Erik Hanussen: El polémico vidente e hipnotizador judío que conquistó a Hitler

Este controvertido hipnotizador y ocultista predijo el incendio del Reichstag y la llegada de Adolf Hitler al poder.

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Uno de los personajes más famosos en la Alemania en los años inmediatamente anteriores de la toma del poder de los nazis fue Erik Jan Hanussen, un hipnotizador, ocultista y astrólogo que obtuvo gran repercusión mediática durante la época de la República de Weimar y comienzos del nazismo, transformándose antes de su abrupta muerte en uno de los videntes predilectos de Adolf Hitler.

Si bien Hanussen proclamaba ser descendiente de aristócratas daneses, en realidad procedía de una modesta familia judía morava. Había nacido en Prosnit, Moravia, en 1889 -el mismo año de nacimiento de Adolf Hitler- con el nombre de Hermann Steinschneider, como hijo del matrimonio conformado por la cantante Antonie Julie Kohn y el actor Siegfried Steinschneider, quien también trabajaba como guardia en una sinagoga de Viena. Desde su más temprana juventud, el joven Hermann, usando su nuevo nombre de Erik Hanussen, empezó a trabajar como artista de circo por Centroeuropa con escaso éxito, por lo que pasó a trabajar en espectáculos “psicológicos” con otros adivinos y clarividentes. Después del estallido de la Primera Guerra Mundial fue reclutado por el ejército del Imperio Austro Húngaro, pero no entró en combate gracias a que sus superiores se habían percatado de sus supuestas capacidades paranormales.

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Después del fin de la conflagración mundial y de la aplastante derrota de Alemania y el Imperio Austro Húngaro, Hanussen abrió un “gabinete de videncia” en Praga, la capital de Checoslovaquia. Posteriormente se trasladaría a Viena, donde montó algunos espectáculos de clarividencia que, poco a poco, le hicieron ganar popularidad. Sin embargo, en 1929 sería acusado de fraude. Durante el juicio que se entabló en su contra, tendría lugar un incidente que cambiaría su destino. Hanussen no sólo negó todos los cargos que se presentaron en su contra, sino que, para demostrar que era un auténtico vidente, comenzó a describir con precisión el contenido de la cartera del fiscal y del juez. Luego que el magistrado lo recriminara por montar un “espectáculo de circo” en la corte, Hanussen le respondió que sus dotes adivinatorias eran totalmente reales. Para probarlo le dijo que, en ese mismo momento, en la estación de la ciudad, se encontraba un atracador de bancos esperando un tren que se aprestaba a salir en pocos minutos. Hanussen no sólo describió exactamente la apariencia de este ladrón, sino que también detalló la cantidad exacta de dinero que se encontraba en su maleta. El magistrado, a pesar de sus reservas, ordenó a la policía acudir a la estación. Los agentes, tras llegar rápidamente al lugar, encontraron al sujeto y comprobaron que la visión de Hanussen había sido correcta.

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Este vaticinio convirtió a Hanussen en una celebridad mediática en Viena, por lo que se trasladó a Berlín, donde continuó formulando certeras predicciones a través de sus propias revistas, como “Die Hanussen Zeitun” y “Die Andere Welt”, la última de las cuales lo convirtió en un personaje de masas.

Los nazis y Erik Hanussen

Entre los admiradores berlineses de Hanussen se encontraban varios miembros del Partido Nazi (que por ese entonces era un pequeño partido nacionalista de extrema derecha), entre los cuales se contaba el jefe de las SA o Sturmabteilung (el grupo paramilitar nazi) de Berlín y el prefecto de policía de Postdam. Éstos, al parecer, le habrían presentado a Hanussen a Adolf Hitler, Rudolph Hess y Josepp Goebbels en 1930 o 1931.

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Se cuenta que Hitler quedó bastante impresionado por las dotes proféticas de Hanussen, especialmente después que éste le vaticinara que pronto se convertiría en el gran líder de Alemania y que “la nación germana estaría a su merced”. A partir de este momento, la influencia de Hanussen sobre Hitler se hizo más patente. Se contaba que en un encuentro celebrado poco antes de las elecciones alemanas de noviembre de 1932, Hanussen le enseñó a Hitler sus técnicas de control de masas mediante el empleo de gestos y pausas dramáticas (varios años más tarde, el psicoanalista estadounidense Walter Charles Langer confirmaría los encuentros entre ambos personajes).

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Por esta época, Hanussen había abierto en Lietsenburgerstrasse, en uno de los barrios más exclusivos de Berlín, su propio Palacio del Ocultismo, una lujosa mansión donde este personaje formulaba vaticinios y realizaba sesiones esotéricas.

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Tras la llegada de Adolf Hitler a la Cancillería de Alemania el 30 de enero de 1933, Erik Hanussen parecía haber llegado el cenit de su fama. Sin embargo, a los pocos días se produciría un incidente que tendría consecuencias funestas para él. En una reunión organizada para la alta sociedad berlinesa el 26 de febrero de 1933 en el Palacio del Ocultismo, a la que acudieron varios jerarcas nazis, Hanussen decidió auto-hipnotizarse. Tras entrar en trance, éste comenzó a gritar y gesticular, exclamando: “Veo quemarse una gran casa. Una multitud camina, hay un gran gentío en las calles, es una noche desgarrada por el fuego, veo antorchas encendidas, hogueras de alegría y la cruz gamada se mueve como un gran remolino de fuego, es sin duda la llama de la liberación alemana, y las llamas salen por la ventana, una gran cúpula se viene abajo, y se hundirá todo el edificio; es, sin duda, la cúpula del Reichstag que arde en la noche”.

Tras caer al suelo y despertar del trance, Hanussen recobró la conciencia y dijo no recordar nada de lo sucedido. Lo que Hanussen no sabía era que sus palabras habían llenado de temor a varios dirigentes nazis, entre ellos al futuro Ministro de Propaganda Joseph Goebbels, pues era un secreto sabido por muy pocos que los nazis al parecer estaban orquestando para muy pocos días el incendio premeditado del legendario y mítico edificio parlamentario para así encontrar un pretexto para silenciar a toda la oposición.

El incendio del Reichstag.

El incendio del Reichstag.

En efecto, 48 horas después, el 27 de febrero de 1933, a las 9 de la noche, el histórico edificio del Reichstag ardió en llamas. Los nazis culparon a Marinus Van der Lubbe, un joven comunista holandés que había llegado recientemente a Alemania, de ser el causante del siniestro. Este incidente, por cierto, terminaría beneficiando totalmente a los nazis. El parlamento, creyendo que el incendio había sido orquestado por los comunistas para desestabilizar el gobierno de Adolf Hitler, le otorgó al Führer poderes especiales para “contrarrestar la confrontación despiadada del Partido Comunista de Alemania”. De ese modo, el gobierno nazi tuvo carta blanca para perpetrar arrestos masivos de comunistas por todo el país, incluyendo a los diputados comunistas del parlamento, a pesar de que estos contaban con inmunidad parlamentaria.

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Hanussen, cuya última predicción había resultado sumamente incómoda, pues daba a entender que el incendio del Reichstag había sido un montaje de los nacionalsocialistas, a esas alturas ya se había convertido en un personaje molesto para los nazis. Adolf Hitler, su protector desde hacía años, jamás le perdonaría aquella revelación tan inoportuna como anticipada. Cuando el Palacio del Ocultismo de Hanussen fue clausurado por las autoridades, éste cometió otro acto imprudente: escribió una dura crítica contra la medida en su nueva revista Hanussen Wochenschau.

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La GESTAPO, la temida policía política del régimen nazi, se presentó de inmediato en la casa de Erik Hanussen y lo detuvo, trasladándolo a los cuarteles de las SA de Tempelhof. Acusado por los miembros de las SA, Hanussen reconoció su origen judío y fue asesinado la noche del 24 o la madrugada del 25 de marzo de 1933. El 8 de abril de 1933, en el periódico pronazi “Volkische Beobachter”, apareció la siguiente reseña policial: “En un bosquecillo de pinos entre las localidades de Nehuof y Baruth, unos leñadores han descubierto entre unas zarzas y medio devorado por los animales salvajes de la zona, el cadáver de un desconocido. No se ha encontrado sobre su cuerpo ningún papel o documento que ayuden a su identificación. Los servicios de la policía criminal de Berlín han podido establecer que el cadáver ha debido permanecer entre estas zarzas varios días. Se sospecha de todos modos que puede tratarse del cadáver de Erik Hanussen, famoso por sus experiencias de videncia y telepatía.”

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