El Padre Cesare Truqui: El exorcista que batalló contra un demonio mudo y el “humo” de la soberbia

Asegura que esta lucha durará hasta el fin de los tiempos.

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El padre italiano Cesare Truqui es actualmente uno de los expertos en exorcismo más acreditados a nivel mundial. Como discípulo del ya fallecido padre Gabriele Amorth –considerado el exorcista más famoso del mundo-, tras ordenarse sacerdote hace más de 15 años, este religioso descubrió que “en las primeras sesiones de exorcismo en las que participé, la impresión más fuerte fue la confirmación tangible de que el Evangelio que había leído y meditado era cierto: el diablo sí existe. Para muchos el demonio y los exorcismos son materia de filmes y, sin embargo, cada año mil quinientos italianos recurren a exorcistas por el temor de presentar signos de posesión diabólica”.

El Padre Cesare Truqui, uno de los exorcistas más respetados del mundo.

El Padre Cesare Truqui, uno de los exorcistas más respetados del mundo.

En una entrevista concedida al sitio web católico Aleteia, el padre Cesare Truqui confesó que se hizo exorcista por la “Providencia”, después de participar en un curso en el que había importantes y célebres exorcistas como los Padres Gabriele Amorth y Francesco Bamonte. “Sucedió que se presentó el caso de un señor francés de 40 años poseído por Satanás que necesitaba un exorcista, pero Bamonte no hablaba ni inglés ni francés. Así que me pidieron que les ayudara en el diálogo preliminar. En ese primer exorcismo que presencié tenía la impresión de estar rodeado por la soberbia, como si fuera humo o niebla. Es difícil de explicar, pero la soberbia parecía algo que se pudiese tocar, llenaba la habitación”.

Fotograma de la película "El Exorcista" (1973).

Fotograma de la película “El Exorcista” (1973).

El Padre cesare Truqui explica que la práctica del exorcismo está regulada actualmente por la Iglesia católica con el ritual “De exorcismis et supplicationibus quibusdam” (“Rito de exorcismo y oraciones para circunstancias particulares”, adoptado en 1998 en sustitución del anterior más antiguo, que puede seguir usándose), con el propósito de enfrentar un mal personificado. “Pablo VI habló de “humo de Satanás”. No la simple “privatio bonis”, privación de un bien, que describe la filosofía, sino un mal eficaz, operante. Hablamos de la presencia de un ser malvado. Lo que este ser malvado es sólo puede decirlo la fe, no la ciencia. La fe nos habla de la existencia de seres espirituales: los buenos son los ángeles, los malos son los demonios”.

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El sacerdote agrega que “en las primeras sesiones de exorcismo en las que participé, la impresión más fuerte fue la confirmación tangible de que el Evangelio que había leído y meditado era cierto. En el Evangelio Jesús lucha contra el demonio que se da distintos nombres: “me llamo Legión, me llamo Satanás”. En el Antiguo Testamento, en el Libro de Tobías, hay un demonio que se llama Asmodeo. Yo estos nombres los he oído pronunciar a los demonios en varias sesiones de exorcismo. A nivel espiritual ha sido una experiencia muy rica porque me ha permitido experimentar en la carne, a través de los sentidos, la realidad de la que hablaba Jesús”.

El Padre Cesare Truqui muestra la estola de color púrpura que suele utilizar durante el ritual del exorcismo.

El Padre Cesare Truqui muestra la estola de color púrpura que suele utilizar durante el ritual del exorcismo.

El Padre Truqui añade que “en el caso del hombre francés de mi primer caso, el exorcista le pidió el nombre y él respondió: “Soy rex”. No hay un demonio que se llame “rex”, rey. El exorcista insistió: “Dime tu nombre” y él respondió finalmente: “Soy satanás, el príncipe de este mundo”. Es totalmente necesario preguntarle el nombre al demonio, pues lo requiere el Ritual con un objetivo preciso. Dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. De hecho, Dios da a Adán el poder de dar un nombre a las cosas. En el momento en que el demonio revela su nombre, demuestra estar debilitado. Si no lo dice, es aún fuerte”.

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Según el padre Truqui existen cuatro signos típicos de la posesión diabólica, previstos por el Ritual: la aversión a lo sagrado; hablar lenguas desconocidas o muertas; tener una fuerza extraordinaria que va más allá de la naturaleza de la persona; y poseer el conocimiento de cosas ocultas o escondidas.

El religioso precisa que “las mismas personas pueden ponerse a sí mismas en peligro de ser poseídas, acercándose a todo lo que tiene que ver con la magia, el ocultismo, la brujería, la cartomancia. Si para ser santos ayuda el ir a Misa, rezar, confesarse, acercarse a Dios, igualmente las misas negras, ritos satánicos, películas y música de este tipo tienen el efecto de acercarse al demonio. Tuve el caso de una señora que empezó a leer las cartas, como hacen muchos por diversión. Sólo que a ella le sucedía que adivinaba de verdad el pasado y el presente de las personas, y en algunos casos el futuro. Y naturalmente tenía un gran éxito. En cierto momento comprendió de quién dependía su éxito, y dejó de hacerlo, pero era demasiado tarde: estaba poseída”.

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Según el sacerdote, la fe de la persona y de la Iglesia determinan el éxito de un exorcismo al tiempo que advierte de los peligros de los maleficios, aun cuando muchos son estafas realizadas por falsos magos. “Igual que yo puedo encargar a alguien que mate a una persona, puedo pedir a un demonio que haga un daño. Por otra parte, no basta un solo exorcismo para liberar a la persona poseída. Es dificilísimo. Normalmente se necesitan muchos exorcismos, que funciona como una terapia. El exorcismo es un sacramental, no un sacramento. El sacramento es eficaz en sí mismo. Si doy la absolución a alguien en confesión, en ese momento, verdaderamente, sus pecados están perdonados. El exorcismo, en cambio, es eficaz en la medida de la santidad del sacerdote, de la fe de la persona para la que se hace el exorcismo y de toda la Iglesia. Si hoy son menos eficaces los exorcismos, es porque toda la Iglesia es más débil”.

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El padre Truqui explica, con respecto a cómo vive una persona poseída por algún demonio, que “en realidad viven de forma normal. El demonio no actúa continuamente en ellos. Puedo hacer una comparación paradójica para intentar explicarlo: si una persona compra un auto, ese auto está a su disposición, lo usa cuando quiere. Puede usarlo para ir a la oficina y después tenerlo aparcado. Lo mismo sucede con la persona poseída. Hay momentos en los que el demonio actúa: entra en el auto y maneja como quiere; en otros momentos no. El auto tiene un dueño, pero el dueño no lo utiliza”.

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El sacerdote, consultado si alguna vez le había preguntado a una persona poseída que había sentido durante el exorcismo, confesó que “pregunté a ese señor francés del que hemos hablado qué sentía durante el exorcismo, y él me explicó que sentía como si dentro de él hubiese un campo de batalla. Por una parte sentía a los demonios correr desesperados y hablar entre ellos; por la otra, cuando el sacerdote rezaba, sentía que la luz de Dios los expulsaba, para después volver de nuevo”.

Según el padre Truqui, la historia que más le impresionó fue una vez que debió enfrentarse a un demonio mudo. “Jesús habla de ello en el Evangelio y dice que son los más difíciles de expulsar, y que salen sólo con la oración y el ayuno. Es una rareza un demonio mudo. En 12 años de exorcismos, me ha sucedido sólo una vez”.

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Según el Padre Truqui, existe un demonio que se especializa en el ataque a la familia, también citado en el libro de la Biblia de Tobías, llamado asmodeo. Por el libro del Antiguo Testamento, se sabe que es el mismo demonio que mató a siete maridos de Sara y fue encadenado en el desierto por el Arcángel Rafael. Y de hecho el padre Truqui confirma que ese demonio “está presente en muchos exorcismos”.

El exorcista explica que “al principio sentí miedo, pero después te acostumbras a ciertas manifestaciones y ya no te sorprende oír que la voz cambia: una mujer que empieza a hablar con voz débil y después pasa a un tono cavernoso. Hay que estar atentos a no caer en la obsesión por el maligno. El exorcista sabe que el diablo existe, pero no está en todas partes. Sobre todo he comprendido que el exorcismo es un ministerio de misericordia: un acto de amor hacia una persona que sufre. Sólo esto”.

El Padre Cesare Truqui, quien es docente de los cursos de exorcismo organizados por el Ateneo Pontificio Regina Apostolorum de Roma, en colaboración con la Asociación Internacional de Exorcistas, comenta que “la reflexión sobre la criatura misteriosa que es el demonio y sobre su potencia continúa inquietando a la Iglesia y suscita curiosidad, no sólo entre los fieles. Los obispos nombran a pocos exorcistas y no hay más jóvenes sacerdotes dispuestos a aprender la doctrina y la práctica de la liberación de las almas, porque convertirse en exorcistas no es ni un oficio ni una profesión, sino un ministerio de misericordia totalizador, entre los más preciosos, esencial en la vida de la Iglesia”.

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El padre Truqui, alumno dilecto del célebre y fallecido exorcista padre Amorth -quien murió en septiembre de 2016-, en la actualidad vive entre Italia y Suiza, es secretario general del Instituto Sacerdos de Roma (donde se imparten cursos de exorcismo y oración de liberación) y brinda conferencias en particular durante los cursos en el Regina Apostolorum de Roma. Y concluye que “la lucha contra el maligno, iniciada en el origen del mundo, está destinada a durar hasta el fin de los tiempos, pero estamos en una fase crucial de la historia: por un lado el Papa Francisco habla con naturalidad del demonio, por otro, muchos cristianos ya no creen en su existencia”.

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