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Consumo de drogas en escolares: ¿Cómo han variado las cifras y cuál es el impacto psicológico?

Los resultados del último informe de SENDA en contraste con años anteriores.

De acuerdo con el 14º Estudio Nacional de Drogas en Población Escolar 2021 (que contempla datos hasta 2022), realizado por el Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol (SENDA), las cinco sustancias de consumo principal (tabaco, alcohol, marihuana, pasta base y cocaína) registraron un descenso en los niveles de prevalencia. Incluso, algunas drogas llegaron a los niveles más bajos desde 2001.

Este sondeo recopila la magnitud y tendencia del uso de sustancias en estudiantes de 8° básico a 4° medio, y se aplicó en 134 comunas de las 16 regiones del país, con representatividad nacional y regional.

Según el estudio, las declaraciones de consumo de alcohol en el último mes cayeron en más de 5 puntos porcentuales con relación a la encuesta anterior, al pasar de 29,8% a 24%. Esto equivale al tercer descenso consecutivo.

Entre los principales hallazgos del informe, se destaca que:

• Los estudiantes reportaron un menor uso de tabaco diario, sustancia que se ubicó en 1,9% frente a los 3,0% de la versión anterior del estudio. Además, es un descenso significativo con respecto del 15,8% alcanzado hace dos décadas.
• En el caso del alcohol, su consumo descendió hasta representar un 24%, muy por debajo del 43,3% observado en el año 2005.
• Con relación a la marihuana, las declaraciones de consumo de esta sustancia llegaron a 18,8%, una caída de 8 puntos respecto del estudio anterior (26,8%). En 2015, esta droga alcanzó su peak de consumo en población escolar, registrando un 34,2%.
• Los estudiantes también reportaron menores consumos de cocaína y pasta base, situándose en 1,9% y 1,1%, respectivamente. Corresponden a los niveles más bajos desde 2001.

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De acuerdo con Danae Cerda, presidenta de la Fundación Observatorio de Salud Mental Chile, el último estudio realizado por dicha organización, relacionado al consumo de alcohol y drogas, arrojó que la edad promedio de inicio en consumo de estas sustancias es de 11 años en hombres y 13 años en mujeres. La experta asegura, además, que 5 de 7 adolescentes refieren consumo de alcohol y otras sustancias (marihuana, pastillas, tusi y derivados de cocaína con un promedio de 3 veces por semana).

“El consumo en adolescentes ha aumentado en un 30% respecto al año anterior, esto se relaciona con las problemáticas de salud mental presentes en los colegios, el bullying y las dificultades familiares como violencia intrafamiliar y abandono de parte de figuras maternas y paternas”, explica Cerda.

Según la experta, en el caso de los adolescentes, la droga más consumida es la pasta base, tusi (popularmente conocida como “cocaína rosada”, proveniente de una sustancia sintética denominada 2cb), pastillas y marihuana. La presidenta de la Fundación Observatorio de Salud Mental Chile asevera que el cannabis sustituyó a los cigarros de cajetilla. Y señala que las personas jóvenes mayores de 25 años consumen mayormente hongos alucinógenos y marihuana de plantaciones con cepas específicas.

“Los factores más importantes se refieren al acceso que tienen los jóvenes de adquirirlas. En las casas siempre hay acceso al alcohol. Ante padres más ausentes existe menos control. Y, además, se ha ido generalizando el consumo de marihuana, sobre todo porque se dice que no daña la salud y que es más sano que fumar cigarrillos”, explica Lucía Matamala, psicóloga de UpFeel (plataforma de terapeutas online).
Efectos en la salud mental de los escolares y adolescentes

Danae Cerda afirma que los problemas o efectos que enfrentan los jóvenes, es que el desarrollo del lóbulo frontal del cerebro de las personas se desarrolla alrededor de los 25 años, por lo que antes de este periodo, las personas que consumen drogas ven afectada morfológica y funcionalmente su corteza prefrontal, la cual se encarga del control de impulsos y toma de decisiones.

En esa línea, la experta señala que estos consumos hacen mucho más propensos a los adolescentes a desarrollar adicciones, haciéndolas crónicas después de los 25 años, argumentando que el cerebro “habrá aprendido que necesita esa droga o sustancia para sobrellevar la vida diaria y sus incomodidades”.

Lucía Matamala indica que, además de existir posibilidades de producir dependencia, los consumos tempranos pueden aumentar o desencadenar trastornos de la salud mental, sobre todo, en aquellas personas que tienen cierta vulnerabilidad o propensión. También, la psicóloga afirma que los jóvenes pueden verse más violentos, con trastornos sociales, entre otros.

Campañas y prevención del consumo

Jorge Varela, jefe del Laboratorio de Convivencia del Instituto de Bienestar Socio Emocional UDD, señala que una de las medidas que más funciona en las campañas de riesgo es el “LifeSkills Training” (LST), un programa de prevención universal basado en las salas de clase, y diseñado para prevenir el consumo de tabaco, alcohol, marihuana y violencia entre los adolescentes.

Este programa contempla tres componentes principales, los cuales son enseñados a los estudiantes:

• Habilidades de autocontrol personal
• Habilidades sociales
• Habilidades de información y resistencia específicamente relacionadas con el uso de drogas. Estas se enseñan mediante instrucción, demostración, retroalimentación, refuerzo y práctica.

Varela añade que la supervisión parental y la coherencia entre grupos familiares son fundamentales para prevenir estos consumos tempranos. Ante esto, indica que las cuarentenas, en el marco de la pandemia por Covid-19, podrían haber sido un factor determinante en las cifras de descenso que presentó SENDA, debido al mayor control parental al interior de los hogares.

“La mejor forma de hacer campañas efectivas son los programas integrales, como nuestro ‘Programa de acompañamiento para comunidades educativas’, desde la primera infancia, donde tengan educación emocional y social, combinada con educación física mediante juegos prácticos. Eso permitirá que puedan gestionar y enfrentar las emociones desde las primeras etapas de la vida, por consiguiente, cuando tengan problemas familiares, discutan con amigos o sientan enojo y/o frustración, lograrán gestionar las emociones sin evadirlas ni reprimirlas, mediante drogas y alcohol”, expresa Danae Cerda.

“El desarrollo de la autoestima mediante la educación emocional y el autocuidado es fundamental, ya que al tener claridad de que soy una persona valiosa, que mi cuerpo debo cuidarlo y respetarlo, jamás le haré daño, ni permitiré que nadie me haga daño. Si estos programas no parten en los ciclos iniciales, difícilmente podremos como país prevenir que un preadolescente comience a consumir drogas, ya que para ese punto será algo tarde”, añade la presidenta de la Fundación Observatorio de Salud Mental Chile.

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