Drogas sintéticas, narcotráfico digital y baja percepción de riesgo: La nueva cara del consumo en Chile
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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La expansión de las drogas sintéticas, el aumento del policonsumo y la creciente normalización del uso de sustancias entre adolescentes y adultos jóvenes están configurando un escenario cada vez más complejo en Chile. Aunque la cannabis continúa siendo la droga ilícita más consumida en el país, especialistas advierten que el mercado ha cambiado aceleradamente durante la última década, impulsado por nuevas sustancias, canales de distribución digitales y una menor percepción de riesgo entre los jóvenes. El fenómeno, además, ocurre en paralelo al fortalecimiento del crimen organizado y a la diversificación de economías ilícitas vinculadas al narcotráfico.
Parte de este escenario quedó reflejado en la tercera edición del informe Índice Global de Delincuencia Organizada 2025, documento que analizó la situación de distintos países y que mostró un deterioro en los indicadores asociados a criminalidad en Chile. Si en 2021 el país registraba un índice de 4,6 puntos, hoy alcanza 5,48, posicionándose entre los países sudamericanos con mayor aumento en este tipo de marcadores. El informe también advierte sobre el crecimiento del comercio ilegal asociado a productos como alcohol, cigarros y medicamentos.
Transformaciones importantes
Juan Carlos Ríos, director del Centro de Información Toxicológica de la Universidad Católica (CITUC), explica que “el panorama del consumo de drogas en Chile ha experimentado transformaciones importantes en la última década. Si bien los estudios de Senda muestran una tendencia general a la baja en el consumo de alcohol y tabaco en escolares, la situación es más compleja al analizar otras sustancias”. El especialista agrega que “las intoxicaciones por marihuana en escolares y adolescentes han aumentado, mientras que la percepción de riesgo sobre su uso frecuente ha disminuido”.
Uno de los focos de mayor preocupación es el avance de las drogas sintéticas y mezclas como el denominado “tusi”, sustancia que en Chile suele contener combinaciones de ketamina, cocaína y otros compuestos. Según Ríos, “el tusi es un ejemplo paradigmático de cómo cambia el mercado. Llegó a su peak en 2023, y las estrategias de educación y control han llevado a una disminución”.
La psiquiatra de la Sociedad Chilena de Medicina del Estilo de Vida (SOCHIMEV), Karla Álvarez, sostiene que el fenómeno actual ya no puede entenderse únicamente desde el consumo recreativo tradicional. “Hoy preocupa especialmente el aumento de drogas sintéticas, cannabis de alta potencia, ketamina y mezclas conocidas popularmente como ‘tusi’, cuyo contenido muchas veces es incierto”, afirma. La especialista añade que estudios recientes del ISP y SENDA detectaron que el 82% de las muestras de ketamina incautadas en Chile contenían mezclas con otras sustancias como cocaína, MDMA, tramadol y benzodiacepinas.
Uso de redes sociales
Álvarez advierte además que el acceso a estas drogas se ha facilitado mediante redes sociales, aplicaciones digitales y sistemas de microtráfico que operan incluso en entornos escolares y universitarios. “Actualmente se observa presencia de drogas sintéticas en escolares, universitarios y espacios cotidianos”, señala. En esa línea, recuerda que SENDA reportó en 2025 consumo de tusi o ketamina en un 2,2% de estudiantes de educación superior.
El investigador de la Universidad San Sebastián, Javier Campanini, coincide en que el mercado de drogas sintéticas ha modificado completamente las dinámicas tradicionales del narcotráfico. “Las redes sociales han pasado a ser uno de los canales más eficaces de distribución y publicidad del mercado ilícito. El internet actúa como una plataforma ideal para promover y comercializar estas sustancias”, comenta. Según el académico, la facilidad de acceso, la difusión de experiencias en plataformas digitales y la baja probabilidad de detección en controles rutinarios han favorecido la expansión del fenómeno.
Campanini agrega que las nuevas sustancias psicoactivas representan una amenaza distinta a las drogas tradicionales debido a su facilidad de producción y distribución. “A diferencia de la cocaína o el cannabis, cuya producción depende de cultivos en territorios específicos, las drogas sintéticas pueden fabricarse en laboratorios clandestinos con acceso a precursores químicos”, explica. El investigador añade que cerca de 60 nuevas sustancias psicoactivas han sido detectadas en Chile durante la última década.
Factor clave
El cambio cultural también aparece como uno de los factores clave detrás del aumento del consumo. Marcelo Maldonado, académico de Química y Farmacia de la Universidad Andrés Bello y experto en Toxicología, sostiene que “la discusión pública sobre regulación del cannabis ha contribuido, en parte, a normalizar su consumo en segmentos juveniles”. A ello se suma —dice— la fuerte exposición en redes sociales y contenidos digitales donde las drogas son presentadas como parte de la vida cotidiana.
La psicóloga y académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello , María José Millán, plantea que el país vive un cambio profundo en la forma de consumir sustancias. “Chile ha experimentado en los últimos 10 años un giro radical desde un consumo predominantemente ‘natural’ hacia un mercado dominado por productos de alta potencia y síntesis química”, afirma. Según la especialista, el fenómeno además perdió el componente asociado a determinados grupos sociales y hoy atraviesa distintos estratos socioeconómicos.
Millán sostiene que plataformas como Instagram, Telegram y aplicaciones de citas se han transformado en verdaderos canales de distribución. “Esta digitalización permite un sistema de delivery que evade los controles territoriales clásicos de la policía, facilitando un acceso inmediato y anónimo”, explica. La académica agrega que el narcotráfico ha sofisticado sus operaciones mediante el uso de comercio informal y adquisición legal de precursores químicos.
Baja percepción de riesgo
Otro aspecto que inquieta a los especialistas es la baja percepción de riesgo entre adolescentes y jóvenes. Ríos advierte que “los adolescentes tienen menor conciencia de daño; creen, por ejemplo, que la marihuana no hace mal o que les hará daño más adelante”. El experto agrega que muchos jóvenes “han perdido el miedo a engancharse”.
Álvarez coincide en que existe una fuerte normalización cultural del consumo. “Muchos adolescentes crecieron viendo el consumo como algo cotidiano, recreativo o de bajo riesgo, tanto en redes sociales como en su entorno cercano”, comenta. La psiquiatra agrega que las campañas preventivas no han logrado adaptarse a los nuevos lenguajes digitales utilizados por las generaciones más jóvenes.
Para Carlos Guajardo, director del Diplomado en Criminología y Estrategias de Persecución Penal de la Universidad Alberto Hurtado, el principal desafío es reformular completamente las políticas preventivas. “SENDA Previene fue concebido principalmente para abordar el consumo de alcohol, marihuana y cocaína, y sus equipos no siempre cuentan con la formación necesaria para reconocer y abordar las nuevas drogas sintéticas”, afirma.
El académico agrega que las dificultades también se extienden al ámbito escolar, laboral y comunitario. “Los colegios particulares y subvencionados quedan frecuentemente fuera del alcance de los programas, y la población en edad escolar no escolarizada permanece prácticamente invisible para el sistema”, señala. A ello suma que en algunos territorios las amenazas de bandas delictivas dificultan el trabajo preventivo en comunidades vulnerables.
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