El increíble caso de Jorge Falus: Argentino que sobrevivió a un terremoto, un tsunami y atentado a Torres Gemelas

Este biofísico, de quien algunos comentaron que parecía tener la facultad paranormal de acercarse a los desastres y sobrevivir a ellos, eludió tres veces a la muerte.

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La historia de Jorge Falus, un biofísico argentino de 72 años que reside en Nueva York, lugar donde trabajó como directivo de la Asociación Biomédica Hispanoamericana, es digna de la más inverosímil película de catástrofes. Y la afirmación no es para nada gratuita, especialmente para alguien que puede jactarse de haber burlado a la muerte en tres oportunidades, sobreviviendo, ni más ni menos, que a un devastador terremoto, un mortal tsunami y al atentado terrorista más famoso y cruento de la historia.

La insólita saga de Falus comenzó a escribirse el 19 de septiembre de 1985. Pasadas las siete de la mañana de ese día, el biofísico se encontraba en su departamento ubicado en México D.F., cuando fue sorprendido por un feroz terremoto de magnitud 8 en la escala de Mercalli, que sembró de destrucción las calles de la capital azteca, ocasionó más de 10 mil víctimas fatales y dejó a más de 30 mil personas sin hogar. “Yo me encontraba en mi casa y por casi 10 minutos parecía que el mundo se iba a acabar. El edificio donde vivía fue el único que quedó en pie en tres manzanas a la redonda. Y, milagrosamente, resulté totalmente ileso”, recuerda Falus, quien en esa oportunidad, gracias a su estancia de varios años en París, ayudó durante varios días en calidad de traductor a equipos de rescate franceses.

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16 años más tarde, también durante un mes de septiembre, Jorge Falus volvería a coquetear con la muerte. En la mañana del martes 11 de septiembre de 2001, Fallus se encontraba haciendo trámites en el centro de Nueva York, su nuevo lugar de residencia, y no sospechaba, al igual que el resto del mundo civilizado, que la célula terrorista Al Qaeda había secuestrado minutos antes dos aviones (de un total de cuatro aparatos) para estrellarlos contra las famosas Torres Gemelas del World Trade Center, verdadero símbolo del poder económico de Estados Unidos.

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“Recuerdo que el cielo estaba azul, muy límpido. Debido a un trámite laboral me encontraba en una oficina muy cercana al World Trade Center. De repente llegaron los gritos, una densa capa de humo y el horror absoluto. Me di cuenta de inmediato de que se trataba de algo muy grave, así que me alejé rápidamente de allí, corriendo por instinto hacia el norte. Afortunadamente para mí, en el momento en que la primera torre se desplomó, yo ya estaba en el West Village, un pintoresco barrio de Manhattan a casi 3 kilómetros del área donde ardían las torres”, relató Falus, quien mientras asimilaba que las Torres Gemelas habían sido derribadas en lo que hoy se considera el peor ataque terrorista de la historia, también agradeció por salir de ese mortal entuerto sin el más mínimo rasguño.

El peor tsunami de la historia

Si Falus pensaba que tenía dos grandes historias para contarle a sus nietos, faltaba su “aventura” más peligrosa. Falus y su pareja, Eileen Sharaga, una norteamericana de actuales 65 años, habían decidido en diciembre del año 2004 escapar del frío invierno de Nueva York, para disfrutar de unos días de descanso. “Suena casi increíble, pero después de 35 temporadas seguidas de tomarme vacaciones en Brasil, se nos ocurrió ir a Tailandia. Llegamos a Phuket y nos quedamos en el hotel Jiva, en Karon Beach. A la mañana siguiente, bien temprano, nos subimos a un jeep alquilado, para buscar un lugar donde alojarnos, cerca del mar. Estábamos justo entrando a un hotel que nos había gustado, cuando de pronto vimos un montón de gente gritando, corriendo desesperada en nuestra dirección, y detrás una pared inmensa de agua. La ola nos levantó y arrastró unos 6 metros mientras golpeábamos contra los árboles y contra otros autos que flotaban y se movían descontroladamente. Lo más terrible es que había gente aferrada a los árboles, desesperada porque tenían miedo de ser aplastados por los vehículos”, contó Falus.

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Después de ser arrastrados dos cuadras, el auto de la pareja quedó parado en un terraplén, pero el agua comenzó a entrar al vehículo. “Pensábamos que el auto se iba a hundir. Bajamos las ventanillas, salimos como pudimos y nadamos hasta el hotel. Nos quedamos en el primer piso, donde ya no llegaba el agua. La odisea duró entre 5 y 10 minutos. No tenía idea de la magnitud del desastre, porque ignoraba la cantidad de gente que había sido devorada por el mar. Después, clavado frente a la televisión, viendo la BBC de Londres, junto a Eileen, tomamos conciencia de lo ocurrido. Para nuestra suerte, Karon Beach fue una de las zonas menos afectadas, ya que la mayoría de los hospedajes están en una especie de colina. La gente que se encontraba en otras playas no tuvo la misma suerte y falleció o se la llevó el agua.”

Falus, que reconoce que tanto él como su mujer estaban en estado de schock, y que por la misma razón no avisaron a sus familiares, agregó que el día siguiente al tsunami el panorama era realmente apocalíptico. “En la playa de Patong los autos estaban incrustados en las paredes y en las ventanas porque los hoteles estaban casi al lado de la playa, apenas separados por una calle angosta”. Al cabo, el devastador tsunami, calificado por la prensa como “el peor de la historia” y que también afectó a localidades costeras de Indonesia, Malasia, India y Sri lanka, dejaría un saldo de más de 250 mil personas fallecidas, miles de desaparecidos y millonarios daños materiales.

Consultado por la prensa de si tenía alguna facultad paranormal o extrasensorial que le permitía acercarse sin querer a los desastres y sobrevivir a ellos, Falus explicaba en el año 2005 que “la verdad es que uno no se da cuenta en estos desastres lo que ocurre alrededor ni piensa cuán afortunado o desafortunado es. Es difícil de medir. Podría haber tenido más suerte y no estar allí o podría haber tenido menos suerte y haber muerto. Es algo bastante incierto. Pero si sé que soy una especie de sobreviviente y no me queda más remedio que tomarme esta situación con algo de humor. Mis amigos, después de todo lo que me ha pasado, siempre me repiten la misma frase: “Avísanos a dónde vas a ir el próximo año de vacaciones, así vamos a otro lado.”

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