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Camas críticas: ¿Qué son, cómo funcionan y qué dificulta su implementación?

Las camas críticas no solo dependen del equipo, sino que también del personal médico que debe estar altamente capacitado y no es tan fácil de conseguir

Uno de los dilemas que han enfrentado los sistemas mundiales de salud fue lidiar con una emergencia sanitaria nunca antes vista. Una de las dificultades que nació en este escenario y que en Chile no ha dejado de ser foco de conflicto son las camas de las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI). A continuación, un desglose sobre son este elemento tan vital en el combate a la pandemia y en qué consiste “el dilema de la última cama”. 

Lo que se ha dicho del tema: “No estamos viviendo el dilema de la última cama, pero estamos conscientes de que el personal está agotado. Por eso, cuando nos piden más camas no hay que pensar solamente en algo físico, hay que pensar en la necesidad de personal” dijo el ministro de Salud, Enrique Paris, en el reporte covid del 7 de junio.

Luis Castillo, coordinador de camas críticas del Minsal, en una entrevista en la radio Duna sostuvo que en la actualidad hay cerca de 4.490 camas habilitadas. Un año antes, en mayo de 2020, la Sociedad Chilena de Medicina Intensiva (Sochimi) aseguraba que en el país había poco menos de dos mil unidades de estas camas.

Cómo se implementa una cama crítica: Lo primero a considerar es que una cama crítica se levanta tanto con equipo como personal médico. Es decir, no solo se necesitan aparatos e implementos, también personas que trabajen en función del paciente.

Según las definiciones del Ministerio de Salud (Minsal), una cama crítica busca “brindar cuidados de alta complejidad (…) de pacientes críticos, es decir, con una condición patológica que afecta uno o más sistemas, que pone en serio riesgo actual o potencial su vida y que presenta condiciones de reversibilidad. Para ello se hace necesaria la aplicación de técnicas de monitorización, vigilancia, manejo y soporte vital avanzado hasta la compensación de sus signos vitales y hemodinámicos”.

Partiendo por los equipos, además de la cama misma (que no es cualquiera) y todos los elementos que la conforman, una unidad crítica requiere de todas formas un monitor de signos vitales, para controlar, entre otras cosas, el ritmo cardiaco del paciente. Junto con eso y especialmente en el contexto de la pandemia, el ventilador mecánico es clave en la implementación de una cama crítica.

Si bien la norma técnica básica de autorización sanitaria para establecimientos de salud de atención cerrada estipula un equipo más complejo, estos elementos son los mínimos.

Implicancias: En cuanto a personal médico, en un escenario ideal se necesitan por lo menos cuatro personas que asistan a quién utiliza la cama y estos a su vez, atienden varios otros pacientes. Se trata de un médico, un enfermero, un kinesiólogo y un paramédico, cada uno con sus diferentes labores. “Tienes que tener equipo capacitado para estos casos, considerando que no solo tenemos pacientes críticos covid, por lo tanto frente a un escenario tan heterogéneo el personal especializado no es tan fácil de conseguir”, puntualiza el jefe técnico de la urgencia del Hospital Sótero del Río, Cristhofer Orozco.

“Más allá de la norma de equipamiento que tiene ciertos requisitos, el equipamiento es más amplio que solo los equipos. El ambiente y contexto donde está esta cama es muy relevante y lo más escaso es el personal capacitado”, agrega el especialista.

Otro factor importante es que en unidades críticas la cantidad de pacientes por cada especialista se reduce. Por ejemplo si en salas normales un enfermero se preocupa de seis internados, en camas críticas esa relación baja a uno cada tres, todo esto normado por el Minsal.

 

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Más allá del equipamiento físico, el personal capacitado es clave en la implementación de camas críticas

Dilema de la última cama: A comienzos de abril del año pasado ya se comenzaba a evaluar la posibilidad de en nuestro país se enfrentara al “dilema de la última cama”, cuando la mesa social covid se alistaba para actuar frente a este problema ético.

Por esa misma época, un grupo de profesionales de la Universidad Católica publicaban el artículo “Orientaciones éticas ante el llamado ‘problema de la última cama’”. En él, los autores explicaban que “es frecuente que en tiempos de pandemia se empiecen a agotar los recursos mientras crece el número de enfermos. Por esto, en ocasiones los profesionales de salud pueden verse enfrentados a decisiones dramáticas y completamente inéditas para ellos, como tener que elegir entre dos pacientes a cuál tratar y a cuál dejar sin tratamiento. Este es comúnmente conocido como el ‘dilema de la última cama’”.

En el reporte de hoy se informó que hay 3.265 pacientes en camas UCI y que la disponibilidad es de 145, un 3,2% del total.

Mirada de experto: Opazo destaca que independiente del “dilema de la última cama” es vital “la organización de los equipos y la comunicación entre todos los estamentos relacionados”. Agrega que “acá al menos en el centro donde estamos la organización parte en los consultorios y la comunicación ha mejorado tanto en este tiempo de pandemia que llevamos nos ha permitido responder mucho mejor a la demanda que hemos tenido”.

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