El milagro de Empel: La Virgen habría salvado a un tercio español de la muerte durante una batalla
Guía de: Fenómenos Paranormales
- Héctor Fuentes
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Entre los año 1568 y 1648 se desarrolló la llamada Guerra de los Ochenta Años, cruento conflicto armado que enfrentó a 17 provincias de los Países Bajos que luchaban por su independencia contra el Imperio Español y el rey Felipe II de España, concluyendo con la independencia de los holandeses en la Paz de Westfalia.
En 1585, según cuentan las crónicas, el Tercio Viejo de Zamora logró, con la ayuda de una imagen de la Virgen estampada en una tabla y la meteorología, evitar una derrota segura y tal vez su aniquilación total en el monte de Empel, en un hecho que sería calificado de auténtico milagro por quienes lo vivieron, y que inspiraría a las autoridades españolas a nombrar a la Virgen de la Inmaculada Concepción como la Santa Patrona de la Infantería española.

El Tercio Viejo de Zamora, liderado por el maestre de campo Francisco Arias de Bobadilla, combatía en Bommel, una isla ubicada entre los ríos Mosa y Waal, de 25 kms. de largo de este a oeste y de 9 kms. de anchura máxima de norte a sur, y que constituía la línea de frente entre los Países Bajos españoles y las Provincias Unidas holandesas, cuando repentinamente el Tercio hispano se vio bloqueado por la flota enemiga.
Los holandeses, comandados por el general Philips van Hohenlohe, conde de Holac, tras apreciar la desmejorada situación de las fuerzas españolas asentadas en el lugar, vieron la ocasión propicia de vengarse por la reciente pérdida de Amberes, ciudad que había sido tomada por los tercios dirigidos por el general Alejandro Farnesio, y acabar con los invasores.
Sus emisarios ofrecieron entonces una rendición honrosa a los españoles, pero obtuvieron una respuesta típicamente hispana: “Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos”.

Como inmediata reacción a la orgullosa respuesta de los españoles, los holandeses decidieron abrir los diques del río Mosa e inundar el campamento hispano, lo que obligó a los 5 mil hombres de Bobadilla a refugiarse en la zona más elevada de Empel, un montecillo donde se apostaron con dos cañones.
Hambrientos, cansados, ateridos por las frías condiciones climáticas y superados militarmente, los españoles veían impotentes cómo las fuerzas enemigas organizaban sus maniobras para exterminarlos. Los holandeses, además, habían fortificado algunos islotes que emergían sobre la inundación, de manera que, a ojos de los sitiados, la salvación parecía realmente imposible.
Según cuentan las crónicas, el 7 de diciembre de 1585, víspera de la Inmaculada Concepción, en medio de esta crítica situación militar, un soldado español que cavaba una trinchera encontró una tabla flamenca con la imagen de la Virgen. Anunciado el hallazgo, sus compañeros del Tercio de Zamora colocaron la imagen en un improvisado altar y el Maestre Bobadilla, considerando el hecho como señal de la protección divina, instó a sus soldados a luchar hasta la muerte encomendándose a la Virgen Inmaculada.
“Este tesoro tan rico que descubrieron debajo de la tierra fue un divino nuncio del bien, que por intercesión de la Virgen María, esperaban en su bendito día”, relataría el cronista Alonso Vázquez en su obra “Los sucesos de Flandes y Francia del tiempo de Alejandro Farnesio”.
El hallazgo de la imagen de la Virgen, al cabo, tuvo un efecto revitalizador y llenó de consuelo a las tropas católicas. Inmediatamente, el padre fray García de Santisteban convocó a los soldados del Tercio de Zamora y todos juntos rezaron frente a la imagen de la Virgen.
El día 7 de diciembre de 1585 se levantaría una inusual ola de frío y las aguas del río Mosa comenzaron a congelarse, algo que en la comarca no ocurría normalmente hasta mediados de enero. Los vientos helados que azotaron la zona de Empel durante la noche congelaron las aguas que cercaban al Tercio Viejo de Zamora, lo que permitió a sus integrantes marchar a pie sobre el hielo y atacar por sorpresa el fortín donde se agrupaban los holandeses, que se vieron obligados a retirarse y llegaron a afirmar que “tal parece que Dios es español al obrar tan grande milagro”.
Ante el inesperado ataque del Tercio de Zamora los holandeses al cabo se retiraron definitivamente de la zona, y los españoles se alzaron con la victoria.
El general Alejandro Farnesio, que tendría noticia de la liberación del Tercio de Zamora durante su marcha para prestarles auxilio, escribiría una elogiosa carta a Bobadilla, mientras los sorprendentes acontecimientos ocurridos durante el 7 y 8 de diciembre de 1585 se propalaban rápidamente entre la población católica y flamenca. Los católicos de Flandes, de hecho, calificaron los hechos como “Het Wonder van Empel”, es decir, como “el milagro de Empel”.
Atribuido el milagro a la intercesión de la Virgen, la Inmaculada Concepción se convertiría desde ese momento en Santa Patrona de los tercios españoles, convirtiéndose después en Patrona de la Infantería y, más tarde, en Santa Patrona “de España, de las Indias y de todos sus reinos”.
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