Inicio » Facts » Equipo

Megaincendios dejan consecuencias ecológicas y duros desafíos de recuperación a la fauna silvestre

El avance del fuego en distintos puntos del país no solo arrasa con miles de hectáreas, sino que provoca un daño profundo y persistente en la fauna silvestre y los suelos.

El avance de los megaincendios forestales en la zona centro-sur del país no solo ha dejado una estela de destrucción sobre viviendas, infraestructura y vidas humanas, sino que también está provocando un daño profundo y, en muchos casos, irreversible en la fauna silvestre y los ecosistemas. Mientras las llamas continúan activas en regiones como Ñuble, Biobío y La Araucanía, los centros de rehabilitación de animales advierten que el impacto sobre la biodiversidad recién comienza a dimensionarse.

Según el último balance del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), a las 22:30 horas se mantenía la alerta roja para las regiones de Ñuble, Biobío y La Araucanía, además de la comuna de Mostazal, en la Región de O’Higgins. En total, se registraban 25 incendios en combate, con los focos más extensos concentrados en Ñuble, donde más de 7.000 hectáreas han sido consumidas, y en Biobío, región que supera las 26.000 hectáreas afectadas.

De acuerdo con las cifras oficiales de la Corporación Nacional Forestal (CONAF), más de 25 mil hectáreas han sido devastadas en los últimos días solo en Biobío y Ñuble. En esas superficies no solo existían plantaciones forestales, sino también bosques nativos, corredores biológicos y ecosistemas completos que albergaban a mamíferos, aves, reptiles, insectos y microorganismos esenciales para el equilibrio ambiental.

Daño directo a la fauna

La doctora Carolina Sánchez, encargada de la Unidad de Rehabilitación de Fauna Silvestre de la Universidad Andrés Bello, advierte que el impacto de los megaincendios sobre la fauna es múltiple y severo. “La principal consecuencia es la destrucción del hábitat, de las fuentes de alimento y refugio, junto con un daño directo asociado a mortalidades y ejemplares heridos por el humo y las llamas”, explica. A ello se suma un efecto a largo plazo: los animales que sobreviven se ven forzados a desplazarse hacia otras áreas, muchas veces cercanas a zonas urbanas.

megaincendios-consecuencia-ecologicas-1

Los centros de rehabilitación ya han comenzado a recibir animales lesionados, entre ellos pudúes, aves rapaces y pequeños mamíferos. Las lesiones más frecuentes, detalla Sánchez, son quemaduras de tercer grado, úlceras corneales, daño respiratorio por inhalación de humo, edema pulmonar e incluso cuadros de asfixia por falta de oxígeno. “La tasa de recuperación es muy baja, entre un 10% y un 20%. Muchos animales llegan con más del 50% de su cuerpo quemado, lo que implica un pronóstico vital muy malo, pese a todos los esfuerzos profesionales”, señala.

El estrés extremo también juega un rol clave. A diferencia de los animales domésticos, la fauna silvestre no tolera bien la manipulación humana ni los entornos clínicos, lo que reduce aún más las probabilidades de sobrevivencia.

Años anteriores

Según cifras oficiales del Servicio Agrícola Ganadero (SAG), los megaincendios que afectaron al país en febrero de 2023, dejaron al menos 88 animales silvestres lesionados entre las regiones del Maule y Los Ríos, mientras que el impacto en la ganadería y animales de trabajo superó los 4.500 ejemplares, de acuerdo con registros del Indap. Pudúes, aves y otros mamíferos nativos forman parte de los casos atendidos en ese momento.

Ecosistemas y suelos

El impacto de los megaincendios no se limita a la fauna visible. El doctor Pablo Cornejo, investigador del Centro de Estudios Avanzados en Fruticultura (CEAF), subraya que los incendios forestales en Chile se han transformado en un problema estructural y crónico, agravado por el cambio climático. “En regiones como Ñuble, Biobío y La Araucanía, donde ya existía una condición de erosión previa, el fuego elimina la cobertura vegetal, destruye la materia orgánica del suelo y afecta gravemente la biodiversidad, incluyendo microorganismos esenciales para su funcionamiento”, explica.

Esta degradación reduce la capacidad del suelo para infiltrar y retener agua, favoreciendo la escorrentía superficial y acelerando procesos erosivos intensos tras las lluvias. El resultado, señala Cornejo, es una espiral de deterioro que puede tardar décadas en revertirse, afectando no solo a los ecosistemas, sino también a la producción agrícola, forestal y al bienestar de las comunidades locales.

La recuperación de los suelos, advierte el investigador, es lenta y altamente variable. Dependiendo de la intensidad del fuego y las características del terreno, puede tardar años o incluso décadas. “Con el escenario climático actual, confiar solo en la recuperación natural es impensable. Se requieren políticas públicas que aborden esta crisis desde una perspectiva preventiva y de largo plazo”, sostiene.

¿Protocolos suficientes o reacción tardía?

Si bien Chile ha mejorado su capacidad de respuesta frente a emergencias desde los megaincendios de 2017, el enfoque sigue siendo mayoritariamente reactivo. Así lo reconoce Sánchez, quien afirma que hoy existen protocolos más eficientes para el manejo de fauna afectada, pero que la prevención continúa siendo la gran deuda. “Las leyes existen, pero la fiscalización en esta época no es suficiente, y muchas veces hay intencionalidad humana detrás de estos siniestros”, apunta.

Una visión similar plantea Carlos Rivas, jefe de Medio Ambiente de la Asociación Parque Cordillera, entidad que recientemente se vio afectada por un incendio que arrasó con más de 1.000 hectáreas en los parques San Carlos de Apoquindo y La Plaza Sur, en la zona precordillerana de Santiago.

“No se disponen de protocolos suficientes para atender contingencias de esta magnitud. Institucionalmente los organismos que pueden colaborar con la atención y recuperación de la fauna afectada como el SAG o centros de recuperación, muchas veces no cuentan con la capacidad operativa para atender una demanda alta”, afirma.

Desafíos de recuperación y restauración

La restauración de hábitats dañados por incendios va mucho más allá de reforestar. Implica recuperar funciones ecológicas, restablecer la biodiversidad y reducir la vulnerabilidad futura frente a nuevos eventos extremos. Para Cornejo, uno de los principales desafíos es comprender que el suelo es un recurso estratégico y que su recuperación requiere continuidad en las políticas públicas, conocimiento científico aplicado y trabajo coordinado con las comunidades.

Desde Parque Cordillera, Rivas enfatiza que la educación ambiental es clave. “La mayoría de los incendios en Chile tiene origen antrópico, por lo que el trabajo en el que se debe profundizar es promover y fomentar la educación ambiental”, sostiene.

Más sobre Facts