¿El Santo Sudario cubrió realmente el cuerpo de Jesús? 10 razones que apoyan esta teoría

La Síndone de Turín es considerada como la mayor reliquia de la cristiandad.

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El Santo Sudario de Turín, también conocido como la Sábana Santa o la Síndone de Turín, es una tela de lino de 436 cm × 113 cm que permanece actualmente en la catedral de San Juan Bautista de Turín (Italia) y que, supuestamente, cubrió el cuerpo de Jesucristo después de su muerte en la cruz, lo que se comprobaría con la increíble imagen tridimensional que quedó estampada en la tela, provocada al parecer por una misteriosa energía liberada tras la resurrección del Nazareno. Esta figura humana de gran precisión anatómica, por cierto, presenta numerosas marcas, heridas y traumas físicos propios de un hombre fallecido que fue cruelmente flagelado y sometido a la crucifixión.

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Las escasas menciones en la Biblia del Santo Sudario, la sábana nueva y limpia en la cual José de Arimatea, con ayuda de Nicodemo, envolvió el cuerpo de Jesús tras su muerte en la cruz, se concentran en los Evangelios. En Juan 20:5-8, por ejemplo, se nos cuenta que “se inclinó (Juan) y vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llega también Simón Pedro siguiéndole, entra en el sepulcro y ve las vendas en el suelo, y el sudario que cubrió su cabeza, no junto a las vendas, sino plegado en un lugar aparte”.
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Los orígenes del Santo Sudario y su figura estampada han sido objeto desde hace décadas de un arduo debate entre científicos, teólogos, historiadores e investigadores. Para algunos se trataría de una elaborada pintura o “fraude medieval”, mientras que para otros existirían claras evidencias que demostrarían que la Sábana Santa -un pedazo de tela amarillenta, raída, sucia, manchada de sangre y quemada- realmente fue la mortaja que se colocó sobre el cuerpo de Jesucristo en el momento de su entierro, y que el cuerpo y el rostro que allí aparecen son los suyos. Estas evidencias serían las siguientes:

1) Según la tradición, el apóstol Pedro conservó el manto con que fue envuelto el cuerpo de Jesús después de haber sido bajado de la cruz, manto que él mismo habría encontrado en el sepulcro vacío el domingo de resurrección (Lucas 24,12). Posteriormente diversas crónicas refieren que personajes históricos como San Cirilo de Jerusalén y San Gregorio Naciaceno (del siglo III); Juan, patriarca de Constantinopla; San Germán, obispo de París del siglo IV y San Leandro de Sevilla del siglo VI afirmaron que el “lienzo de Cristo” sí existía.
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La primera ciudad donde el lienzo habría sido expuesto fue en Edesa, ciudad de la Mesopotamia superior ubicada entre Anatolia y Persia. En un manuscrito del siglo VI se cuenta que el rey Ukhamm (9-46 d.C.), al saber que en Jerusalén un gran profeta había sido crucificado, logró obtener la “efigie” del santo, milagrosamente estampada sobre un lienzo de lino.

Posteriormente, la santa reliquia fue llevada a Constantinopla (Turquía), capital del nuevo imperio romano, en el año 994, siendo exhibida en la basílica de Santa María del Faro. Allí permaneció hasta la cuarta cruzada, cuando los caballeros templarios se apoderaron del sagrado lienzo. En el siglo XIV pasó a manos del duque Geoffroy de Charny, quien lo expuso en la iglesia de Lirey, y después fue llevado a Turín en 1578, a la casa real de los Saboya. Desde entonces ha permanecido bajo la custodia de la arquidiócesis de Turín, en la capilla real de la catedral de San Juan Bautista.

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2) El 28 de mayo de 1898, el abogado y fotógrafo aficionado italiano Secondo Pía, al hacer las primeras fotografías de la Sábana Santa, un lienzo que había sido comenzado a exhibirse en Europa como tal en 1357, en una iglesia de Lirey, en Francia, se llevó una gran sorpresa en el cuarto oscuro: la imagen en negativo apareció majestuosamente como una imagen en positivo con extraordinaria claridad y detalle.
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“Encerrado en el cuarto oscuro, concentrado sobre mi trabajo, sentí una gran emoción cuando, durante el revelado, vi aparecer primero el Santo Rostro en la placa con tal resolución que me sorprendí y alegré pues desde ese momento pude estar seguro del buen resultado de mi obra de arte”, relataría el fotógrafo turinés, cuyo primer descubrimiento fue que la imagen en realidad era el “negativo” de la impresión de un hombre difunto: En efecto, si la imagen aparecía como un “perfecto positivo”, el objeto no podía ser otra cosa que un “perfecto negativo”.

3) Con respecto a cómo se habría formado la increíble imagen tridimensional en el Santo Sudario, se estima que se debió a algún fenómeno desconocido, no reproducible a voluntad, como algún tipo de radiación corpuscular o electromagnética, que emitió algún tipo de energía calorífica o de efecto equivalente que alteró la celulosa del lino.
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Como un cadáver humano carece de la capacidad de producir tales y sorprendentes efectos, habría que aceptar entonces algún tipo de intervención sobrenatural, es decir, la imagen del cuerpo en el lienzo pudo haberse formado por un fuerte resplandor de energía, producto del calor o radiación sobrenatural del cuerpo de Cristo en el momento de la resurrección. Esa imagen, según expertos de la NASA en 1977, tiene propiedades tridimensionales que no pertenecen ni a las pinturas ni a las fotografías, es decir, no podría tratarse de una falsificación.

En 1981 científicos del grupo STURP (Shroud of Turin Research Project), que analizaron el Santo Sudario valiéndose de las últimas tecnologías, concluyeron lo siguiente: la imagen, que tenía un carácter tridimensional, no había sido hecha con pintura; las manchas de sangre y el torso se habían producido por contacto; la imagen del rostro no se había producido por contacto y la supuesta sangre era realmente sangre (presencia de hemoglobina y albúmina). El STURP concluyó su informe afirmando que no se conocía ningún procedimiento químico o físico que pudiera dar lugar a la imagen y que, desde luego, no era obra de un artista sino la impronta del cuerpo de un crucificado.
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Entre 2005 y 2010, en el centro de investigación de la “Agencia Nacional para las Nuevas Tecnologías, Energía y Desarrollo Económico Sostenible” (ENEA) de Frascati, un grupo de científicos italianos realizó estudios sobre tejidos de lino mediante la radiación con láser excimer (un tipo de láser ultravioleta), concluyendo que “un brevísimo e intenso rayo de radiación VUV direccional puede colorear una tela de lino y reproducir muchas de las características peculiares y procesos fotoquímicos de la imagen del cuerpo de la Sábana Santa de Turín”.

4) Según la imagen impresa en la Sábana Santa, lienzo que envolvió un auténtico cadáver durante un período de 30 a 36 horas, el hombre que aparece allí estampado padeció una muerte traumática, tal como lo demuestran las cientos de heridas pequeñas y grandes calcadas sobre el lino por contacto.
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Las heridas del hombre que aparece en el Santo Sudario, cuyo sereno rostro aparece con los ojos cerrados y dimanando una gran dignidad, presentan una total correspondencia con las heridas que Jesucristo sufrió en la cruz, evocando todas las narraciones de los Evangelios.

Estas heridas y traumas son los siguientes: una gran cantidad de heridas dobles y paralelas compatibles con las de un azotamiento romano de más de 100 golpes con un flagrum taxillatum (un instrumento romano de tortura que consistía en un palo de madera con varas de cuero con puntas de plomo que se utilizaba para azotar o practicar la flagelación); una herida de lanza entre la quinta y la sexta costilla en el costado derecho que hizo manar sangre y líquido del pericardio; más de 30 punzadas en la cabeza como consecuencia de una corona de espinas largas y afiladas, provenientes de arbustos que florecen en el Mediterráneo; el tabique nasal fracturado y el pómulo derecho y el labio superior hinchados por fuertes golpes ocasionados con una vara; una gran magulladura y herida en la rodilla izquierda, como supuesta consecuencia de las caídas durante el Vía Crucis; manchas de sangre hechas por un clavo que le atravesó la muñeca izquierda; marcas de una cuerda que le sujetaban las piernas y en el centro del pie derecho una herida de un gran clavo que fue empleado para fijar ambos pies.

5) Un reciente estudio de un grupo de científicos del Instituto Officina dei Materiali en Trieste, el Instituto de Cristalografía de Bari y el Departamento de Ingeniería Industrial de la Universidad de Padua comprobaron que la Sábana Santa de Turín mostraba signos de sangre venosa y arterial de una víctima de tortura, lo que desmiente categóricamente los argumentos de que el manto que habría envuelto el cuerpo de Jesucristo fuera pintado.
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El profesor Giulio Fanti, de la universidad de Padua, precisó que la amplia presencia de partículas de creatinina unida a las partículas de hidrato de hierro que se encontraron en el lienzo sagrado no son típicas de un organismo sano sino, más bien, indican un fuerte trauma múltiple sufrido por el cuerpo envuelto en el lino. “El estudio indica que el hombre envuelto en el sudario fue víctima de duras torturas antes de una muerte cruel”, afirmó.

6) La Sábana Santa, que según sus críticos habría sido elaborada en el siglo XIV, revela varios datos que se desconocían en los tiempos medievales, como el desarrollo del realismo anatómico y varios elementos históricos y arqueológicos sobre la flagelación y la crucifixión practicada por los romanos en el siglo I.
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Durante la Edad Media se creyó que Cristo había cargado una cruz durante el Vía Crucis, pero en la imagen de la Sábana Santa la figura presenta heridas y magulladuras en el omóplato izquierdo y el hombre derecho como consecuencia de cargar sólo el “patibulum” o madero horizontal de la cruz, tal como efectivamente se hacía en tiempo de los romanos. Además, la imagen de la Síndone muestra que el hombre no fue clavado por las palmas de las manos sino por las muñecas, algo que efectivamente era practicado en el mundo antiguo, pues un cuerpo colgado por las palmas se desgarraría mientras que uno clavado por las muñecas se sostiene. También en los tiempos medievales se solía representar la corona de espinas en forma de aro horizontal sobre la frente de Jesús, pero la Sábana Santa reveló que las espinas le fueron impuestas a Cristo en forma de casco.

7) Según los estudios anatómicos realizados en la Sábana Santa de Turín, el hombre crucificado, flagelado y muerto que aparece allí estampado presenta características faciales que parecen ser las propias de la raza judía: nariz larga y fina, labios finos, ojos grandes y hundidos, cabellos largos y abundantes, peinados con raya en medio, bigote y barba luenga partida ligeramente en dos. Además de ser alto (entre 1,81 y 1,83 metro) y fornido (83 kilos de peso), este hombre parece haber sido un gran caminante (Jesús, según los Evangelios, una vez llegó a caminar 30 kilómetros en un sólo día), como comprueban los músculos de las pantorrillas, bastante fuertes, además de ciertos indicios que indicarían que se trataba de un trabajador manual (Jesús, como todo el mundo sabe, fue carpintero), pues los músculos de las manos, brazos y hombros -sobre todo el derecho-, aparecen bastante desarrollados.

8) En junio del año 2002 la alemana Mechthild Flury-Lemberg, encargada de la restauración del lienzo, encontró un patrón particular de cosido en la costura de uno de los lados largos del Santo Sudario, un patrón de cosido muy similar a los fragmentos de tela encontrados en las tumbas de la fortaleza judía de Masada, que corresponden aproximadamente al período comprendido entre los años 40 a. C. al 73 d. C. El material de la Síndone, por cierto, era de hilo de algodón de tipo “herbaceum”, cultivado sólo en el Cercano Oriente.

Asimismo, se detectó en el sudario la presencia de carbonato de calcio (polvo de piedra caliza), que según la Dra. Eugenia Nitowski, arqueóloga de Utah, podía corresponder a las cuevas-tumbas de Jerusalén y de otros lugares del Medio Oriente y Palestina.
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9) En 1978, el biólogo y criminólogo suizo Max Frei Sulzer del Centro Internacional de Sindonología, tomó muestras del polvo del Sábana y pudo comprobar la existencia de polen de flores de Palestina, así como áloe y mirra, tal como la que utilizaban en el medio oriente los judíos para preparar los cadáveres. En total, se recogieron fragmentos de polvo, hongos, esporas, y polen de 28 especies distintas (algunas correspondían a 20 clases de plantas muy antiguas). Unas procedían de pinos silvestres que sólo florecían en las llanuras de Siria y de Palestina, mientras que otras eran de la región del Mar Negro y algunas más recientes de Francia e Italia.

En el área frontal de la figura del Santo Sudario, la que correspondería a la corona de espinas, se encontraron asimismo vestigios de Gundelia tournefortii, flor exclusiva del área de Jerusalén que suele brotar en el periodo de marzo y abril, es decir, en la misma época en que murió Jesucristo.
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10) Finalmente, en 1988 la Santa Sede autorizó la datación por carbono-14 de la Sábana Santa, que se realizó en tres laboratorios diferentes, pertenecientes a las universidades de Arizona, Oxford y de Zurich. Y los tres laboratorios dataron la tela entre los siglos XIII y XIV, coincidiendo en que el tejido del sudario había sido confeccionado entre 1260 y 1390. Ello, por supuesto, constituyó un gran triunfo para todos aquellos que postulaban que la Síndone de Turín era una falsificación de la Edad Media.
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En 1992, sin embargo, el sabio ruso Dimitri Kouznetsou argumentó que el incendio en 1532 que afectó a la catedral francesa de Chambery -lugar donde se guardaba la Santa Reliquia- había provocado una especie de rejuvenecimiento del tejido, debido a las altas temperaturas que sufrió el lino mientras se encontraba guardado en un relicario de plata. Los daños del tejido causados por este incendio serían remendados por las monjas clarisas de este templo en 1534.

Asimismo, en el año 2002, Ray Rogers, experto en química del equipo STURP (Shroud of Turin Research Project) y socio retirado del Laboratorio Nacional de Los Álamos, postuló que la muestra cortada del Sudario de Turín que se analizó en 1988 había sido tomada de un área del lienzo que había sido vuelta a tejer durante la Edad Moderna. En dicha área se habría mezclado (de manera muy sutil e imperceptible a la vista), tejido moderno con antiguo, comprometiendo de esta manera la prueba de la datación.
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De igual modo también se cuestionó la datación debido a la presencia de residuos bacterianos en la tela, pues la esquina de la Sábana Santa utilizada en la datación habría sido más manoseada que el resto del lienzo, subiendo el riesgo de contaminación por bacterias muertas y otros residuos y desechos, que al contener carbono pueden acercar a nuestros días la fecha radiométrica. Para dar un ejemplo de lo anterior, existen varios ejemplos de objetos antiguos cuya datación por carbono 14 resultó ser bastante inexacta, especialmente en los orígenes de la radiometría. El caso más notable y conocido ocurrió en 1970, cuando, debido a la presencia de residuos bacterianos, se dataron incorrectamente los huesos de una momia del Museo Británico 800-1000 años antes que su envoltura.
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Como sea que fuere, la Sábana Santa, cuya figura estampada corresponde a la de un hombre martirizado y cubierto de heridas y con la misma fisionomía que se le atribuye al Hijo de Dios, sigue siendo hoy considerada como la mayor reliquia de la cristiandad y ha sido llamada como el “Quinto Evangelio”, debido a la gran información que contiene sobre la Pasión de Jesucristo.

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