Ley de 40 horas y su entrada en una nueva fase: Cuáles son los desafíos y los efectos en la productividad
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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El próximo 26 de abril comenzará a regir una nueva etapa en la implementación de la Ley de 40 horas en Chile, marcando un punto de inflexión tanto para empresas como para trabajadores. A diferencia de las fases anteriores, este ajuste no se limitará a modificaciones administrativas, sino que obligará a reorganizar profundamente la estructura operativa de múltiples sectores productivos.
La normativa establece que la jornada laboral ordinaria se reducirá de 44 a 42 horas semanales, en línea con el cronograma gradual que busca alcanzar las 40 horas en 2028. Sin embargo, el cambio implica más que una simple reducción de dos horas: desde esa fecha, las empresas deberán aplicar efectivamente la rebaja y redistribuir el tiempo de trabajo dentro de los márgenes legales, lo que abre un escenario complejo en términos de planificación, costos y productividad.
Pedro Peña, especialista en derecho laboral y cofundador de SoyTrabajador, advierte que no todas las organizaciones enfrentan este proceso en igualdad de condiciones. “En términos generales, las grandes empresas llegan bastante mejor preparadas, porque muchas se anticiparon e implementaron con tiempo esquemas de reducción horaria, algo que la propia Ley de 40 horas permite hacer de forma voluntaria antes de 2028”, explica.
El escenario es distinto para las pequeñas y medianas empresas. Según Peña, “donde veo los mayores problemas es en las pymes, pequeñas empresas y también en parte de las medianas, porque suelen tener menos holgura financiera, menos dotación para redistribuir turnos y menos capacidad para corregir errores de planificación”. En ese sentido, recalca que esta etapa “no será solo un ajuste administrativo: Será una verdadera reingeniería de turnos, funciones y cobertura operativa”.
Peña detalla que estas industrias funcionan con turnos rotativos, atención continua y dotaciones ajustadas, lo que dificulta una adaptación uniforme. “La adaptación no va a poder ser uniforme. Cada estructura operativa va a tener que rediseñar su propio sistema para seguir funcionando bien, mantener productividad y no trasladar el costo al trabajador”, sostiene.
Desde una mirada complementaria, el abogado laboral Gabriel Halpern, socio de AMH Legal, plantea que, si bien existe cierta preparación a nivel de gestión, aún persisten dudas relevantes. “Las empresas han incorporado la reducción de jornada a nivel de gestión, considerando que existe una certidumbre desde la publicación de la ley con su calendario en 2023. Sin embargo, persisten dudas relevantes a nivel presupuestario”, afirma.
El especialista advierte que la disminución de horas impacta directamente en la productividad y en los resultados financieros. En sectores donde la generación de ingresos está estrechamente ligada a la cantidad de horas trabajadas, el efecto puede ser inmediato. “La reducción de la jornada tendrá efectos inmediatos en las finanzas y resultados, a menos de que se incorporen turnos adicionales. No obstante, esta alternativa muchas veces no es viable debido a las restricciones económicas que enfrentan las empresas”, explica.
Lo que dicen las cifras
Según la encuesta Spot de Incrementos, Teletrabajo & Productividad de Mercer publicada en octubre del año pasado, un 69% de las empresas consultadas reconoce haber experimentado impactos en su cadena productiva tras la implementación de la primera etapa de esta ley. Si bien la reforma busca mejorar la calidad de vida laboral y el equilibrio personal, las firmas han enfrentado desafíos para mantener sus niveles de productividad y competitividad.
Al desglosar las cifras, la encuesta muestra que un 32% de los encuestados considera que la reducción de la jornada laboral a 40 horas no ha tenido impacto; un 26% reporta un impacto bajo; un 30%, un impacto medio; y un 13%, un impacto alto. En conjunto, estos tres últimos segmentos suman el 69% del total.
Mejora calidad de vida
Uno de los principales puntos de discusión es si esta reducción se traducirá en una mejora real en la calidad de vida de los trabajadores o si, por el contrario, generará mayores niveles de presión laboral. Para Peña, el resultado dependerá de cómo se implemente la medida. “Puede traducirse en una mejora real, pero solo si la reducción es efectiva y no meramente formal. Si una empresa pretende mantener exactamente la misma carga, la misma dotación y el mismo ritmo en menos tiempo, lo que puede ocurrir es una intensificación del trabajo”, advierte.
En la misma línea, Halpern señala que el impacto no es neutro en términos económicos. “El aumento de costos laborales nunca es inocuo; si esto aumenta la cesantía, no habrá una mejora en la calidad de vida debido al impacto en la disponibilidad de empleo”, sostiene. Agrega que, si bien quienes mantengan su trabajo podrían experimentar beneficios, estos dependerán de la estabilidad financiera de las empresas.
El análisis también incorpora una mirada macroeconómica. Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, enfatiza que el principal desafío está en la productividad. “Chile ha mantenido una baja productividad por 20 años, por lo que, en la práctica, cuando el sistema esté en régimen el 2028, equivale pedirles a las empresas que produzcan lo mismo, pero con un 10% menos de insumos”, advierte.
Weber también alerta sobre posibles efectos en el empleo. “La nueva rebaja, ahora de 2 horas, podría tener efectos negativos en el empleo, toda vez que las empresas tendrán que buscar mantener sus niveles de producción y ventas con mayores costos”, afirma. En ese contexto, menciona que el desempleo se ha mantenido en torno al 8,3% durante los últimos tres años, lo que añade presión al mercado laboral.
A pesar de estos riesgos, el economista reconoce que la medida será valorada por quienes ya están empleados. “Sin dudas será muy atractivo para las personas que ya se encuentran en el mercado laboral, es decir, que ya tienen empleo. Ellos verán progresivamente una mejora en su calidad de vida”, indica.
En cuanto a los mecanismos de adaptación, los especialistas coinciden en que la planificación anticipada será clave. Peña subraya la importancia de revisar en detalle la estructura interna de las empresas: “Lo más importante será planificar antes que reaccionar. Eso supone revisar cargo por cargo qué tareas son críticas, en qué horarios se concentra la demanda, cuál es la dotación mínima por turno y qué funciones pueden reorganizarse sin deteriorar el servicio”.
Además, enfatiza que la implementación debe ajustarse estrictamente a la normativa vigente. “Lo que no sirve es intentar ‘cumplir’ rebajando la colación, bajando remuneraciones o trasladando el costo a horas extra informales”, advierte.
Por su parte, Halpern destaca el rol del diálogo entre empleadores y trabajadores. “El elemento central será el diálogo y la colaboración entre trabajadores y empleadores para reorganizar adecuadamente los turnos y mantener niveles de productividad sostenibles”, señala, destacando la necesidad de generar espacios de conversación transparentes.
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