Frederick Hoelzel: El científico que comía todo tipo de materiales

Oro, cristal, aserrín, hierro, semillas y algodón son algunas de las cosas que el investigador consumía para sus experimentos.

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Se ha construido un mito urbano respecto de los científicos. Su obsesión respecto de investigar algún fenómeno o invento es su debilidad. Es el caso de Frederick Hoelzel, quien desde joven se obsesionó con indagar más en relación al hígado.

Oro, cristal, aserrín, hierro, semillas y algodón son algunas de las rarezas que el investigador consumía para sus experimentos, según consigna el portal “Mad Science Museum“.

Incluso descubrió la forma de perder peso, dieta consistente en sustituir alimentos por materiales no calóricos como las plumas de ave o el corcho debido a que producían saciedad.

El resultado fueron fuertes diarreas. Sin embargo, a principios del siglo XX, Frederick continuó experimentando en la Universidad de Chicago para entender cómo se comportaba en el sistema digestivo, frente a la ingesta de estos materiales, sumado saber cuánto tiempo demoraba el organismo en procesarlos y expulsarlos. Asimismo, llegó a medir los tiempos de digestión los cuales fluctuaban entre 40 y 80 horas dependiendo de que consumía.

Posteriormente, a mediados de la década de 1930, durante navidad, era el único día del año en que comía alimentos normales y de fácil digestión siendo esta costumbre un “respiro” para su sistema digestivo.

hoelzel

Finalmente, su cuerpo se deterioró y no logró convertirse en profesor, pero sí consiguió ser asistente de fisiología. No obstante, ganó una importante fama y fue una especie de experto en nutrición, a pesar de que su cuerpo pasara por etapas donde se veía esquelético. Los medios le denominaron “la cabra humana”.

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