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Proyecto de 40 horas laborales: ¿Qué dicen los índices de productividad de los chilenos?

El Gobierno presentó las medidas que considerarán para reactivar esta iniciativa, la cual se aplicará con gradualidad orientada a la reducción de las jornadas.

El Presidente Gabriel Boric anunció las modificaciones para el proyecto de 40 horas, el cual tiene como fin el descenso de la jornada laboral al quinto año de promulgada la iniciativa.

El trámite como tal, estaba congelado en el Senado desde noviembre de 2019. Sin embargo, el Ejecutivo planteó suma urgencia a esta nueva posible norma -es decir, que debe ser despachado en 15 días-, planteando a su vez las siguientes características:

• Se propone una implementación escalonada de la reducción de la jornada, sin distinción por tamaño de empresa, con lo cual habría una rebaja inicial de 45 a 44 horas, las cuales se anunciarán el primer año de ejecución de la ley mediante el Diario Oficial
• Las 42 horas semanales se implementarían al tercer año
• Las 40 horas se quieren conseguir al quinto año de anunciada la ley
• Se agregarán cambios a la regulación sobre exclusión de la limitación de jornada, jornada parcial y jornadas excepcionales
• La disminución de jornada laboral tendría efecto en más de 4 millones de personas trabajadoras
• Se propone la jornada parcial en 27 horas semanales
• Se gestionarán planes para no perjudicar a los sectores productivos como minería y salud
• En el caso de transporte, se vería la posibilidad de llevar a cabo 160 horas al mes
• Para las trabajadoras “puertas afuera”, la jornada sería de 40 horas semanales
• En el caso de “puertas adentro”, debe entregarse dos días de libre disposición al mes
• Para las personas que trabajan en el contexto del mar, la jornada iría desde 48 a 40 horas cuando estén en tierra o puerto
• Se busca ejercer un acompañamiento a las empresas para poder implementar estos cambios con el avanzar de los años

Productividad chilena

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Juan Ortiz, economista senior del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales, indica que “Chile -dentro los países de la OCDE-, es el que registra el nivel de productividad más bajo”.

“Esto va asociado a un nivel de Producto Interno Bruto por hora trabajada bastante bajo. Un poco más alto que el caso de México, pero más bajo que la mayoría de los países de la OCDE. Otro elemento que influye, es que la productividad es baja porque está prácticamente estancada desde hace varios años con una tasa de variación interanual negativa”, dijo Ortiz.

• “Hoy, Chile se enfrenta a la disyuntiva de cómo poder generar procesos de mejora tanto de la productividad como también, el gestionar o fortalecer este concepto. Con la jornada laboral reducida, cobra más importancia ver cómo impulsarlo o cómo generar políticas para mejorar, o ampliar este concepto en un escenario complejo”, aseguró el experto.

Como antecedente, se tiene conocimiento de que, en 2021, Chile consiguió aumentar un grado de su productividad, según la sexta versión del Informe Anual de Productividad de la Comisión Nacional de Productividad (CNP), en donde se establecieron los siguientes datos:

• Hubo un alza estimada del 7,4% y 8,7% en la economía agregada
• Por otro lado, la economía sin minería tuvo un 8,1% y 9,5%
• Estos porcentajes fueron mejores a diferencia del 2020, en donde solo hubo caídas en los datos

La importancia de la gradualidad

Víctor Martínez, director ejecutivo del Centro de Investigación de Empresa y Sociedad (CIES) de la Universidad del Desarrollo, aseguró que “la reducción de una jornada laboral tiene efectos concretos sobre el empleo y el salario. Para reducir o mitigar estos efectos negativos el diseño de la política pública es altamente relevante”.

• “Hay dos componentes que la evidencia internacional sugieren en este diseño de política. Uno, es la gradualidad”, señaló, explicando que “esto hace que el ajuste sea menos traumático, y el segundo es flexibilizar la jornada, para poder pensar en jornadas mayores a una semana. Esta segunda hace mucho sentido en una economía en la que las condiciones y trabajos son muy heterogéneos. La forma de trabajar entre un minero, un chofer de bus, o un desarrollador web son sideralmente distintas. Tratarlas igual aumenta la probabilidad de impacto negativo en la política pública”.

Para que el proyecto sea realmente factible, Martínez indica que “la clave está en la forma y los detalles. En Chile, se trabajan en promedio 41 horas semanales. Esto supone una heterogeneidad importante en las horas que se trabajan y las formas en que se trabajan esas horas”.

• “Para abordar esto, la flexibilización es clave. Permitir que todas las formas de trabajo formal convivan en una legislación. Además de esto, el contexto es importante. La baja productividad va de la mano con una reducción en la capacidad de crecer de Chile. Subir el costo o aumentar la rigidez de los agentes interactuando en el mercado tiene impacto. La Comisión de la Productividad calculó una reducción en el salario entre 0,5 y 5,5% anual”, aseguró el experto.

Por último, para Martínez “el contexto importa. En una medida como esta, se estima que no tendría impacto en el empleo total, pero sí en su composición: asalariados jornada completa se reducen. Es decir, aumentaría la informalidad laboral en un contexto en que, los mejores instrumentos para combatir el aumento de los precios, se encuentran en el trabajo formal”, concluyó, confirmando que el Gobierno debe tener en consideración el proceso de estancamiento e inflación en el que se encuentra el país antes de impulsar planes al respecto, para que así funcione la normativa sin tener las estadísticas en contra durante la implementación.

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