Tragedia de Juan Fernández: ¿Qué podemos aprender?

Nada es en vano, ambos Felipes y las restantes víctimas que iban en aquel avión partieron dejando una gran enseñanza.

Guía de: Esoterismo

Dejando un poco de lado el misticismo en torno a la tragedia, no deja de venir a mi memoria todo lo que ocurrió luego del accidente y cómo se mantuvo la esperanza de encontrarlos con vida, el cómo, a pesar que las autoridades nos daban las malas noticias, miles de personas no dejaron de orar por ellos a lo largo de Chile y el mundo. El poder de la Fe dirán algunos; para otros que no se conmovieron, no fue más que una gran “alharaca” de lo que estaba aconteciendo.

Veo a diario como aún se lleva en el corazón principalmente a Felipe Camiroaga, quien traspasó las pantallas y entró en cada hogar, pasando a ser un miembro más de las familias. Muchas abuelitas lo “adoptaron” y también han vivido el duelo y sentido su ausencia. Hay quienes le piden favores y aseguran que él desde el más allá acude a su llamado otorgando “posibles milagros”.

Juan Fernández

Foto: Carla Pinilla

Felipe Camiroaga, luego de la tragedia de Juan Fernández, traspasó las pantallas y entró en cada hogar.

Hace poco escribí sobre el destino y me pregunto, ¿será realmente que el destino de quienes viajaban en ese avión estaba ya escrito? ¿o no fue más que un error que no debía ocurrir y que truncó tantas vidas? Sin embargo, y curiosamente, siempre quedará en el recuerdo de muchos cómo hubo señales previas que nadie comprendió hasta aquel día.

Felipe Camiroaga, estaba en lo que él mismo llamó el punto “culmine” de su vida, había logrado todo y sólo le faltaba su mayor realización personal, el tener su propia familia. Estaba a punto de alcanzarlo, tenía a su pareja y según se comenta, estaba en trámites de adoptar a una pequeña niña haitiana. Pero todo se derrumbó con su partida… partida que para muchos fue repentina, pero no para algunos como su padre Jorge Camiroaga, quien en una entrevista para “sábado de El Mercurio” contó cómo él sentía que su hijo moriría joven y entonces, también pienso en el dolor de ese padre y cómo se mantuvo durante tanto tiempo con ese presentimiento y dolor silencioso hasta que la vida le demostró que no estaba equivocado.

El dolor no terminará aún para las familias, amigos y para los chilenos, todos viven el duelo a su manera y muchos aún se preguntan: ¿Por qué?, nadie tendrá jamás la respuesta, solo Dios sabe si era parte del destino de cada uno dejar su vida en aquel accidente.

¿Qué debemos aprender?

Los elogios para Felipe Camiroaga han sobrepasado lo imaginable, dejando ver después de su muerte el lado humano, personal y solidario que trató de mantener oculto; sin embargo, luego de todo lo acontecido con su partida, no puedo dejar de hacerme una pregunta: ¿Qué debemos aprender de todo esto? ¿Será que el universo se está encargando de estremecer nuestros corazones por alguna razón específica?

Luego de la tragedia siento que nada es en vano y que ambos Felipes y las restantes víctimas que iban en aquel avión partieron dejando una gran enseñanza; ellos no solamente tenían una misión solidaria que cumplir y que muy pocos en el país no descubrieron hasta ese 2 de septiembre de 2011, sino que ellos habían logrado llevar sus vidas como soñaron, independiente del ideal que cada uno perseguía; lucharon por sus ilusiones, anhelos y por sobre todo, vivieron intensamente a pesar de las críticas que podían recibir.

Entonces es cuando una persona común y corriente se pregunta si hizo lo suficiente, si ha logrado alcanzar la cima de sus sueños y si ya tiene un pequeño legado para dejar a sus cercanos cuando deba emprender su propio viaje.

“Del aire soy, como todo mortal, del gran vuelo terrible y estoy aquí de paso a las estrellas”

Felipe Camiroaga en su Twitter @halconmatinal el 7 de julio de 2011.

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