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¿Cómo aprovecha Chile las aguas caídas para enfrentar los tiempos de escasez?

Una revisión a los embalses existentes, la forma en que se utilizan las aguas de lluvia, la infraestructura actual y la que falta.

A raíz de las últimas lluvias caídas en el país, surgieron una serie de opiniones respecto de si Chile utiliza en forma adecuada las aguas provenientes de las lluvias, o si estas sólo se desperdician. En los últimos tres años (2020, 2021 y 2022), el promedio de lluvias no ha superado los 390 mm, una cifra mucho menor que los 585 mm de 1998 y 872 mm de 1997.

“El cambio climático nos está golpeando ahora, llevamos una sequía que ya dura 16 años, en la que se han reducido los mantos nivales y en donde nos hemos salvado por el uso de aguas subterráneas. Este temporal no significa el fin de la escasez hídrica. Si bien contribuye a la recarga de los acuíferos, como llovió con una isoterma alta, nos complica seriamente por la falta de nieve”, expresa José Luis Arumí, investigador principal del Centro Fondap de Recursos Hídricos para la Agricultura y la Minería (CRHIAM), y director del Departamento de Recursos Hídricos de la Universidad de Concepción.

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Desde el Ministerio del Medioambiente explican que la sequía se define como el déficit de agua lluvia en comparación a las condiciones normales o históricas, e indican que no es correcto hablar de utilización de aguas lluvias como un instrumento para la sequía.

Ante esto, señalan desde la cartera ministerial que Chile cuenta con obras que permiten la acumulación de agua para periodos de escasez como, por ejemplo, embalses -ya sea para riego, agua potable, generación de energía o de uso múltiple-, tranques y estanques de acumulación de agua, recarga de acuíferos, atrapanieblas, entre otros.

“Dadas las características geográficas del país, la mejor estrategia para la acumulación de agua dependerá de las condiciones específicas de una cuenca y, entre ellas, cada vez es de más interés la infraestructura verde, como las barreras vegetales en zonas costeras. La infraestructura verde permite la acumulación de agua a través de sistemas naturales que, además, posibilitan restaurar o recuperar ecosistemas”, aseveran desde el ministerio.

La Dirección General de Aguas, perteneciente al Ministerio de Obras Públicas, monitorea 25 embalses en nueve regiones del país, de los cuales el 12% son para agua potable, 64% para riego, 16% para generación y el 8% de ellos es mixto (generación y riego).

Según las cifras del último Informe Hidrometeorológico Semanal de la DGA, para el 27 de junio del presente año hay almacenados 5.466 millones de m3 de agua y en la misma fecha del año pasado había 4.092 millones de m3, por lo que el volumen almacenado ahora es mayor en un 34% respecto a junio de 2022. Sin embargo, el promedio histórico mensual es de 5.619 millones de m3. Asimismo, hay 8 embalses cuyo volumen actual es menor a 20% respecto a su capacidad.

“Existen diferentes embalses desarrollados, existe un plan de embalses y propuesta para el desarrollo de nuevos sistemas. Sin embargo, generan externalidades negativas sociales y ambientales por lo que su tramitación es lenta y de alto costo. Es relevante estudiar el uso de nuevos sistemas de almacenamiento que no impacten negativamente cortando, desviando ríos e inundando valles, generando efectos negativos aguas abajo. Nuevos sistemas de almacenamiento pueden ser Soluciones basadas en la Naturaleza como la recarga de acuíferos, que son sistemas naturales que ya están y hemos sobreexplotado”, manifiesta Ulrike Broschek, Directora de Escenarios Hídricos 2030 y subgerente de Sustentabilidad en Fundación Chile.

La forma en que se utilizan las aguas en Chile

José Luis Arumí, explica que a lo largo de Chile existen dos tipos principales de sistemas de precipitaciones:

• En el Norte Grande predomina el Invierno Altiplánico, con lluvias provenientes del Océano Atlántico, concentradas entre los meses de diciembre a marzo.
• Desde el Norte Chico al Sur, las precipitaciones provienen del Océano Pacífico, a través de los sistemas frontales cuyo ingreso es controlado por el Anticiclón del Pacífico.

Según el experto, las aguas de lluvia se concentran durante los meses de invierno, pero la demanda se concentra en los meses de verano. Por esa razón, argumenta que las aguas de lluvia no se usan directamente, sino que se usan cuando son almacenadas.

“Para el uso de agua necesitamos de sistemas de almacenamiento y la naturaleza nos entrega importantes sistemas. El agua de lluvia que infiltra es almacenada en el suelo y posteriormente es usada por las plantas y árboles para desarrollarse en un proceso que llamamos evapotranspiración. Este es el uso directo que hace el bosque nativo, las plantaciones forestales y la agricultura del secano (agricultura sin riego)”, afirma el investigador.

En esa línea, Arumí asegura que parte del agua de lluvia se infiltra más profundamente y recarga los acuíferos para su posterior uso, por ejemplo, a través de los pozos, que abastecen de agua potable al 60% de la población chilena. Y agrega que lo más importante es el agua que cae en forma de nieve, que se almacena en la cordillera y alimenta a los ríos durante el verano, manteniendo el abastecimiento de agua potable, la agricultura de riego y los ecosistemas durante el seco período de verano.

Carlos Díez, presidente de la junta de vigilancia del Río Maule y director de la Federación de Juntas de Vigilancia del Río Maule, indica que la cuenca de dicho río es la más grande del país, con más de 250.000 hectáreas bajo cuota de riego y hay más de 13.000 accionistas, de los cuales, el 76% son pequeños agricultores que tienen de 0,5 a 12 hectáreas.

El especialista indica que la cuenca principal solo tiene un embalse de riego de cabecera, la Laguna del Maule, con una capacidad de 1.500 Hm3 (hectómetros cúbicos). Y asegura que desde el 2010 no es posible llenarlo, por la falta de nieve y malos afluentes.

Lo que queda pendiente y lo que se espera

Broschek sostiene que se debe desarrollar una política hídrica con mirada a futuro, métricas e indicadores claros, que contribuya a la resiliencia ante el cambio climático. También, enfatiza en que se debe avanzar con un adecuado ordenamiento territorial, sumando los factores de eventos extremos como sequía y aluviones, y considerando a las cuencas hidrográficas como las unidades base de gestión hídrica territorial.

Además, la también subgerente de Sustentabilidad en Fundación Chile destaca que se deben enfocar recursos para implementar “Soluciones Basadas en la Naturaleza” con sentido de urgencia, estudiando cada territorio para su efectiva localización e implementación.

“Las cifras indican que, en el largo plazo, Chile será un país más seco en términos anuales, pero con la ocurrencia de unos pocos eventos de lluvias muy extremos, como el que ocurrió este fin de semana. Decir que el agua lluvia ‘no se usa’ es un error, pues el agua lluvia es la que recarga los acuíferos o aguas subterráneas, y es el agua que entrega los nutrientes necesarios para sostener los ecosistemas marinos en las desembocaduras de las cuencas”, añaden desde el Ministerio del Medio Ambiente.

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