Exorcista oficial mexicano asegura que satanás existe y su estrategia es la confusión

El Padre Pedro Mendoza Pantoja habla de las estrategias de las que se vale el maligno para persuadir, engañar y confundir.

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El Padre Pedro Mendoza Pantoja, de 78 años, fue un reconocido coordinador de exorcistas de la Archidiócesis de México que lleva mucho años combatiendo al maligno, a quien llama de vez en cuando el “chamuco”. Durante su largo ministerio, el religioso portó la insignia conocida como la Cruz de San Benito, un crucifijo de metal en el que se ven las siglas de palabras en latín que significan: “Retrocede satanás. No me quieras inducir al mal. Trágate el veneno que me quieres dar”.

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En una entrevista concedida al sitio Zenit.org, el exorcista desentrañó los misterios de su labor y las armas que usa el diablo para corromper las almas en la sociedad actual.

“Un exorcista es un obispo o un sacerdote designado por la Iglesia, que por mandato de Jesucristo y en el nombre de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo hace una oración en la que, de forma imperativa, en caso de posesión diabólica, ordena a satanás salga y deje en total libertad al poseso, o bien de forma deprecativa, es decir de intercesión o suplica, se pide que, por la sangre preciosa de Cristo y la intercesión de la Virgen María, sea liberada una persona, lugar, casa o cosa de toda influencia demoníaca, ya sea infestación, obsesión u opresión…El ministerio de exorcista es un don de la gracia y misericordia de Dios, que en mi pequeñez, insignificancia y limitaciones, me permite experimentar, como instrumento suyo, su poder liberador y salvífico en el servicio a mis hermanos, lo cual me alienta y me impulsa a adherirme más a Él para tener parte en su victoria y, con ella, de su gloria”.

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El religioso comentó que “la figura del exorcista fue desapareciendo en las últimas décadas. Las causas son varias… En la primera cincuentena, Satanás venía atacando a la humanidad en el campo de las ideas y del pensamiento: racionalismo, materialismo, gnosticismo, masonería, rosacrucismo, sectarismo, socialismo, marxismo-leninismo, etc., que alejan al hombre de Dios. Por una parte la negación de un Dios personal y la negación también de la existencia de Satanás como un ser personal, cambiando al Dios Verdadero por un dios impersonal que se identifica con este mundo material y reduciendo a Satanás a un mero símbolo. Varias naciones se vieron inmersas en dos guerras mundiales, y otras tantas sufrieron revoluciones intestinas y persecuciones religiosas, derramándose la sangre de muchos cristianos que sufrieron el martirio como testimonio de su fe…no faltaron leyendas de lloronas, de nahuales, de espantos, brujos, hechiceros y todo lo que hay ahora, pero no eran relevantes ni se les daba importancia; no había necesidad de exorcismos, estos sólo se efectuaban en el rito del bautismo”.

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El Padre Mendoza Pantoja agrega que “en los años 70′ surge la llamada teología de la muerte de Dios y, consecuentemente, surge también con el protestante R. Bultmann la teología de la muerte de satanás. Tal corriente infectó también a nuestros teólogos, que últimamente no hablaban ya del diablo ni de los ángeles. En los seminarios no se da una preparación sobre exorcismos e incluso desapareció, junto con las antes llamadas órdenes menores, el exorcizado. Pero como contraparte el hombre sintió la nostalgia de Dios. Y se da a la búsqueda de lo sobrenatural y mágico, como solución a la problemática en la que se ha visto envuelto por su alejamiento de Dios, y viene a caer en las garras de la New Age, que con su mezcolanza de ideas, de engaños y mentiras, engañosas espiritualidades y ficticias soluciones mágicas y esotéricas, manipulando espiritualidades orientales mezcladas de panteísmo, así como las medicinas tradicionales, que en sí mismas son un don de Dios y nada tienen de diabólico, han abierto las puertas al demonio, quien se niega a ser ignorado, haciendo estragos en las personas que han caído en sus prácticas esotéricas. La Iglesia ha tenido, por lo mismo, que reavivar algo que ya se había olvidado como cosa del pasado, aunque oficialmente nunca se ha negado: los exorcismos del evangelio como algo urgente en nuestros tiempos”.

El Padre Mendoza Pantoja explica que “satanás utiliza varias estrategias para apartarnos de Dios. Lo que le interesa al diablo es más bien confundirnos, ya sea para que creamos que no existe y que por lo mismo, si él no existe, tampoco existen el infierno ni el cielo y así no temamos el estar lejos de Dios. Por otra parte, en cambio, se manifiesta con opresiones y obsesiones para atormentar terriblemente a los que le han abierto las puertas, a fin de que le tengan miedo y no traten de cerrarle las puertas y liberarse de él. A algunos, en cambio, les favorece para que crean en su poder y confíen en él. Así podemos explicar el culto satánico y a la santa muerte para obtener poder, su favor y protección; satanás es el padre de la mentira y del engaño”.

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El exorcista aconseja que “en caso que una persona crea ser víctima de una posesión diabólica, debe acudir a su párroco más cercano: si éste percibe signos que le hagan sospechar de una posesión diabólica o no se siente capaz para afrontar el problema, entonces que la canalice con el exorcista de su diócesis o con el exorcista más cercano. Nunca debe recurrir a brujos o curas mágicas”.

El religioso, que afirma que aunque en sus exorcismos aún no ha tenido discusiones en vivo con el demonio, ya tiene preparado lo que responderá si ese día se presenta: “Si el diablo me dice: ‘Oye, que tú eres esto, que tú eres lo otro’. Le voy a decir: ‘Sí, pero yo tengo una ventaja sobre ti, yo me puedo arrepentir y tú no”.

Finalmente, consultado sobre cual era el mejor remedio contra la violencia de los tiempos actuales, el padre respondió: “promover la fe. Y no hay que hablar tanto del diablo, sino de Dios”.

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