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Zanja en la frontera norte: El plan del Gobierno contra la migración irregular y sus desafíos

Se estima que más de 336 mil personas extranjeras se encuentran en esta situación en Chile. Conoce los detalles.

Chile registra 1.918.583 extranjeros residentes al cierre de 2023, un aumento de 4,5% respecto a 2022, mientras se estima que 336.000 personas se encuentran en situación migratoria irregular. En este escenario, el nuevo Gobierno puso en marcha la construcción de una zanja en la frontera norte como parte de su estrategia para contener el ingreso por pasos no habilitados.

La medida forma parte de los compromisos planteados por el Presidente José Antonio Kast durante su campaña, en el marco de una agenda centrada en el control migratorio y el fortalecimiento de la seguridad pública. El anuncio fue reforzado mediante una doble vocería gubernamental y se produce en un contexto de creciente presión política y social por el aumento de la migración irregular.

El ministro del Interior, Claudio Alvarado, señaló que el objetivo es reducir la facilidad con la que actualmente se puede ingresar al país por sectores no habilitados de la frontera.
“El objetivo final es que esa frontera, que hoy es totalmente porosa desde el punto de vista del ingreso de personas al país de forma irregular, paso a paso, se vaya cerrando, vaya siendo más dificultoso cruzarla y tener un mejor control del ingreso ciudadano al país”, sostuvo el ministro.

Impacto limitado de las barreras físicas

La directora del Centro de Estudios Migratorios de la Universidad de Santiago, Adriana Palomera, explica que la experiencia internacional muestra que este tipo de infraestructuras no siempre logra detener completamente los flujos migratorios. Según la académica, “hay una serie de elementos de análisis a nivel internacional que permiten señalar que en general las barreras físicas que se establecen en la frontera suelen tener más bien un impacto limitado”.

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La experta señala que, en muchos casos, este tipo de medidas no elimina los desplazamientos, sino que provoca que las personas busquen nuevas rutas de ingreso. “Lo que suele suceder es que en vez de eliminar estos flujos, lo que hacen es desplazarlos. Hay evidencia al respecto en casos como la frontera entre Estados Unidos y México o las barreras existentes en Ceuta y Melilla”, afirma.

En esos escenarios, explica, las infraestructuras fronterizas no han logrado detener completamente los movimientos migratorios, sino que han generado cambios en los trayectos utilizados por quienes intentan cruzar. De acuerdo con la especialista, este desplazamiento también puede aumentar los riesgos para las personas en movilidad y elevar los costos humanitarios asociados al fenómeno migratorio.

Otro de los factores que complejiza el control fronterizo es la extensión del territorio. Chile comparte miles de kilómetros de frontera con Perú y Bolivia, gran parte de ellos ubicados en zonas desérticas o de difícil acceso. Palomera advierte que este contexto geográfico dificulta la implementación de mecanismos de control continuo. A su juicio, este tipo de infraestructura podría tener efectos en sectores puntuales, pero no impedir completamente el ingreso de personas que decidan intentar cruzar.

Desafíos logísticos y operativos

La construcción y mantención de la zanja también presenta desafíos relevantes en términos logísticos. El director de Investigación de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, Mauricio Apablaza, señala que el terreno y las condiciones climáticas del norte del país elevan significativamente los costos de este tipo de estrategias. El experto agrega que la experiencia internacional demuestra que el mantenimiento de estas infraestructuras puede ser incluso tan costoso como su construcción inicial. “Por esta razón, la decisión debe sustentarse en un conjunto de herramientas cuya razón de costo-efectividad se evalúe de forma continua”, sostiene.

En el plano operativo, Apablaza advierte que la coordinación entre distintas instituciones del Estado será clave para el funcionamiento de la estrategia. Además, el despliegue permanente en tres regiones del norte supone un esfuerzo sostenido para las Fuerzas Armadas y otros organismos de seguridad.

Alcances y limitaciones de la estrategia

Desde el punto de vista de la política pública, la zanja fronteriza también tiene un componente simbólico y comunicacional. Apablaza explica que el plan tiene un alcance principalmente disuasivo y en el corto plazo “puede reducir el tránsito en los puntos intervenidos y producir una señal política de endurecimiento”, señala.

Sin embargo, advierte que su efectividad será parcial si no se complementa con otras medidas: “Las zanjas y muros funcionan como complemento de un sistema integrado de vigilancia, no como una medida aislada”, afirma. Además, advierte que reforzar la frontera sin abordar la situación de las personas que ya se encuentran en el país puede generar nuevas vulnerabilidades.

Asimismo, señala que la efectividad de las expulsiones depende en gran medida de la cooperación con los países de origen o tránsito, “lo que puede ser uno de los puntos de partida de una política global que limite la migración irregular”, concluye.

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