Cambios de hábitos en el comercio y el impacto silencioso de la inseguridad: Cifras muestran la realidad actual
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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La crisis de seguridad que atraviesa Chile no se refleja únicamente en el aumento de los indicadores de violencia, también ha incidido con especial fuerza en los centros urbanos, históricamente concebidos como espacios de encuentro, actividad comercial y vida ciudadana. En la actualidad, esas mismas calles se vacían antes de que caiga la noche, marcadas por la desconfianza y el temor al delito. Como una forma de protección frente a robos, extorsiones y episodios de violencia, los comerciantes cierran sus puertas antes del horario habitual. Esto se ha convertido en un reflejo claro del impacto que la inseguridad está teniendo en el funcionamiento cotidiano del país.
De acuerdo con una encuesta realizada por la Cámara Nacional de Comercio a fines de 2024, el 67% de los 246 empresarios consultados reconoció un aumento en la cantidad de locales vacíos en los centros de las ciudades. Esta cifra confirma una tendencia preocupante que amenaza con alterar el tejido urbano y económico chileno. Desde el gremio advierten que, si no se adoptan medidas urgentes y coordinadas, los centros urbanos podrían dejar de ser espacios vivos y seguros, transformándose en zonas de paso marcadas por el repliegue, la desconfianza y la informalidad.
La percepción de temor también va en aumento. Según la encuesta Chile nos Habla de la Universidad San Sebastián, un 80% de los encuestados cree que el crimen organizado ha aumentado en los últimos seis meses, y un 64% afirma haber vivido una situación que le hace sentir esta amenaza como algo real en su vida diaria.
A esta sensación de inseguridad se suman factores estructurales como la falta de presencia estatal efectiva y la expansión descontrolada del comercio ambulante. El resultado es una creciente informalización del espacio público, que no solo afecta al comercio establecido, sino que también profundiza la percepción de abandono y debilita la cohesión urbana.
Muchos locatarios, sin respaldo institucional ni certezas sobre el futuro, han optado por cerrar. Tal como consignó Meganoticias, con datos de la Cámara de Comercio de Patronato, cerca de 350 locales en esa comuna han cerrado en el último tiempo, evidenciando una baja sostenida en la actividad comercial del sector.
Este fenómeno también se refleja en los cambios de comportamiento de las personas. Según la encuesta de la Universidad San Sebastián, siete de cada diez consultados reconocieron sentir “mucho miedo” y afirmaron haber modificado algún hábito en su estilo de vida. Aunque no salir de noche o cambiar una ruta personal parezca diferente al cierre de un comercio, ambos responden a una misma causa: el efecto de la inseguridad en la vida cotidiana, tanto en el plano individual como en el comercial.
La transformación del comercio
Francisco Labarca, docente de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad del Desarrollo, advierte que el impacto económico de esta situación es significativo. Según explica, la pérdida de atractivo comercial en los centros urbanos no solo limita la inversión, sino que genera una sensación de vacío que facilita la expansión del comercio ilegal y de la delincuencia, consolidando un círculo difícil de revertir.
A su juicio, la seguridad, la fiscalización y la planificación urbana son claves para frenar la pérdida progresiva de espacios. “Una clara restricción que ha vivido el comercio es la seguridad, lo cual ha llevado a un periodo de atención mucho más acotado, dado este elemento”, sostuvo Labarca.
Desde la mirada de Loreto Lyon, decana de la Facultad de Arquitectura, Arte y Diseño de la Universidad San Sebastián, Chile enfrenta una transformación urbana profunda. Para ella, el aumento de locales vacíos no solo impacta la economía, sino que también erosiona el tejido social de los barrios. Como afirma, el comercio establecido tiene un rol clave en activar el espacio público, fomentar el tránsito peatonal, fortalecer los vínculos comunitarios y mejorar la percepción de seguridad. Su desaparición, en cambio, afecta directamente el empleo, la vitalidad del entorno y la convivencia ciudadana.
Además, Lyon plantea que la seguridad no puede entenderse únicamente desde la lógica policial. A su juicio, las ciudades bien diseñadas, con buena iluminación, fachadas activas, usos mixtos y presencia constante de personas, son un factor crucial en la prevención del delito y en la mejora de la percepción del entorno. Si los locales cierran porque las personas evitan ciertas zonas, la calle se vacía, y eso solo refuerza el círculo de abandono, explica.
La académica subraya que “la planificación urbana y la fiscalización son fundamentales para revertir este proceso. Necesitamos estrategias integrales que combinen control efectivo con diseño urbano de calidad. Las decisiones de zonificación no pueden estar desconectadas de las políticas de seguridad y desarrollo económico local”.
Causas y desafíos para reactivar los comercios
Según Lyon, las causas detrás de este fenómeno son múltiples: inseguridad, baja rentabilidad, desplazamiento de actividades hacia el comercio digital o hacia centros comerciales periféricos. Sin embargo, aclara que lo que hoy se observa, y que confirma el informe USS Chile Nos Habla, es un cambio de prioridades: el 81% de los encuestados considera que la seguridad del entorno es el factor más importante al momento de elegir dónde vivir, por sobre el precio o la conectividad. Esto revela que el abandono de ciertas zonas no se debe solo a cifras delictuales, sino también a cómo se percibe el entorno.
Lyon advierte que las consecuencias son graves: menos actividad económica, más desempleo, pérdida de cohesión social y deterioro del espacio público. Frente a esto, uno de los grandes desafíos es reintegrar los espacios vacíos a la vida urbana. En su opinión, eso solo será posible mediante intervenciones integrales que incluyan incentivos al comercio local, diseño urbano orientado a la seguridad y una planificación que devuelva vitalidad a las calles.
“Debemos crear entornos habitables y seguros, donde las personas quieran transitar, vivir y emprender”, concluye Lyon. La reactivación del comercio, afirma, es inseparable del bienestar colectivo: “Porque el comercio no es solo economía: es una pieza clave en la construcción de comunidad y en la percepción de bienestar”.
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