Menores y redes sociales: La posibilidad de una restricción en Chile tras experiencia internacional
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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La normativa australiana, que entró en vigencia en diciembre pasado, obliga a plataformas como Instagram y TikTok a impedir el ingreso de menores de 16 años mediante sistemas de verificación de edad, con el objetivo de disminuir riesgos asociados a salud mental, exposición a contenido dañino y adicción digital. Y ahora casi cinco meses después de la implementación de una de las regulaciones digitales más estrictas del mundo para menores de edad, la discusión sobre limitar el acceso de niños y adolescentes a redes sociales comenzó a tomar fuerza en Chile.
En el país ya surgieron iniciativas que buscan avanzar en una línea similar. Un grupo transversal de diputados presentó esta semana el proyecto de ley denominado “Protección Digital Infantil”, propuesta que busca regular el acceso de menores de edad a distintas plataformas digitales y aumentar las obligaciones de las empresas tecnológicas respecto al resguardo de niños y adolescentes.
El proyecto contempla restricciones diferenciadas según el tipo de plataforma. Entre las medidas, establece prohibiciones de acceso para menores de 16 años en redes sociales y plataformas de transmisión en vivo, además de restricciones especiales para sitios de apuestas, contenido pornográfico y videojuegos violentos. También incorpora obligaciones para las empresas en materia de verificación de edad, advertencias sobre adicción digital y prohibición de mecanismos diseñados para aumentar compulsivamente el tiempo de permanencia de los usuarios en las plataformas.
La Dra. Mónica Peña, académica y docente de Valoras UC, sostiene que el debate probablemente seguirá creciendo en Chile, aunque enfatiza que aún es temprano para sacar conclusiones sobre la efectividad del modelo australiano. “Hay un proyecto en desarrollo que pretende emular el modelo australiano, por lo que seguramente tendremos propuestas parecidas. Pero para que se desarrollen es necesario poner atención a la experiencia australiana que lleva menos de un año”, explica.
Sistemas de verificación
Uno de los puntos más complejos tiene relación con los sistemas de verificación de edad. Peña señala que, si bien técnicamente es posible implementar mecanismos de control, todavía existen importantes fallas y vacíos. “Es viable, pero implica muchos desafíos técnicos que aún no han sido subsanados en el caso australiano, donde se ha informado de múltiples casos donde el reconocimiento facial falla y algunos adolescentes lo pueden traspasar”, comenta.
La académica agrega que el principal problema podría estar en el manejo de datos sensibles de menores de edad. “Los desafíos legales son aún mayores, ya que estamos hablando de datos sensibles de menores de edad. Chile ya ha avanzado en esto, pero como las tecnologías son cambiantes es necesario tener un modelo que se adapte a esos cambios”, afirma.
A ello suma un desafío cultural relacionado con la educación digital y el manejo de información personal. “Hay un desafío cultural en educar en los peligros del mal uso de los datos personales y en la comprensión de que nuestros rostros son datos personales”, añade.
Salud mental
En materia de salud mental, los expertos coinciden en que todavía no existe evidencia concluyente respecto a si estas restricciones generan mejoras significativas. Peña sostiene que aún no hay estudios suficientes para medir el impacto real de la normativa australiana. “Aún no hay evidencia porque llevamos poco tiempo en la aplicación de estas normativas, no obstante hay muchas expectativas en relación a las mejoras en salud mental de los adolescentes”, explica.
Soledad Garcés, académica de la Escuela de Psicología y experta en Convivencia Digital de la Universidad de los Andes, plantea que Chile debería avanzar hacia medidas que tengan mayores posibilidades de éxito práctico. En esa línea, considera que podrían existir medidas más efectivas que una prohibición total. “Es más recomendable limitar el tiempo de uso de las redes sociales y obligar a las empresas a cumplir con la verificación de edad mínima que es de 14 años según la normativa de datos personales que entra en vigencia este año”, sostiene.
Garcés advierte además sobre los riesgos asociados al uso de datos biométricos. “Los mecanismos de verificación de edad son complejos de implementar cuando hablamos de menores. Más que nada es un tema delicado el uso de datos personales, ya que el registro biométrico da información personal que las empresas pueden usar para otros fines”, señala.
Respecto a la fiscalización, los especialistas coinciden en que el Estado chileno aún no cuenta con capacidades suficientes para supervisar una normativa de este tipo. “No se ha definido la forma en que se fiscaliza esto. No veo capacidad de fiscalizar en organismos del Estado puntualmente. No han sido diseñados para esto. Requiere pensar, prepararlos y disponerlos para estas funciones. No es sencillo”, sostiene Garcés.
Inquietud transversal
La diputada Marlene Pérez (Indep-UDI) afirma que existe una preocupación transversal sobre el impacto que las redes sociales están teniendo en menores de edad. “Hoy existe una preocupación totalmente válida por el impacto que están teniendo las redes sociales en niños y adolescentes. El ciberbullying, el acceso a contenidos inadecuados y la sobreexposición claramente les está haciendo daño, por eso comparto la necesidad de avanzar en restricciones para menores de 16 años”, comenta.
Sin embargo, advierte que el principal desafío será garantizar el cumplimiento efectivo de la normativa. “No basta solo con prohibir, porque el gran desafío es cómo se fiscaliza y cómo se hace realmente efectivo. Hoy cualquier niño puede abrir una cuenta con datos falsos y acceder igual a las plataformas”, señala.
Desde el ámbito de la salud mental, Ximena Pereira, directora del Magíster en Intervención Psicológica Infantojuvenil de la Universidad del Desarrollo, sostiene que el fenómeno debe analizarse de manera más profunda y no únicamente desde la prohibición. La especialista explica que el uso excesivo de redes sociales se ha asociado a mayores niveles de ansiedad, síntomas depresivos y dificultades en la construcción de identidad en adolescentes.
“Sabemos que cuando hay un uso excesivo estamos exponiendo a adolescentes que tienen cerebros que todavía están desarrollando a sistemas diseñados para captar la atención sin que esos cerebros tengan todavía la capacidad de autorregularse completamente”, explica. No obstante, advierte que una regulación por sí sola no resolverá el problema. “No es solamente una medida de prohibición lo que va a ayudar, sino todas las medidas que la acompañan”, afirma.
Pereira sostiene además que uno de los principales riesgos es simplificar un fenómeno que considera altamente complejo. “La tecnología está instalada. No podemos sacar a los jóvenes de ahí ni satanizar las redes sociales, pero sí es importante centrarse en el tipo de relación que niños y adolescentes construyen con la tecnología”, explica.
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