dijo que los empleados del teatro estaban descontentos por los bajos sueldos por lo que habían esgrimido la idea de secuestrarlo. Al final, Doughty fue condenado a seis años de prisión.

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“Theresa Small recibió US$ 800 mil del patrimonio de su esposo y una asignación de US$ 30 mil, contra los cuales Florence y Gertrude hicieron sus propias reclamaciones. El fallo de US$ 800 mil fue rápidamente anulado, con una demanda de que la Sra. Small devolviera el dinero hasta que pueda demostrar que tiene un verdadero derecho legal sobre él. Siguieron los juicios, que exigieron que Theresa jurara mediante una declaración jurada que Small había fallecido”, advirtió el mismo artículo mencionado anteriormente.

El 24 de abril de 1924 se llegó a un acuerdo legal entre Theresa, Florence y Gertrude. Theresa se fue con una fortuna de US$ 2 millones y el desconcertante caso todavía la perseguía. “En 1936 surgió otra investigación sobre la desaparición de Ambrose J. Small, junto con una carta en la que supuestamente Theresa confesó el asesinato de su esposo. Sin embargo, era mentira dicha evidencia”, cita el mismo medio.

En 1960 el caso fue cerrado y nunca se encontró el cuerpo del famoso empresario.

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