“La Bestia de Omaha”: Historia del hombre al que le atribuyen 2 mil muertes en desembarco de Normandía

Según consigna un documental, se estima que percutó alrededor de 12 mil cartuchos durante 9 horas de combate.

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El 6 de Junio de 1944, en las playas de Normandía (Francia), para los estrategas militares era la batalla decisiva con el propósito de dar término a la Segunda Guerra Mundial.

Normandía

Playa Omaha, lugar, donde Severloh habría disparado por 9 horas.

Fuerzas aliadas compuestas por estadounidenses, británicos, australianos y canadienses intentaban invadir aquella zona, mientras el ejército alemán trataba de contenerlos. En el sector de Easy Red, donde estaban los alemanes apostados, aparece la figura de un joven alemán de apenas 20 años llamado Heinrich Severloh.

Resulta que aquel soldado sería recordado como uno de los más letales de la Segunda Guerra, puesto que en el primer desembarco de aliados Severloh comenzó a disparar su ametralladora MG 42.

Su accionar partió a las 5:00 a.m y finalizó a las 14:00 p.m de ese día. Según consigna un documental realizado por History Channel, se considera que el joven percutó alrededor de 12 mil cartuchos durante 9 horas de combate.

De esta forma obtuvo el apodo de “La Bestia de Omaha Beach”, término que está relacionado al nombre clave que tenían los estadounidenses para asignar al sector más difícil de la zona de desembarco.

Origen y final de la “Bestia”

El hombre nació un 23 de junio de 1923 en la localidad alemana de Metzingen (actualmente Eldingen). A los 19 años, según consigna un reportaje del Diario ‘El País’, se alistó en el servicio militar y sin un entrenamiento adecuado fue asignado a la 19ª División de Artillería Ligera.

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Heinrich Severloh en sus años de servicio para la Alemania Nazi.

Después fue enviado a Francia, a servir en la 3ª Batería del 321º Regimiento de Artillería.  Posteriormente, fue transferido al frente del Este (Unión Soviética) y al final de la guerra lo destinaron a Normandía en la 352ª División de Infantería.

“Éramos treinta hombres (en la sector alemán), cada uno con un único pensamiento: ‘¿saldríamos vivos de allí?’ Yo no quería estar en esta guerra. Yo no quería estar en Francia. Yo no quería disparar una ametralladora contra jóvenes de mi edad. Pero allí estábamos, debía servir en una guerra que ya se había perdido y obedecer las órdenes de mi teniente”, recordó en una entrevista con el ‘País’.

El veterano, estando de acuerdo o no con lo que ocurría en su país, sabía que debía cumplir las ordenes de su teniente Bernhard Ferking, por quien sentía respeto y admiración.

“No hubo gloria en las playas ese día, solo mucha sangre, gritos y buenos chicos muriendo. No sentía pánico, ni odio, uno hacía lo que tenía que hacer y sabía que ellos, tan cierto como que el infierno existe, te harían lo mismo a ti si tuvieran la oportunidad”, señaló al mismo medio de comunicación.

En la misma entrevista recordó al primer soldado norteamericano que mató, desde su nido de ametralladoras, aquella madrugada.

“Recuerdo el primero en morir, el hombre salió del mar y estaba buscando un sitio donde esconderse. Le apunté al pecho, pero el disparo fue alto y le dio en la frente. Vi su casco de acero rodando hacia la orilla y entonces se desplomó. Sabía que estaba muerto, aún sigo soñando con ese muchacho y me pongo enfermo cuando pienso en él ¿qué podía hacer? ellos o yo, eso era lo único que pensaba”, sostuvo.

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Severloh en sus últimos años de vida.

Mientras el conflicto continuaba sus compañeros de batalla fueron muriendo y el seguía disparando para así mantenerse con vida.

“Al principio los cuerpos estaban a 500 metros, luego a 400, más tarde a 150. Había sangre por todos lados, gritos, muertos y moribundos. El oleaje mecía más cuerpos en la orilla. Al final de la tarde me di cuenta de que era la única persona que aún disparaba. Podía ver a los tanques maniobrando en la playa y sabía que no podría contenerlos yo solo”, relató.

Después de horas combatiendo, en el nido de ametralladora, lograron sobrevivir tres personas, el teniente Frerking, Heinrich y otro soldado quien cargaba las municiones y armas del nido. Arrancaron y ambos compañeros de batalla, de la ‘Bestia de Omaha‘, fueron abatidos a tiros por soldados americanos.

Severloh fue enviado a Estados Unidos como prisionero para trabajar en los campos como recolector de papas y algodón. Un año después fue enviado a Inglaterra para construir carreteras y regresó a Alemania en 1947 por petición de su padre, quien argumentó que sufría una grave enfermedad y su hijo debía hacerse cargo de la familia.

Finalmente, Heinrich Severloh murió en un asilo de ancianos, en el año 2006, a la edad de 83 años.

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