Infraestructura bajo presión: Chile enfrenta el desafío de prepararse para el temido “Súper Niño” en 2026
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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Las proyecciones meteorológicas para el invierno de 2026 mantienen bajo observación a especialistas y autoridades chilenas ante la posible llegada de uno de los fenómenos de El Niño más intensos registrados en el último siglo y medio. El escenario, que algunos meteorólogos ya han denominado “El Niño Godzilla” o “Súper Niño”, podría traer precipitaciones por sobre los niveles normales, inundaciones, remociones en masa e incendios forestales de gran magnitud, poniendo a prueba la capacidad de respuesta de la infraestructura crítica del país.
De acuerdo con el pronóstico estacional de la Dirección Meteorológica de Chile (DMC), las lluvias durante el próximo invierno podrían superar los promedios históricos en distintas zonas del territorio nacional. La preocupación se centra en que los fenómenos climáticos extremos ya no responden a los patrones históricos bajo los cuales fueron diseñadas gran parte de las ciudades y obras públicas del país.
Simón Inzunza, geógrafo de la agrupación Riesgo 0 y parte del Centro de Investigación para la Gestión del Riesgo de Desastres (Cigiden), explica que Chile ha avanzado de forma importante en monitoreo, sistemas de alerta temprana y coordinación de emergencias, especialmente después de los desastres socionaturales registrados en los últimos años. Sin embargo, advierte que todavía existen brechas relevantes en infraestructura y adaptación. “La infraestructura crítica del país sigue siendo altamente vulnerable frente a fenómenos climáticos de gran magnitud y larga duración y aún más, existen brechas importantes en inversión preventiva y adaptación”, sostiene.
Cambios acelerados
El investigador añade que uno de los principales problemas es que buena parte de la infraestructura nacional fue construida considerando condiciones climáticas que hoy están cambiando aceleradamente debido al calentamiento global. “El problema es que nuestra infraestructura fue diseñada principalmente bajo condiciones climáticas históricas que hoy están cambiando aceleradamente. Carreteras, puentes, colectores de aguas lluvias, redes eléctricas y sistemas sanitarios muchas veces no tienen capacidad para resistir precipitaciones extremas concentradas en pocas horas, además de incendios forestales de rápida propagación o remociones en masa”, afirma.
Entre los principales riesgos que identifican los especialistas aparece la interrupción prolongada de servicios básicos esenciales. Las redes eléctricas son uno de los puntos más sensibles frente a temporales intensos, incendios forestales y caída de árboles.
Inzunza recuerda que situaciones como los fuertes vientos registrados en Santiago durante agosto de 2024, con ráfagas superiores a los 120 kilómetros por hora, evidenciaron la vulnerabilidad de los sistemas de suministro eléctrico y telecomunicaciones. Según el experto, eventos de mayor magnitud podrían provocar cortes masivos y afectar también hospitales, sistemas de agua potable y comunicaciones.
En materia vial, explica el experto que las lluvias extremas representan un riesgo importante para caminos, puentes y rutas rurales. Los desbordes de ríos y remociones en masa pueden aislar localidades completas, dificultando la conectividad y la capacidad de respuesta de los equipos de emergencia. Los hospitales y centros de salud también enfrentan escenarios complejos ante eventos climáticos extremos. Fallas eléctricas, inundaciones urbanas y problemas de acceso podrían afectar su continuidad operacional, especialmente en establecimientos ubicados en zonas de riesgo.
“Por más está mencionar que incluso existen hospitales en zona de amenazas naturales. Licantén, por ejemplo, está relocalizando su hospital a zona libre de inundaciones”, comenta Inzunza.
Servicios críticos
El suministro de agua potable es otro de los servicios considerados críticos. El especialista explica que las captaciones, plantas de tratamiento y sistemas de Agua Potable Rural presentan vulnerabilidad frente a inundaciones o altos niveles de turbiedad en los ríos.
Frente a este escenario, Inzunza comenta que tanto el Estado como las empresas privadas han comenzado a fortalecer sus estrategias de mitigación y respuesta. Entre las principales medidas figuran el mejoramiento de los sistemas de alerta temprana, inversiones en infraestructura resiliente, construcción de obras de mitigación y modernización de redes críticas.
Pese a ello, Inzunza advierte que el país todavía mantiene una lógica mayoritariamente reactiva frente a los desastres, “muchas inversiones continúan realizándose después de los desastres y no necesariamente antes de que ocurran”, sostiene.
Carlos Aguirre, académico de Arquitectura de la Universidad San Sebastián e investigador del Núcleo Milenio de la Vivienda (Nuviv), coincide en que los eventos climáticos actuales superan las condiciones para las cuales fueron diseñadas muchas infraestructuras. “La verdad es que es muy difícil que las infraestructuras estén preparadas para los efectos de los cambios climáticos actuales, que consideran eventos más cortos pero más intensos”, comenta.
Planes fortalecidos
Aguirre destaca que, desde la creación del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred), se han fortalecido los planes de respuesta frente a distintos desastres socionaturales. Sin embargo, advierte que todavía existe una baja relación entre la actualización de los Instrumentos de Planificación Territorial (IPT) y las zonas de riesgo.
El académico también sostiene que uno de los principales desafíos para Chile será incorporar criterios de adaptación climática tanto en el diseño como en la reparación y mantención de la infraestructura pública.
“Desde el principio lo más relevante es incorporar los elementos de cambio en el desempeño, que se presentan en el diseño como en la reparación y mantención de infraestructuras; y los eventos extremos, que se volverán más periódicos como efecto del cambio climático. Además, es imperativo actualizar los Instrumentos de planificación territorial a la nueva realidad climática”, señala.
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