Dermatillomania: La asombrosa fobia a los pelos

Charlotte Starling tiene una fobia que la impulsa a sacarse los pelos de todo el cuerpo.

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“Utilizo el sacapuntas de mi hija, agujas y cuchillos, cualquier cosa que podría utilizar para pellizcarme con el fin de sacar mis vellos de la piel”, así define Charlotte Starling la grave enfermedad que le aqueja llamada dermatillomania. Un trastorno del control de los impulsos caracterizado por el impulso repetitivo de rascar, pellizcar o excoriar la propia piel, y que suele provocar fuertes lesiones.

Dermatillomania

Foto: Internet

Efectos de la dermatillomania.

El problema de Starling, de 27 años, oriunda de Norwich, se ha vuelto tan grave que ahora está imposibilitada de trabajar o estar sola por lo que su pareja de 36 años, Martin Thompson, ha tenido que dejar su trabajo para cuidar a su novia. “Traté de ocultar las pinzas de la Charlotte pero ella comenzó a usar agujas, alicates y cuchillos para desenterrar los pelos de su piel”, señaló Thompson al medio británico Mail Online.

Todo partió cuando se sacaba el vello de las cejas, pero luego su obsesión se trasladó a otras partes del cuerpo como los pelos en el pecho, los brazos y las piernas. Ella dice que el problema comenzó cuando su hija Louise, a quien tuvo en el inodoro a los 17 años porque sentía dolor de estómago y no sabía que estaba embarazada, empezó la escuela y se encontró en casa todo el día sola.

“Es como una droga y yo soy una adicta. Porque voy a hacer cualquier cosa para encontrar una manera de arrancar los pelos y conseguir esa sensación de alivio”, mencionó Charlotte al medio británico.

Durante años, Starling mantuvo su obsesión en secreto. Escondió sus cicatrices a su pareja al vestirse y lavarse en la oscuridad. Su familia sólo se enteró del problema cuando descubrieron sus cicatrices.

Finalmente, en 2011, Charlotte fue remitida a un psicólogo quien la diagnosticó con la condición relacionada a la Dermatillomania. El tratamiento generalmente consiste en el asesoramiento y la terapia cognitivo-conductual. ‘Mi adicción había llegado a tal punto de gravedad que Martin escondió todas mis pinzas, debido a que encontró más de 20 pares escondidos en maceteros y cajones”, señaló la afectada.

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