¿Tribus caníbales y seres gigantes? Increíble aventura en plena Segunda Guerra

Una historia extraordinaria que se remonta a unos aviadores de la II Guerra Mundial heridos y perdidos en una misteriosa isla.

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Todo comenzó en la sala de archivos del diario “Chicago Tribune”. Resulta que el escritor y profesor de periodismo, Mitchell Zuckoff, encontró por casualidad una serie de artículos relacionados a un mundo perdido, “vestido” por una exuberante e impenetrable selva, la cual está acompañada supuestamente por tribus carnívoras y seres gigantes.

Una historia extraordinaria que se remonta a unos aviadores de la II Guerra Mundial heridos y perdidos en dicho espacio tan extravagante. No obstante, la historia no quedó en el olvido gracias al libro “Perdidos en Shangri-La”.

caníbales

Según consigna BBC Mundo, en mayo de 1945, un grupo de militares estadounidenses se preparaba para disfrutar de un paseo recreativo en avión. Nueva Guinea Neerlandesa (hoy, las provincias indonesias Papúa y Papúa Occidental, en la isla que queda al norte de Australia). La zona ya no contaba con combates.

“Un año antes de este vuelo, dos aviadores estadounidenses sobrevolaron el lugar y donde el mapa decía que había montañas vieron un valle increíble, habitado por decenas de miles de personas para las cuales la Edad de Piedra nunca había terminado”, señala Zuckoff.

El problema era el aterrizaje. Y el conocimiento del lugar era escaso, salvo por la visita del biólogo, Richard Archbold, quien estuvo investigando la flora y fauna. La falta de conocimiento, por parte de la opinión pública, creó una serie de mitos.

“Se decía que medían más de dos metros, que practicaban sacrificios humanos…”, dijo Zuckoff a BBC Mundo.

En tanto, el 13 de mayo, 24 militares se embarcaron en el avión “The Gremlin Special”. Avión que se estrelló contra una montaña y sólo tres pasajeros sobrevivieron.

“La primera es Margaret Hasting, esta bella cabo del ejército; el segundo es el sargento Kenneth Decker, quien sufrió una herida terrible en la cabeza y quedó amnésico -no recordaba nada del accidente aéreo-. El tercero, teniente John McCollom no tenía muchas heridas físicas, pero sufrió lo que sólo se puede describir como una herida existencial. Su inseparable hermano gemelo estaba en el avión pero murió. Así que cuando salió a la selva, se encontró solo por primera vez en la vida”, afirma Zuckoff.

En ese contexto, McCollom, se dio cuenta de que si se quedaban ahí, se morían. Por lo que se adentraron en busca de un claro en el valle, y McCollom llevó un trozo de lona amarilla para ponerlo en caso que se viera desde el aire. La idea dio resultado, sin embargo, no había forma de rescatarlos salvo por unos experimentados paracaidistas filipinos.

No obstante, antes del rescate, los sobrevivientes tuvieron que enfrentar a los nativos, que nunca habían visto personas blancas, y que no eran gigantes ni tampoco hacían sacrificios humanos. Pero sí practicaban el canibalismo y no les gustaban los extraños.

“Eran guerreros caníbales y según el ritual, si mataban a un enemigo, era común comerse su carne. Varios querían matarlos pero Wimayuk Wandik, el líder de la tribu, les recordó de una leyenda que profetizaba que un día, espíritus o fantasmas de piel clara bajarían del cielo. Así que, en vez de comérselos, decidieron que tenían que ayudarlos y protegerlos”, cuenta Zuckoff.

Finalmente, una inusual unidad del ejército, liderada por C. Earl Walter Jr., un militar estadounidense que creció en Filipinas, junto a paracaidistas filipinos entrenados para aterrizar en lugares como este, los rescató, lo que significó un exitoso salvamento sumado a una gran historia digna de una película de Indiana Jones.

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