Consumo de drogas en Chile: Radiografía de un fenómeno que obliga a replantear estrategias
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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El consumo de drogas continúa siendo uno de los principales desafíos para la salud pública en Chile. Sin embargo, el fenómeno que hoy enfrenta el país dista de la imagen que predominaba hace algunos años. Mientras algunas de las sustancias tradicionales muestran una disminución sostenida, otras comienzan a ganar terreno, especialmente entre adolescentes y jóvenes, modificando el panorama del consumo y obligando a replantear las estrategias de prevención y tratamiento.
El escenario también refleja una tendencia internacional. El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) advierte un “aumento sin precedentes” en el consumo de sustancias psicoactivas, particularmente de drogas sintéticas. El organismo estima que cerca de 331 millones de personas utilizaron alguna droga durante el último año, mientras que el consumo mundial aumentó un 34% durante la última década, alcanzando al 6,2% de la población entre 15 y 64 años.
Constanza Silva, investigadora de la Facultad de Psicología y Humanidades de la Universidad San Sebastián, sostiene que los datos más recientes permiten observar avances importantes, aunque también evidencian nuevos focos de preocupación. “La foto de hoy es más matizada de lo que suele instalarse en el debate público. Los últimos datos de SENDA muestran una tendencia a la baja en las drogas tradicionales: el consumo de marihuana en el último año cayó a 10,1%, su nivel más bajo en una década, y la cocaína se mantiene estable en torno al 0,8%. El alcohol en el último mes bajó a 34,6%, la cifra más baja desde que se mide. Eso desmiente la idea de que ‘cada vez se consume más de todo’“.
Sin embargo, la investigadora advierte que interpretar estos resultados como una señal de tranquilidad sería un error. “Han aparecido nuevos focos preocupantes como el uso de tranquilizantes sin receta médica, los cuales están subiendo, y las drogas sintéticas como el tusi y la ketamina han ido ganando terreno. El desafío ya no es solo cuánto se consume, sino qué se consume, quién lo hace y con qué acompañamiento del Estado”.
Cifras oficiales
Las cifras de SENDA respaldan ese diagnóstico. Según el 16° Estudio Nacional de Drogas en Población General 2024, la marihuana continúa siendo la droga ilícita de mayor consumo en Chile, con una prevalencia de 10,1%. La cocaína se mantiene muy por debajo de esa cifra y con una tendencia estable. Sin embargo, el mayor aumento se observa en el consumo de tranquilizantes sin prescripción médica. El estudio muestra que su uso pasó de 1,8% a 2,2% en la población general.
La especialista sostiene que la edad constituye hoy uno de los factores más relevantes para comprender el fenómeno y agrega que el inicio temprano del consumo incrementa considerablemente los riesgos de desarrollar dependencia durante la vida adulta. “Cuando el consumo se instala en la adolescencia, el riesgo de daño y de dependencia se dispara. Por eso considero que una política seria tiene que mirar con lupa a los menores de 18 años y a las mujeres jóvenes, y no solo el promedio nacional”, menciona Silva.
Desde otra perspectiva, Mauricio Carreño, académico del Departamento de Psicología Clínica de la Universidad Alberto Hurtado, coincide en que el escenario nacional presenta señales contradictorias. Explica que, si bien los indicadores muestran descensos históricos en el consumo de alcohol y marihuana, existen sustancias cuyo impacto continúa siendo especialmente preocupante.
“Los datos más recientes de SENDA registran descensos históricos en el consumo de alcohol y marihuana, tanto en población general como escolar. Sin embargo, persisten problemas graves con la pasta base, sustancia que ha afectado de manera desproporcionada a los segmentos más vulnerados y expuestos a la pobreza”, señala.
El académico también llama la atención sobre el crecimiento sostenido del consumo de medicamentos psiquiátricos sin supervisión médica, fenómeno que, a su juicio, no ha recibido suficiente atención por parte de las políticas públicas.
Problema vigente
Respecto de las drogas tradicionales, Carreño plantea que la disminución de las cifras no significa que el problema haya desaparecido. “El alcohol y la marihuana continúan siendo las sustancias de mayor prevalencia, aunque ambas muestran una tendencia a la baja. Su uso y frecuencia son ciertamente un asunto que merece preocupación”. A ello suma una advertencia sobre la pasta base, cuyo impacto no puede evaluarse únicamente mediante indicadores estadísticos.
Más allá de las cifras, ambos especialistas coinciden en que el fenómeno ha cambiado de forma durante los últimos años. Mientras algunas políticas preventivas parecen estar dando resultados en determinadas sustancias, otras drogas emergentes avanzan con rapidez y obligan a actualizar las respuestas del Estado frente a un escenario mucho más dinámico que el observado hace una década.
Si bien el consumo de drogas continúa concentrándose principalmente en sustancias como el alcohol y la marihuana, el avance de nuevas drogas sintéticas y el uso indebido de medicamentos han comenzado a modificar el escenario que enfrentan las autoridades sanitarias. Para los especialistas, el problema ya no pasa únicamente por reducir las cifras de consumo, sino por comprender las nuevas dinámicas que explican este fenómeno. Silva sostiene que uno de los principales desafíos tiene relación con la capacidad de anticiparse a los cambios en los patrones de consumo, especialmente entre la población más joven.
“Hoy no basta con medir cuántas personas consumen. Necesitamos entender qué están consumiendo, cómo acceden a esas sustancias y cuáles son los factores que explican esos cambios. El mercado de las drogas evoluciona rápidamente y las políticas públicas deben hacerlo al mismo ritmo“, detalla la experta.
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