Menos luz, más cansancio: ¿Qué es la depresión estacional que se presenta durante el invierno?
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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Durante los meses de otoño e invierno, la reducción de las horas de luz natural puede generar cambios en el sueño, los niveles de energía y el estado de ánimo. En algunas personas, estas modificaciones pueden ser más profundas y dar paso al denominado trastorno afectivo estacional, una forma de depresión que aparece de manera recurrente en una determinada época del año y que suele mejorar durante la primavera y el verano.
La diferencia con el llamado “bajón invernal” está principalmente en la intensidad y duración de los síntomas. Jaime Silva, director del Instituto de Bienestar Socioemocional de la Universidad del Desarrollo, explica que la depresión estacional “es un tipo de depresión que aparece en otoño e invierno y suele desaparecer en primavera”. El cuadro puede incluir ánimo bajo, falta de energía y pérdida de interés por actividades cotidianas durante al menos dos semanas, afectando el funcionamiento diario.
En la misma línea, María José Millán, académica de Psicología de la Universidad Andrés Bello, señala que el DSM-5-TR (guía de referencia mundial para clasificar y diagnosticar problemas de salud mental) la describe como un trastorno depresivo mayor “con patrón estacional”. En ese sentido, aclara que no corresponde simplemente a sentirse más cansado durante los meses fríos, sino a un cuadro clínico que puede afectar el ánimo, la energía, el sueño, la concentración y el funcionamiento cotidiano.
Menos luz, cambios en el organismo
La luz natural cumple un papel relevante en la regulación del reloj biológico. Cuando disminuye la exposición durante otoño e invierno, algunas personas pueden experimentar modificaciones en los ritmos circadianos, que participan en la regulación del sueño, el nivel de alerta y el estado de ánimo.
Silva explica que una menor exposición a la luz solar puede alterar el reloj biológico interno, aumentar la melatonina y disminuir la producción de serotonina. Entre las manifestaciones más frecuentes aparecen el sueño excesivo, cansancio, dificultad para concentrarse y cambios en el apetito.
Millán agrega que estos cambios pueden traducirse en mayor somnolencia, dificultad para levantarse durante la mañana, menor energía, modificaciones del apetito y disminución de la motivación.
Sin embargo, los expertos explican que no todas las personas experimentan el invierno de la misma manera. Existen factores biológicos, psicológicos y ambientales que pueden aumentar la vulnerabilidad. Entre ellos se encuentran los antecedentes personales o familiares de depresión, haber presentado episodios estacionales previamente y una mayor sensibilidad a los cambios en los ciclos de luz y oscuridad. También influye el contexto. El aislamiento, la soledad, la carga laboral o académica y el hecho de pasar gran parte del día en espacios cerrados pueden intensificar algunos de estos síntomas.
Una realidad que no afecta a todos por igual
De acuerdo con la décima edición del Termómetro de Salud Mental Achs-UC, el 13,7% de los encuestados presenta síntomas moderados o severos de depresión, cifra que representa un aumento de 3,3 puntos porcentuales respecto de la medición anterior, realizada en abril de 2024. La prevalencia alcanza el 17,4% entre las mujeres, frente al 9,8% registrado entre los hombres. Además, el estudio señala que el 16,8% de las personas mayores de 18 años en Chile presenta algún problema de salud mental.
Estas cifras no corresponden específicamente a depresión estacional, pero permiten dimensionar el contexto de salud mental en el que se desarrolla el invierno. Por eso, los especialistas llaman a diferenciar entre una variación normal del ánimo y un cuadro que requiere atención profesional.
Millán sostiene que algunas personas prácticamente no experimentan cambios durante esta época, mientras otras presentan un “bajón invernal” leve y un grupo menor desarrolla síntomas depresivos clínicamente significativos.
Respecto a las señales de alerta, los expertos señalan que se encuentra la presencia, durante dos semanas o más, de un ánimo depresivo persistente o una pérdida marcada del interés y placer por actividades que anteriormente resultaban gratificantes. También deben observarse el cansancio intenso, el aumento excesivo del sueño, dificultades importantes para levantarse, cambios significativos en el apetito o el peso, aislamiento social, problemas de concentración, sentimientos de inutilidad, culpa o desesperanza.
Otro elemento relevante es la repetición del patrón. Si una persona identifica que estos síntomas aparecen durante cada invierno y mejoran sistemáticamente durante la primavera o el verano, resulta recomendable consultar con un profesional.
Luz, movimiento y vínculos
Entre las estrategias de prevención y tratamiento se encuentra la fototerapia, una intervención especialmente estudiada para la depresión estacional. Silva explica que consiste en exponerse cada mañana durante unos 20 a 30 minutos a una luz artificial de alta intensidad que imita la luz solar.
Millán agrega que, dependiendo de la intensidad del cuadro, también pueden utilizarse psicoterapia y, en algunos casos, medicamentos antidepresivos indicados por un médico.
A nivel cotidiano, los especialistas recomiendan aprovechar las horas de mayor luminosidad para salir al exterior, mantener horarios regulares de sueño y alimentación y realizar actividad física de manera constante. También resulta relevante evitar el aislamiento y mantener los vínculos sociales.
Silva destaca, además, la importancia de la denominada “salud relacional”, entendida como el cuidado activo de los vínculos durante el invierno, ya que el aislamiento puede alimentar el ánimo bajo y, al mismo tiempo, ser consecuencia de este.
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