Menos venezolanos trabajando en Chile: La inédita caída que abre dudas sobre el futuro del mercado laboral
- Andrea Cova Moore, equipo de Facts
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Durante años, la migración venezolana fue uno de los fenómenos que más transformó el mercado laboral chileno. En distintos sectores económicos —desde servicios y comercio hasta transporte y delivery— la presencia de trabajadores provenientes de Venezuela se convirtió en una pieza relevante del funcionamiento cotidiano del país. Sin embargo, las cifras más recientes muestran un cambio que hasta hace poco parecía improbable: por primera vez desde que existen registros, la participación laboral de esta población está disminuyendo de forma sostenida.
El fenómeno fue analizado en el Enfoque Laboral N.º 70 elaborado por el director del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales, Juan Bravo, quien identificó señales de que podría estar comenzando un proceso gradual de emigración de venezolanos desde Chile hacia su país de origen.
De acuerdo con datos procesados a partir de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) del INE para el trimestre febrero-abril de 2026, la fuerza laboral venezolana registró una caída anual de 8%, la mayor desde que existen registros comparables y completó seis meses consecutivos de disminución interanual. Hasta ahora, nunca se habían observado retrocesos de esta magnitud ni durante un periodo tan prolongado.
Las cifras muestran además que, mientras la fuerza laboral total creció 1% en el periodo, si se excluye a los trabajadores venezolanos el crecimiento alcanza 1,6%, reflejando el efecto que está teniendo esta reducción sobre el comportamiento general del mercado laboral.
La caída también se observa en la población venezolana en edad de trabajar residente en Chile, que acumula seis meses consecutivos de disminución interanual. Para los investigadores, este dato refuerza la hipótesis de que no se trata únicamente de una salida del empleo, sino de personas que están dejando el país.
Menos ocupados y más señales de salida
Uno de los datos que más llamó la atención del informe es que el retroceso está impulsado principalmente por la disminución de personas ocupadas. Al trimestre febrero-abril de 2026, los ocupados venezolanos registraron una contracción anual de 8,4%, mientras que los desocupados de esa nacionalidad aumentaron solo 0,6%. En términos absolutos, de los 68.299 empleos creados en el último año, los ocupados chilenos aumentaron en 89.502 personas, mientras que los ocupados extranjeros disminuyeron en 21.202, arrastrados por una caída de 45.514 empleos ocupados por venezolanos.
Juan Bravo explica que el fenómeno tiene características específicas. “Los datos revelan que el fenómeno se concentra entre quienes tienen menos arraigo en el país (viven hace menos de cinco años en Chile) y también en ocupados subempleados o informales, lo que es esperable, puesto que los venezolanos que se encuentran insertos en empleos de mala calidad debieran ser más propensos a irse en comparación a quienes no están en dicha situación”.
El experto agrega que una parte importante de quienes están saliendo corresponde a trabajadores con educación superior que no lograron insertarse laboralmente acorde a su formación.
“La mayor salida de la fuerza laboral venezolana con educación superior completa está muy relacionada a lo anterior, puesto que la mayoría de quienes tienen dicho nivel educativo y están ocupados están subempleados por calificaciones, es decir, ejerciendo empleos de mediana o baja calificación que no son acordes a su nivel educativo. En ese sentido, no es sorprendente que ese perfil de venezolanos esté comenzando gradualmente a abandonar el país”.
Los datos respaldan esa tendencia. La fuerza laboral venezolana con educación superior completa cayó en 27.770 personas durante el último año, equivalente a una disminución anual de 9%, explicando el 61,2% de la caída total.
Además, el retroceso se concentra completamente entre quienes llevan menos de cinco años viviendo en Chile, grupo que disminuyó en 48.683 personas, equivalente a una reducción anual de 28,3%.
Cambio de ciclo migratorio
Para Mauricio Apablaza, director académico de CIPEM (UDD-Los Héroes), el fenómeno está más asociado a una reducción de población que a un deterioro directo del empleo. “La salida del mercado laboral ha estado asociada principalmente a la caída en el número de venezolanos en el país de acuerdo con la misma encuesta. En el mismo semestre del año pasado, la encuesta de empleo del INE sugería que había más de 800 mil venezolanos en el país. Este año, esta estimación disminuyó (…). Es decir, no estamos ante personas que se desaniman o pierden el empleo, sino ante personas que dejan el país”.
Según el académico, detrás de esta tendencia aparece una combinación de factores. “La explicación de este fenómeno es una combinación de fenómenos internos —desempleo, subempleo, informalidad y bajas expectativas— con un fenómeno externo relacionado con el cambio político en Venezuela”.
Añade que quienes llegaron recientemente tienen menores niveles de arraigo y menos costos asociados a abandonar el país. “Los profesionales subempleados enfrentan el mayor costo de oportunidad de permanecer, porque su capital humano está siendo desaprovechado en empleos que no corresponden a su formación”, sostiene.
Impacto económico
Aunque una menor cantidad de trabajadores disponibles podría sugerir una baja automática del desempleo, los especialistas advierten que el efecto es más complejo. Bravo señala que una emigración sostenida tendría efectos sobre la oferta laboral, pero también sobre la demanda interna. “La emigración de una porción de la población venezolana implicaría un efecto a la baja sobre la fuerza laboral y, por ende, una disminución de la oferta de trabajo, al haber menos personas disponibles para prestar sus servicios”.
Sin embargo, agrega que los inmigrantes también participan del consumo local. “Al emigrar, se reduce esa demanda por bienes y servicios y junto con ello habría un efecto negativo sobre la demanda por trabajo”.
Desde la mirada de Apablaza, el efecto sobre productividad y crecimiento sería moderado, aunque no irrelevante. “En desempleo el efecto es marginal y ambiguo. Al tratarse de un retiro por el lado de la oferta, caen simultáneamente el empleo y la fuerza de trabajo”.
Respecto a productividad, plantea que el país enfrenta una paradoja. “La pérdida es modesta precisamente porque Chile desaprovechó este capital humano. Quienes se van estaban en buena medida subempleados, por lo que su salida resta poco a la productividad media. El costo profundo no es la productividad que se pierde hoy, sino los años de ganancias no capturadas”.
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