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Aumento de despidos por “necesidades de la empresa”: Factores y las consecuencias para el mercado laboral

El alza sostenida de esta causal vuelve a tensionar el mercado laboral chileno.

El aumento sostenido de los despidos por la causal de “necesidades de la empresa” vuelve a instalar el debate sobre la estabilidad laboral en el mercado del trabajo chileno. Según datos de la Dirección del Trabajo, solo en octubre de 2025 se registraron 43.287 desvinculaciones bajo esta figura, lo que representa un alza anual de 10,2% y marca la octava subida consecutiva en la serie.

El fenómeno no es aislado. Entre enero y octubre de 2025, los despidos por necesidades de la empresa alcanzaron los 415.010 casos, lo que implica un incremento anual de 7,1%. Se trata del mayor nivel acumulado para este período desde 2020, cuando en plena pandemia se contabilizaron 506.574 despidos bajo esta misma causal. Las cifras reflejan un mercado laboral que no logra estabilizarse y donde la desvinculación se ha transformado en una herramienta recurrente de ajuste.

Factores económicos detrás del alza

Pedro Peña, especialista en derecho laboral y cofundador del estudio jurídico SoyTrabajador.cl, explica que el uso del artículo 161 del Código del Trabajo suele moverse de la mano del ciclo económico. “Cuando las empresas enfrentan menor demanda, caída de productividad, presión sobre márgenes o procesos de reestructuración, aumenta el uso de esta causal, porque es la vía estándar para racionalizar dotación en el empleo formal”, señala.

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En 2025, añade, este comportamiento se ve reforzado por un mercado laboral debilitado. El desempleo se ubicó en 8,4% en el trimestre septiembre–noviembre, de acuerdo con cifras del INE, lo que suele ir acompañado de mayor rotación y desvinculaciones en el sector formal. “Cuando el crecimiento y la inversión se moderan, las empresas ajustan dotación, y en Chile ese ajuste se canaliza mayoritariamente a través del artículo 161 inciso 1° Código del Trabajo”, afirma.

El despido “más económico”

Uno de los puntos que más preocupa a los expertos es que esta causal se haya transformado en la alternativa más “económica” para las empresas. Peña sostiene que, en la práctica, el despido por necesidades de la empresa se ha convertido en un comodín. Comparado con causales disciplinarias, donde el empleador debe probar hechos graves y concretos, el 161 tiene un riesgo financiero más predecible si se judicializa, explica el experto.

A ello se suma que, cuando un tribunal declara injustificado este tipo de despido, el recargo legal suele ser de un 30% sobre la indemnización por años de servicio, un costo que muchas empresas asumen como parte del escenario. Además, en ciertos casos es posible descontar parte del Seguro de Cesantía, reduciendo el impacto inmediato en caja. Muchas empresas prefieren esta vía, aun sabiendo que podrían perder un juicio, porque lo perciben como el mal menor”, agrega el abogado.

Consecuencias laborales y sociales

El uso intensivo de esta causal no es neutro. Según Peña, tiene efectos directos en la estabilidad del empleo, al aumentar la rotación y la sensación de precariedad entre los trabajadores. “Aunque no todo despido por necesidades de la empresa es injustificado, su abuso erosiona la confianza, eleva el costo social del desempleo y afecta el consumo y la salud mental”, sostiene.

También impacta en la informalidad. Frente al temor a los costos de despido, algunas empresas optan por esquemas más flexibles, como contratos a plazo fijo, subcontratación u otras formas de externalización, lo que puede derivar en empleo de menor calidad. A esto se suma un aumento de la judicialización, ya que muchos trabajadores recurren a tribunales para impugnar despidos que consideran injustificados.

Costos laborales e incertidumbre

Desde una mirada económica, María José Bosch, académica del ESE Business School de la Universidad de los Andes, describe el escenario actual como una “tormenta perfecta”. A la desaceleración económica se suma el aumento de los costos laborales, impulsado por la implementación de las 40 horas, el alza del sueldo mínimo y la entrada en vigencia de la Ley Karin. “No todas las empresas han sido capaces de absorber estos mayores costos con mayor productividad, por lo que ajustar la dotación se transforma en un mecanismo inmediato”, explica.

Bosch agrega que la transformación tecnológica también juega un rol relevante. La automatización y el uso de nuevas herramientas digitales han reducido la necesidad de ciertas posiciones, especialmente en niveles de entrada, lo que refuerza la tendencia a flexibilizar estructuras de costos fijos. “Cuando no hay estabilidad ni proyección de largo plazo, las empresas buscan mecanismos que les permitan adaptarse rápido”, afirma.

Vacíos de fiscalización

Otro elemento clave es la limitada capacidad de fiscalización. Según Peña, la Dirección del Trabajo solo puede revisar el cumplimiento formal del despido, pero no su fondo. “El vacío no es que ‘no haya ley’, sino que la ley es amplia y la fiscalización de fondo es difícil: por eso el control real termina siendo judicial y no preventivo”, comenta.

Mauricio Carrasco, investigador del Centro de Políticas Públicas de la Universidad San Sebastián, coincide en que el incremento de estos despidos responde a una combinación de bajo crecimiento, mayores costos laborales y avances tecnológicos. “Además, si un tribunal declara el despido injustificado, el recargo es menor que en otras causales, lo que vuelve esta figura más atractiva desde un punto de vista financiero”, señala.

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