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Poderío del Primer Comando de la Capital: La presencia de este grupo brasileño en Chile y sus alcances

Una de las bandas más grandes de América Latina ya está en Chile. Expertos detallan sus alcances y nivel de peligrosidad.

Día a día el crimen organizado avanza en el país y ya no solo se trata de la presencia de bandas nacionales, sino de la consolidación de orgánicas transnacionales: El Tren de Aragua, Los Pulpos y ahora, el Primer Comando de la Capital (PCC). Así lo pudo constatar una investigación de reportajes de T13, donde afirman que existe evidencia de la presencia de la banda brasileña en el país.

Jaime Abedrapo, académico de la Universidad San Sebastián, ex subdirector de la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos (ANEPE) y ex asesor de la comandancia en jefe del ejército, detalla que el PCC es una de las bandas criminales más grandes de Latinoamérica y “ha conseguido reclutar en estimaciones más de 30.000 miembros, eso dicen distintas fuentes. Básicamente, van reclutando personas en distintas partes, dándole una suerte de capacidad operativa en diversos países con el auspicio, aval y apoyo logístico que hace esta suerte de empresa dedicada al crimen organizado tanto a la venta de drogas como el tráfico de armas y todo lo que puede ir concadenado con ello”.

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De acuerdo a InSight Crime, una fundación dedicada al estudio de la seguridad nacional y ciudadana en Latinoamérica y el Caribe, el PCC surgió en São Paulo, Brasil, en la década de los noventa y es considerada la organización criminal más grande y mejor organizada de Brasil, sus alcances son tan grandes, que han expandido sus operaciones en países de Europa y Asia.
Abedrapo explica que esta banda criminal es muy influyente y relevante en el crimen organizado, particularmente hacia Europa y África, “y está extendiéndose de manera importante para la región de América Latina, ya hay bastante evidencia, ha sido pública, ya hay informes de la inteligencia de Brasil que han llegado al país que revelan que ya tienen contactos con personas en Chile que, incluso, estarían trabajando para esa organización criminal”. Asimismo, menciona que la forma de conseguir adeptos se da mayormente en las cárceles del país.

La forma de operar y el nivel de peligrosidad

Pablo Galain, investigador y docente de derecho penal y criminología de la Universidad Andrés Bello, explica que del PCC “no se sabe mucho de la presencia en Chile, (sin embargo), ellos controlan las cárceles en los países vecinos de Brasil, pero ya pueden haber hecho alianzas con grupos criminales locales”.

El académico detalla que este tipo de organización criminal nació como “grupos de presión para lograr mejores condiciones de reclutamiento en las cárceles de Brasil. En su origen se encuentra una “reivindicación” por los derechos de los privados de libertad, esto es, un reclamo en favor de los derechos humanos de los privados de libertad. Ahora bien, una vez que la organización fue creciendo en cantidad de miembros y que la pertenencia brindaba determinada protección dentro y fuera de la cárcel, los aportes de dinero de los propios miembros y de sus familiares comenzaron a mover un negocio gigantesco que se alimentaba de los propios presos que crea el sistema de administración de justicia”.

Por otro lado, señala que “el poder de estas organizaciones está aún muy arraigado con el control que tienen sobre la inmensidad de personas que diariamente son enviadas a la cárcel en los países de nuestra región. La peligrosidad que tienen estas organizaciones y su capacidad de poner en jaque al propio Estado de derecho, debería obligarnos a repensar nuestras estrategias políticas criminales en relación con todos los delitos y a la forma en que el sistema reacciona por medio del sistema penal”.

Según Galain el PCC controla la zona atlántica del continente y sus actividades están relacionadas con el tráfico de droga y armas en países vecinos como Bolivia y Paraguay, además de poseer conexiones con Europa y Asia.

¿Y Chile?

Pía Greene, experta del Centro de Estudios en Seguridad Pública y Crimen Organizado de la Universidad San Sebastián, asevera que no es una sorpresa la llegada del PCC a Chile, pero, sin embargo, es “una pésima señal que sigan entrando estas organizaciones e implica que nosotros no hemos sido capaces, no solamente de detectarlas, sino de parar que entren (…) ni siquiera estamos siendo capaces de parar la transnacionalidad a través de nuestras fronteras”.

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