Inicio » Facts » Equipo

Chile y el desafío de revertir la histórica caída de los nacimientos: Cifras actuales y proyecciones

Durante 2024 se registraron 146.446 nacimientos en Chile, 139 mil menos que en 1993. Con una tasa de fecundidad de apenas 0,99 hijo por mujer, una de las más bajas del mundo, expertos advierten distintos escenarios.

La disminución sostenida de los nacimientos se ha convertido en uno de los principales desafíos demográficos que enfrenta Chile. Con una tasa de fecundidad de apenas 0,99 hijo por mujer —una de las más bajas del mundo— y una caída cercana al 47% en los nacimientos durante las últimas tres décadas, el fenómeno ya comienza a generar preocupación por sus futuras consecuencias económicas y sociales.

En este contexto, el Presidente José Antonio Kast anunció durante su primera Cuenta Pública la creación del Plan Chile Renace, una iniciativa orientada a fomentar la formación de familias y enfrentar lo que calificó como una “crisis silenciosa”. Desde el Congreso Nacional, el Mandatario afirmó que “devolverle el tiempo a las familias también es una forma de gobernar. Toda política social debe tener como finalidad el fortalecimiento de la familia chilena”.

Asimismo, sostuvo que “para enfrentar esta crisis silenciosa, creamos la Secretaría del Plan Chile Renace y vamos a convocar a una Comisión Asesora Presidencial para que, de forma unida y transversal, podamos analizar todas las posibilidades que están para darle a las familias que quieren soñar con una familia”.

Las cifras reflejan la magnitud del fenómeno. Según los últimos datos disponibles del INE, durante 2024 se registraron 146.446 nacimientos en el país, lo que representa 139 mil menos que en 1993. Al mismo tiempo, la tasa global de fecundidad cayó a 0,99 hijo por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional de 2,1 hijos por mujer.

Una combinación de factores

Los especialistas coinciden en que el desplome de la natalidad no responde a una sola causa, sino a una combinación de factores económicos, laborales, culturales y sociales. El doctor David González, miembro del directorio de la Sociedad Chilena de Medicina del Trabajo (SOCHMET), explica que existe una “tormenta perfecta” detrás de esta tendencia. Entre los factores menciona el alto costo de la vivienda, la precariedad laboral de los jóvenes, el elevado costo asociado a la crianza y la postergación de la maternidad.

Caída nacimientos Chile

Según detalla, la edad promedio de fecundidad pasó de 27 años en 1993 a 30 años en 2025, fenómeno que se relaciona con una mayor participación femenina en la educación superior y el mercado laboral. A ello se suma una débil conciliación entre trabajo y familia, lo que lleva a muchas personas a retrasar o descartar la decisión de tener hijos.

Desde una perspectiva similar, Mauricio Apablaza, director de Investigación de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, señala que el descenso de los nacimientos tiene causas multidimensionales. El académico sostiene que la mayor inserción laboral de las mujeres y el aumento de los años de escolaridad han retrasado la edad del primer embarazo, reduciendo la ventana reproductiva total.

A ello agrega transformaciones culturales más profundas. La mayor valoración de la autonomía individual, la disminución de la presión social por formar familias y la creciente diversidad de proyectos de vida han modificado las decisiones reproductivas tanto de hombres como de mujeres.

Por su parte, el doctor Jorge Acosta, director ejecutivo del Instituto de Políticas Públicas en Salud de la Universidad San Sebastián (IPSUSS), plantea que el fenómeno debe entenderse como parte de un cambio cultural acelerado. Entre los elementos que identifica se encuentran:

  • El aumento de personas que no desean tener hijos.
  • La postergación de la maternidad y la paternidad.
  • El uso extendido de métodos de planificación familiar.
  • La disminución de los matrimonios.
  • El aumento de las separaciones.

Según el especialista, “se ha privilegiado el desarrollo personal, profesional, laboral o en diversos ámbitos antes que la maternidad o la paternidad”.

Consecuencias para la economía y el mercado laboral

Aunque los efectos de la baja natalidad suelen observarse en el largo plazo, los expertos advierten que algunas consecuencias ya comienzan a ser visibles. González señala que las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) anticipan el inicio de una disminución de la población hacia 2036. De acuerdo con las estimaciones, Chile pasaría de 20,1 millones de habitantes a menos de 17 millones hacia 2070. Además, ya existen regiones donde las muertes superan a los nacimientos.

El especialista advierte que una fuerza laboral más pequeña implica una reducción del crecimiento económico potencial. “Menos trabajadores deberán sostener a una población cada vez más envejecida, generando una mayor presión sobre los sistemas de salud, pensiones y protección social”, advierte.

En la misma línea, Apablaza explica que el problema afecta directamente la sostenibilidad fiscal. A medida que disminuye la población en edad de trabajar y aumenta la cantidad de jubilados, el financiamiento de beneficios como la Pensión Garantizada Universal (PGU) enfrenta mayores desafíos. El académico agrega que el envejecimiento de la población incrementará el gasto en salud y cuidados de largo plazo, mientras disminuye la demanda por servicios educacionales.

Para Acosta, el impacto puede ser aún más profundo. El experto sostiene que la reducción de la población activa afectará la capacidad de generar crecimiento económico, recaudar impuestos y sostener los sistemas de protección social. “Según las predicciones, en tan solo 10 años más podríamos comenzar a disminuir la cantidad total de población en territorio nacional, lo que sería una muestra patente del enorme problema que generará a la economía y la provisión de servicios”, afirma.

Los desafíos para Chile

Los especialistas coinciden en que el principal reto será diseñar políticas integrales y sostenidas en el tiempo. Para González, esto implica fortalecer el acceso a viviendas, ampliar la oferta de cuidado infantil, mejorar la conciliación entre trabajo y familia, proteger la maternidad y abordar la salud sexual y reproductiva como una prioridad de política pública.

Apablaza sostiene que el país aún carece de una estrategia demográfica coherente que articule reformas en materia previsional, laboral, urbana y de cuidados. A su juicio, el objetivo realista no es volver al nivel de reemplazo poblacional, sino elevar gradualmente la fecundidad hacia tasas cercanas a 1,4 o 1,5 hijos por mujer.

Acosta, en tanto, enfatiza que el desafío también es cultural. A su juicio, resulta fundamental que la ciudadanía comprenda las implicancias del fenómeno y que exista un consenso transversal respecto de la necesidad de impulsar políticas que favorezcan la formación de familias.

Más sobre Facts