¿Por qué se inundan las calles de Santiago tras las lluvias intensas? Los factores que explican el problema
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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Después de una mañana soleada, las intensas precipitaciones registradas en la Región Metropolitana durante la tarde del martes provocaron calles anegadas, pasos bajo nivel inundados y complicaciones en el Metro, además de afectar viviendas, comercios y centros de salud. Aunque la tormenta eléctrica había sido pronosticada con varios días de anticipación, la intensidad de las lluvias y los granizos que comenzaron cerca de las 16:00 horas sorprendieron a quienes transitaban por Santiago.
Por ejemplo, en apenas una hora, la estación Quinta Normal de la Dirección Meteorológica de Chile registró 12,5 milímetros de lluvia, mientras que en La Reina se acumularon 20,4 milímetros durante el mismo período. ¿Por qué algunas zonas se inundan más que otras y qué medidas pueden reducir estos episodios? Especialistas identifican los factores que permiten comprender el problema.
La geografía y las características de cada sector
Américo Ibarra, director del Observatorio de Políticas Públicas del Territorio (OPPT) de la Universidad de Santiago, explica que las inundaciones no afectan de manera uniforme a la ciudad, ya que dependen de la topografía, la densidad urbana y la capacidad de los sistemas de drenaje de aguas lluvias.
Las zonas bajas o cercanas a quebradas reciben una mayor acumulación de agua, mientras que los sectores con calles pavimentadas y grandes superficies de cemento reducen la infiltración y aumentan la escorrentía (agua de lluvias que circula sobre la superficie, al superar la capacidad de absorción del suelo). A esto se suman las pendientes desfavorables y la falta de infraestructura para evacuar las precipitaciones.
Macarena Labranque, coordinadora del Centro de Innovación en Ciudades (CIC) de la Universidad del Desarrollo, agrega que también influyen la intensidad y duración de las lluvias, la saturación previa del suelo y la intervención de humedales y otras áreas permeables, que ayudan a almacenar agua y amortiguar las crecidas.
La capacidad del drenaje y la basura
La infraestructura de evacuación constituye otro elemento determinante. Según los especialistas, cuando el volumen de agua supera la capacidad de las redes de aguas lluvias, esta comienza a acumularse o a circular por las calles.
Labranque aclara que el alcantarillado de aguas servidas y la red de aguas lluvias cumplen funciones diferentes. Mientras el primero transporta el agua utilizada en viviendas y otras instalaciones, la segunda recolecta las precipitaciones mediante sumideros. Por eso, la capacidad de esta última resulta fundamental para evitar anegamientos.
La basura, las hojas y los sedimentos también pueden obstruir sumideros y colectores, disminuyendo la capacidad efectiva del sistema. Para Ibarra, la combinación de infraestructura limitada y una gestión deficiente de los residuos agrava las inundaciones en ciudades densamente urbanizadas como Santiago.
La planificación urbana y la responsabilidad de las autoridades
La forma en que se construye la ciudad puede aumentar la exposición a las inundaciones. La pavimentación, la ocupación de terrenos vulnerables y la pérdida de áreas de absorción reducen los espacios disponibles para que el agua se infiltre o se acumule temporalmente.
En ese contexto, Ibarra sostiene que las autoridades municipales, regionales y el Gobierno central deben mantener y limpiar periódicamente los sistemas de drenaje, coordinar obras de ampliación y asegurar que los colectores puedan responder a precipitaciones intensas. También les corresponde fiscalizar proyectos inmobiliarios para que incorporen medidas de mitigación y no sobrecarguen la infraestructura existente.
Labranque precisa que la Ley 19.525 distribuye responsabilidades entre distintas instituciones: el Ministerio de Obras Públicas, mediante la Dirección de Obras Hidráulicas, está a cargo de la red primaria de aguas lluvias, mientras que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, a través del SERVIU, se encarga de la red secundaria. Los municipios, por su parte, cumplen un papel en el aseo del espacio público, la identificación de puntos críticos y la coordinación territorial.
Las medidas para prevenir nuevos anegamientos
La prevención requiere tanto acciones inmediatas como cambios en la planificación urbana. Ibarra plantea que los municipios pueden reforzar la limpieza de sumideros antes de las temporadas de lluvia, invertir en colectores de mayor capacidad y promover parques y superficies permeables que faciliten la absorción del agua.
Labranque agrega que es necesario identificar los sectores donde se acumula agua de manera recurrente, inspeccionar la infraestructura y preparar protocolos de emergencia, rutas de evacuación e información para la comunidad. A largo plazo, también resulta importante proteger cauces, humedales y áreas verdes.
Los vecinos pueden contribuir revisando las canaletas y los desagües de sus viviendas, evitando arrojar basura en la vía pública y reportando al municipio los sumideros obstruidos. Además, es recomendable conocer los riesgos del sector, mantenerse informados mediante canales oficiales y acordar un plan familiar de emergencia.
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