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Encerronas en Chile: Menos casos, pero más violencia y bandas más jóvenes detrás del delito

Aunque el robo violento de vehículos cayó 28% en 2025, el fenómeno mantiene altos niveles de violencia: El 54% de los imputados tiene menos de 22 años.

La muerte de un niño de 12 años tras ser arrastrado durante una encerrona en San Bernardo volvió a instalar una de las expresiones más violentas del robo de vehículos en Chile. El hecho ocurrió cerca de la 01:00 de la madrugada en calle Catemito con la caletera de la Ruta 5 Sur, cuando una banda integrada preliminarmente por cerca de seis sujetos interceptó el automóvil en el que viajaban el menor, su padre y una tía rumbo a su domicilio en Puente Alto.

De acuerdo con los antecedentes conocidos hasta ahora, los delincuentes intimidaron a las víctimas utilizando armas cortopunzantes y obligaron a los ocupantes a descender del vehículo. En medio de la huida, los atacantes supuestamente no advirtieron que el niño permanecía atrapado por el cinturón de seguridad y fue arrastrado durante varios kilómetros. Posteriormente, al percatarse de la situación, abandonaron tanto el vehículo sustraído como el automóvil en el que se movilizaban en la intersección de Portales con Leonardo da Vinci, para luego escapar a pie.

El caso volvió a centrar la discusión sobre el nivel de violencia asociado a las encerronas y sobre cómo ha evolucionado este delito en el país durante los últimos años. Si bien las cifras muestran una disminución en la cantidad de casos, especialistas sostienen que la transformación en la forma de operar y el nivel de agresividad obligan a observar el fenómeno más allá de los números.

La División de Estudios, Evaluación, Control y Desarrollo de la Gestión (DIVEST) de la Fiscalía Nacional publicó en marzo el Informe de Robo Violento de Vehículos, correspondiente al reporte N°5 sobre fenómenos criminales. Por primera vez, el análisis incorporó inteligencia artificial para revisar masivamente relatos policiales del Sistema de Apoyo a Fiscales (SAF).

El estudio examinó el período entre 2020 y 2025, considerando un total de 89.179 casos de robo violento de vehículos. Los datos muestran que el delito alcanzó su punto más alto en 2022 con 17.874 casos, mientras que en 2025 registró su nivel más bajo con 11.043 denuncias, equivalente a una disminución de 28% respecto de 2024.

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Entre las comunas más afectadas aparecen Maipú, Puente Alto y San Bernardo, territorios donde este tipo de delitos mantiene una alta concentración. Otro dato relevante del informe es que el 54% de los imputados tiene menos de 22 años.

Sin embargo, los especialistas advierten que la reducción estadística no necesariamente representa una disminución del riesgo. Luis Toledo, director del Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado de la Universidad San Sebastián, sostiene que el análisis debe considerar no sólo la cantidad de hechos registrados, sino también la forma en que estos se están desarrollando.

“Lo primero es distinguir entre la cifra y la violencia del fenómeno. Es efectivo que los robos violentos de vehículos muestran una baja relevante durante 2025, pero eso no significa que el problema esté controlado. Lo que vemos es una transformación cualitativa: bandas más jóvenes, más impulsivas, con mayor disposición al uso de armas y con una lógica de actuación grupal, rápida y serial”, dice Toledo.

De robo de autos a cadenas criminales más complejas

El especialista explica que actualmente las encerronas ya no corresponden únicamente al robo de un vehículo como fin en sí mismo. “Las encerronas dejaron de ser sólo un robo de vehículo. Muchas veces son parte de una cadena criminal: se roba un auto para cometer otros delitos, para abastecer mercados de reducción, para desarme, clonación, reventa o para realizar nuevos robos durante la misma noche. Cuando aparece el ‘tour delictual’, ya no estamos frente a un hecho aislado, sino frente a una dinámica organizada, aunque sea con estructuras flexibles y no siempre jerárquicas”.
Esta evolución ha modificado también el perfil de las víctimas y los lugares donde ocurren estos hechos. Toledo agrega que anteriormente este tipo de delitos se vinculaba principalmente al portonazo en sectores residenciales y a vehículos de alto valor económico. Hoy, afirma, el escenario cambió.

“También ha cambiado el perfil de las víctimas. Antes se asociaba más al portonazo en sectores residenciales y al vehículo de alto valor. Hoy cualquier familia puede quedar expuesta en una autopista, una caletera, una bomba de bencina, un acceso vial o un error de ruta. Eso produce un impacto muy fuerte en la percepción de seguridad, porque instala la idea de que una actividad cotidiana puede terminar en un hecho extremo”.

Menores involucrados y cambios en el comportamiento del delito

Pedro Valdivia, consultor en seguridad y coronel (R) de Carabineros, señala que este fenómeno comenzó a ganar visibilidad durante la pandemia y que posteriormente dejó de concentrarse exclusivamente en determinados segmentos sociales.

Según explica, inicialmente las encerronas estaban asociadas a zonas específicas y a vehículos de alta gama, pero posteriormente comenzaron a extenderse hacia sectores más populares y a todo tipo de automóviles que pudieran generar utilidad económica para las bandas. Valdivia sostiene que uno de los cambios más notorios ha sido la disminución de la edad de quienes participan en estos delitos y el uso recurrente de menores dentro de estructuras criminales.

A su juicio, actualmente el delito presenta una lógica más flexible, vinculada al crimen organizado y orientada no sólo al robo inmediato sino también a la comercialización posterior, la clonación y otros mercados asociados.

¿Cómo reaccionar y cuáles son los desafíos?

Respecto de las recomendaciones para enfrentar una encerrona, Toledo plantea que las orientaciones deben ser realistas y centradas en resguardar la integridad física. “Las recomendaciones a las víctimas deben ser muy realistas: no resistirse, no discutir, no intentar recuperar especies, mantener las manos visibles, bajar lentamente si es posible y priorizar siempre la vida”. No obstante, enfatiza que la prevención no puede recaer exclusivamente sobre quienes sufren estos hechos.

“La respuesta estructural tiene que estar en inteligencia policial, análisis de puntos críticos, persecución de bandas, investigación patrimonial del mercado de vehículos robados, control de armas y trazabilidad de autopartes”, plantea el especialista.

En esa línea, el académico sostiene que las medidas aplicadas hasta ahora han tenido resultados parciales. “Hay bajas en las cifras, pero todavía falta pasar de una estrategia reactiva a una estrategia de desarticulación de mercados criminales. No basta detener al ejecutor de la encerrona, sin llegar al reducidor, al desarmador, al financista, al que encarga vehículos y al que usa esos autos para otros delitos”.

Desde el Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado agregan que enfrentar este fenómeno requiere investigación patrimonial obligatoria, uso de evidencia de contexto organizacional, interoperabilidad de información, análisis territorial e indicadores periódicos que permitan evaluar qué medidas generan resultados concretos.

Para Valdivia, el desafío de fondo continúa estando en una política preventiva de largo plazo. A su juicio, reforzar únicamente la capacidad policial no será suficiente si no se fortalecen los procesos de prevención social, educación y formación temprana. En ese escenario, el objetivo no sólo pasa por reducir el número de encerronas, sino también por disminuir su capacidad de producir violencia, temor y expansión de mercados delictivos asociados.

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