El Cristo de Elqui: La historia del supuesto iluminado chileno que decía ser el nuevo Mesías e intentó volar

Llamó la atención de la prensa y pasó 20 años predicando en Chile y en el extranjero.

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En la década del 30′ del siglo pasado, uno de los personajes nacionales más curiosos fue el llamado Cristo de Elqui, un controvertido personaje que se presentaba como un supuesto iluminado y recorrió gran parte del país y varios lugares de Sudamérica predicando su particular Buena Nueva.

Su nombre real era Domingo Zárate Vega y había nacido el 20 de diciembre de 1897 en la localidad de Morrillos, en la comuna de Río Hurtado, en la actual región de Coquimbo. Allí, Zárate relataría que “en las postrimerías de 1926, el 8 de agosto, había muerto mi madre y tuve ciertas revelaciones. Me detuve a examinar con fe aquellos misteriosos sueños”.

Domingo Zárate Vega, el Cristo de Elqui.

Domingo Zárate Vega, el Cristo de Elqui.

En 1927 Zárate, tras hablar con su yo interno, decidió su destino: “Durante 20 años vestiría un traje distinto al que llevan los demás y prometí ser manso, fiel y sordo a toda ofensa; dar todo lo que poseía, yéndome a vivir por cuatro años adonde nadie supiera de mí. Después de sufrir así, saldría a andar por el mundo, pero siempre con mi secreto, sin que nadie a cuenta cabal supiera el motivo de mi extraordinaria vida, hasta cumplir los veinte años vestido de sayal en honor de mi madrecita”.

Después de esos cuatro años, período en que según el “iluminado” se la aparecieron Dios Padre, la Virgen María, el Arcángel Gabriel e incluso su fallecida madre, Domingo Zárate comenzó a predicar en las cercanías de Vicuña, en el valle del Elqui, donde reclutó a varios seguidores y llamó la atención entre los campesinos por su sencillo mensaje, bautizando a varios de ellos en las procelosas y transparentes aguas del río Elqui.

La fama del Cristo de Elqui pronto crecería como espuma en todo el Norte Chico. José María Caro, obispo de La Serena, escribiría el 25 de abril de 1931 una carta pastoral donde señaló: “Se ha presentado entre vosotros un pobre iluso, de los que hay muchos en el manicomio, y al cual los fieles lo han acogido como el enviado de Dios, como el mismo Mesías, nada menos, y le han formado su comitiva de apóstoles y creyentes”.
Cristo Elqui

Por entonces, el Cristo de Elqui anunció su intención de viajar a Santiago para cumplir, según afirmaba, los designios divinos, en orden a entrevistarse con el Presidente de la República y la alta Jerarquía de la Iglesia Católica, para luego ir a Roma. Abordó un tren rumbo a Santiago, donde le esperaba una multitud en la Estación Mapocho. Sin embargo, jamás llegó a su destino, pues fue bajado unas estaciones antes de llegar a la estación de ferrocarriles, siendo internado en una Casa de Orates, donde se le diagnosticó que sufría de delirio místico crónico.

Durante su reclusión, el Cristo de Elqui anunció la llegada de su sucesor y afirmó: “Yo sabía que aquí sería encerrado, pero los sufrimientos que padezco salvarán el mundo, continuará mi obra el otro ángel nacido por obra de Dios”. Tras salir al poco tiempo del hospital psiquiátrico, el profeta recorrió con sus prédicas varios lugares de Chile e incluso varios países vecinos, donde ofreció conferencias y charlas.

Un periódico de la época lo describió así: “Es de regular estatura, viste un tosco sayal de color rosado intenso, con botamangas coloradas y sandalias. Ciñe su cintura un cordón blanco; sobre la túnica a la altura del corazón usa una medalla de María auxiliadora; en el dorso de la mano lleva un crucifijo de diez centímetros más o menos que, según él, está amarrado desde hace tres meses en ese sitio, desde que es divino”.

cristoelqui2

Producto de sus experiencias, viajes y las supuestas revelaciones que decía haber tenido, el Cristo de Elqui escribió varios libros donde expuso su particular filosofía: “El grito del pastor en el silencio”; “Un signo de luz”; “Blanco, azul y rojo”; “La promesa y la vida del Cristo de Elqui”; “El secreto y el silencio es poder”; “Un signo de Luz”; “Sima, Lumbrera y Orientación” y “La estrella del Oriente”.

Las anécdotas del Cristo de Elqui fueron innumerables, siendo la más famosa la ocasión en que anunció públicamente que volaría en la plaza de Ovalle. Erasmo Cortés, antiguo colaborador del diario La Provincia, recuerda que “yo tenía ocho años cuando mi padre me llevó hasta la plaza de armas de Ovalle, luego que conocida la presencia de Domingo Zárate en Ovalle, se había corrido la voz que éste realizaría el milagro de volar. Hay que recordar que en esa época sólo había como entretención el teatro, y los circos que llegaban cada cierto tiempo a la ciudad, así es que prácticamente todo Ovalle fue hasta la plaza para ver el milagro”.

Cortés agrega que “recuerdo que el Cristo de Elqui tenía el cabello largo y una barba crecida, y estaba vestido con una túnica de color azul claro y sandalias. Se acercó hasta un gran ciprés ubicado en la plaza en el sector que daba hacia la calle Miguel Aguirre, subió a una altura de aproximadamente cinco metros y, en medio de la expectación de cientos de testigos, se lanzó al vacío. No voló, desde luego, pero con el porrazo que se mandó fue a pasar al hospital, con varias fracturas, según me dijo mi padre”.

Cristo elqui 3

Aurelia Zárate, una de las dos hermanas del Cristo de Elqui, también contaría en tono de chascarro que el iluminado profeta, cuando salía a predicar a lugares apartados y no había comodidad para hospedarse, solía dormir con una de las jóvenes que lo acompañaban, aunque para evitar comentarios mal intencionados siempre la hacía dormir a sus pies, en sentido inverso del suyo. Según Aurelia, grande debió ser el milagro, porque a pesar de estas precauciones, la joven de igual modo quedó embarazada del profeta.

Finalmente, tras 20 años de prédicas ininterrumpida y luego de haber recorrido gran parte de Chile y Sudamérica, el Cristo de Elqui se afeitó la barba y se cortó su larga cabellera, anunciando públicamente que su ministerio había terminado y que ya había cumplido con la promesa que hiciera tras la muerte de su madre.

Domingo Zárate, el Cristo de Elqui, después de radicarse en Santiago, fallecería, en medio de la indiferencia y el olvido, el 12 de diciembre de 1971 en Valparaíso. Dejó dos hijos que tuvo con dos de sus seguidoras. Y su figura inspiraría en 1977 una de las obras poéticas más conocidas del antipoeta Nicanor Parra: “Sermones y Prédicas del Cristo de Elqui”.

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