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Aumento de las denuncias asociadas al ámbito de convivencia escolar: Factores, datos y la situación del país

De un total de 2.501 denuncias, 1.518 están relacionadas con la convivencia escolar.

“La evolución de las denuncias por convivencia escolar en Chile revela una crisis sostenida y mal gestionada”, afirma Juan Pablo Catalán, profesor e investigador de la Facultad de Educación y Ciencias Sociales de la Universidad Andrés Bello. Su declaración se da tras ser consultado sobre el aumento de este tipo de denuncias a lo largo del tiempo. De acuerdo con el reporte trimestral de la Superintendencia de Educación, entre el 1 de enero y el 31 de marzo de este año se registraron 2.501 casos, un 14,2 % más que en el mismo período del año anterior.

Al observar el detalle, las denuncias relacionadas con el ámbito de convivencia representan la mayoría: 1.518 casos, equivalentes al 60,7 % del total. En comparación con 2024, se evidencia un aumento significativo. En ese año se reportaron 1.213 casos, lo que implica un alza del 25,1%.

Dentro de estas denuncias, la categoría más frecuente es el “maltrato a párvulos y/o estudiantes”, con 767 casos. Esta cifra representa un aumento del 22,7 % respecto de 2024, cuando se registraron 625 denuncias. Le siguen las denuncias por “discriminación” (286 casos), “situaciones de connotación sexual” (145) y “medidas disciplinarias” (143).

Otro dato relevante del informe es el aumento de denuncias por “maltrato a miembros adultos de la comunidad educativa”, que pasaron de 33 a 73 casos, lo que representa un alza del 121,2 % a nivel nacional. No obstante, la Superintendencia aclara que estas denuncias equivalen al 4,8 % del total.

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Desde una perspectiva territorial, las regiones que presentan mayores aumentos relativos son Atacama, Coquimbo, Aysén y Arica y Parinacota.

¿Qué factores han influido?

La superintendenta de Educación, Marggie Muñoz, señala que con el paso del tiempo se ha observado un incremento general en las denuncias, no solo en aquellas vinculadas a la convivencia escolar. Esta situación puede atribuirse a múltiples factores: desde un mayor conocimiento del funcionamiento del sistema y de los derechos de estudiantes y apoderados, hasta mayores dificultades en el respeto de las normas de convivencia y en el desarrollo de una socialización respetuosa dentro de los espacios educativos.

En relación específica con la convivencia, comenta que “estas denuncias tienen mucho que ver con que en la escuela se reflejan fenómenos que ocurren en la sociedad. Si como sociedad nos cuesta llegar a acuerdos mediante el diálogo y prevenir la violencia, es esperable que las escuelas también enfrenten estas manifestaciones”.

Agrega: “No podemos olvidar que niños y niñas aprenden, en gran parte, por medio del ejemplo. Por eso, cuando estas situaciones están presentes en la vida cotidiana, es difícil pensar que no se replicarán en los establecimientos educacionales”.

Desde la perspectiva de Ernesto Treviño, investigador principal del Centro de Justicia Educacional UC, el aumento sostenido de las denuncias se explica por tres factores. “Primero, la investigación reciente ha demostrado que, tras la pandemia, se agudizaron los conflictos al interior de las escuelas, lo que ha deteriorado la convivencia. Es un problema en crecimiento”, afirma.

En segundo lugar, plantea que “parece haber una falta de actitud proactiva para prevenir y resolver conflictos en los establecimientos. Prima una lógica punitiva, más que una mirada preventiva”. Por último, coincide con Muñoz al señalar que “las personas están más familiarizadas con la normativa y los procedimientos para denunciar ante la Superintendencia, lo que también ha contribuido al aumento de casos”.

Ambiente general de violencia

Catalán enfatiza que la violencia que atraviesa a la sociedad también ha ingresado en las escuelas: “No podemos esperar que los estudiantes respeten las normas o valoren el diálogo cuando fuera del aula predomina el conflicto y la desconfianza. La escuela, lejos de ser un refugio, se ha transformado en otro espacio donde se reproducen estas tensiones: se cuestiona la autoridad docente, se pierde el respeto mutuo y se rompe el sentido de comunidad”.

El académico señala que hoy “la palabra ya no basta” y que muchas veces los adultos carecen de herramientas y respaldo para abordar esta realidad. “¿Cómo construir convivencia si el entorno normaliza la agresión? Necesitamos algo más que respuestas reactivas. Es urgente devolverle a la escuela su rol formador en lo humano, fortalecer a quienes educan y promover un cambio cultural donde el respeto no se imponga, sino que se cultive desde el ejemplo y el cuidado. La convivencia no se recupera solo con normas; se reconstruye con voluntad, coherencia y compromiso social”, menciona.

Medidas

Desde la Superintendencia señalan que focalizar los esfuerzos en la prevención y el abordaje temprano de conflictos es clave para contenerlos a tiempo. “Hemos insistido en que las escuelas cuenten con reglamentos internos y protocolos de actuación actualizados conforme a la normativa vigente, que sean conocidos por toda la comunidad y que incorporen herramientas de gestión colaborativa de conflictos”.

El objetivo es que la escuela sea un espacio donde los problemas se resuelvan mediante el diálogo, ya que ese será el aprendizaje que niñas, niños y jóvenes se llevarán consigo para la vida en sociedad.

En esa línea, el Proyecto de Ley sobre Convivencia, Buen Trato y Bienestar de las Comunidades Educativas también propone avances relevantes. Entre ellos, se plantea fortalecer el marco normativo en materia de convivencia, mejorar la respuesta del Estado y entregar más herramientas a la ciudadanía. Asimismo, amplía las facultades de la Superintendencia y refuerza sus equipos en todas las regiones, promoviendo la gestión colaborativa de conflictos mediante la mediación.

Desde la Subsecretaría de Educación señalaron que la violencia excede el ámbito escolar y debe abordarse de manera intersectorial, ya que su impacto también afecta al entorno de los establecimientos.

“Es fundamental diferenciar entre violencia y convivencia escolar, y generar estrategias específicas para su abordaje. La educación para la convivencia no es solo una experiencia vivencial, sino un proceso formativo y pedagógico clave, en constante construcción, para el desarrollo integral de párvulos, estudiantes y de toda la comunidad educativa. La convivencia comienza en la familia y en la primera infancia. Los valores de respeto, diálogo y resolución pacífica de conflictos deben cultivarse desde los primeros años y reforzarse en todos los espacios de aprendizaje”, concluyen.

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