Hechos inexplicables que nadie pudo aclarar tras la Gran Guerra

Hace exactos 100 años se inició uno de los conflictos más sangrientos en la historia de la humanidad, donde ocurrieron una serie de hechos francamente inexplicables.

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La primera Guerra Mundial, conocida también como la Gran Guerra, que enfrentó a la Triple Alianza (Alemania, el imperio Austro húngaro e Italia, apoyados posteriormente por el imperio turco y Bulgaria) con la Triple Entente (Inglaterra, Francia y Rusia, apoyados posteriormente por Japón y Estados Unidos), comenzó el 28 de junio de 1914 y finalizó el 11 de noviembre de 1918, dejando una cifra escalofriante de personas fallecidas: 9 millones de muertos. Sin mencionar, por cierto, la serie de profundos cambios políticos que el conflicto produjo en muchas de las naciones involucradas, verdadera simiente que haría germinar en los años siguientes un conflicto todavía peor: la Segunda Guerra Mundial.

Obviando los hechos objetivos que marcaron la coyuntura de este conflicto bélico, también una serie de extrañas coincidencias y hechos insólitos jalonaron el inicio, desarrollo y final de esta mortífera guerra, que marcó con sangre y fuego a la humanidad en las primeras décadas del siglo XX.

Cita con la muerte en Sarajevo

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La primera casualidad (otros hablan derechamente de obra del destino) se relaciona con el asesinato del archiduque Francisco Fernando, heredero del imperio austrohúngaro, y su esposa Sofía, el hecho puntual que desató la Primera Guerra Mundial. Lo curioso es que ni las víctimas ni su asesino planeaban encontrarse en el lugar donde ocurrió el magnicidio, que cambiaría el mundo como era conocido hasta entonces. Francisco Fernando y su esposa Sofía visitaron el 28 de junio de 1914 Sarajevo, capital de Bosnia, una remota provincia que acababa de ser anexada por el imperio austrohúngaro. Casualmente, ese día era el día nacional serbio, y fueron muchos los que le aconsejaron al archiduque que por razones de seguridad pospusiera el viaje, pero éste no sólo se opuso a hacerlo, sino que ni siquiera pidió el apoyo del ejército para que resguardara el recorrido que le llevaría desde la estación de la ciudad al ayuntamiento, en un auto descapotable de la época.

Lo que Francisco Fernando no sabía era que varios jóvenes anarquistas premunidos de pistolas y algunas bombas, pertenecientes a la “Mano Negra”, una organización nacionalista y extremista eslava que deseaba liberarse del yugo austrohúngaro, se habían situado en diferentes puntos del recorrido para atentar contra su vida. El archiduque y su esposa salieron de la estación de Sarajevo, abordaron el descapotable y recorrieron las calles repletas de gente saludando y sonriendo. Cuando el auto atravesó un puente, uno de los jóvenes anarquistas que se encontraba apostado allí lanzó una bomba hacia el interior del vehículo, pero el artefacto explosivo rebotó en la parte trasera y estalló en la calle, hiriendo sólo a algunos oficiales y a gente del público. Tanto Francisco Fernando como su esposa quedaron algo asustados, pero aún así decidieron seguir el recorrido, llegando posteriormente al ayuntamiento de Sarajevo.

Mientras tanto, dada la agitación causada por el frustrado atentado y dando por sentado que el heredero al trono austro-húngaro no continuaría su recorrido y que, si lo hacía, lo haría con excelentes medidas de seguridad, los jóvenes anarquistas que querían atentar contra su vida dieron por fracasada su operación. Uno de los más jóvenes, Gavrilio Princip, de 19 años y quien era considerado un mal tirador por sus compañeros, tras permanecer apostado en una de las calles cercanas del Ayuntamiento, decidió marcharse de allí, dando por zanjado el intento de asesinato. Cerca del ayuntamiento, cruzó a la derecha en una calle, que casualmente se llamaba “Francisco José”, para comprarse un emparedado en una tienda de comestibles, al lado de la pastelería “Moritz Schiller”.

Tras la visita prevista al Ayuntamiento, el gobernador de Bosnia, Oskar Potiorek, había convencido al archiduque Francisco Fernando para que acortara y cambiara el recorrido de su auto, evitando las estrechas calles del centro de Sarajevo. Pero al parecer a nadie se le ocurrió informar de ello al conductor del auto. Cuando se dieron cuenta del error, la comitiva real se detuvo en mitad del camino con el propósito de cambiar de rumbo y hubo que empujar el coche a mano porque carecía de marcha atrás. La inesperada parada había tenido lugar frente a la pastelería “Moritz Schiller”, el mismo lugar donde se encontraba comiendo su refrigerio Gavrilo Princip. El joven anarquista, después de recuperarse de la impresión de toparse cara a cara y casualmente con la comitiva regia, actuó rápidamente. Se subió al alero del coche descapotable y disparó a quemarropa sobre el archiduque y su esposa. La princesa Sofía murió casi inmediatamente, mientras Francisco Fernando falleció media hora después. Eran las 11 de la mañana. Treinta y siete días después, luego que el imperio austrohúngaro le declarase la guerra al reino de Serbia y éste invocara la ayuda de Rusia, y comenzaran a funcionar la complicada política de alianzas entre los países europeos, estallaba la Primera Guerra Mundial.

El escritor bosnio Velibor Colic, un siglo después de esos hechos, aseguró que el atentado de Sarajevo fue un suceso de consecuencias mundiales, una especie de Zona Cero de la época. “Fue un complot muy bien organizado pero a la vez muy caótico, en el que el azar jugó el papel principal. Fue un vaudeville, una tragicomedia cuyas consecuencias, desgraciadamente, conocemos todos”. El escritor Tim Butcher, en tanto, autor del libro “El gatillo: En busca del asesino que llevó al mundo a la guerra”, afirmó que “Gavrilo Princip era un don nadie que, sin embargo, lo cambió todo”.

Otros hechos curiosos e inexplicables

Después de 4 años de terror y horror, la Primera Guerra Mundial llegó a su fin: a las 11 de la mañana del 11 de noviembre entró en vigor el armisticio que puso fin al conflicto bélico. Así, la anhelada paz para Europa (y el mundo) llegó a la undécima hora del undécimo día del undécimo mes (11-11-11) de 1918.

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Se cree también que el último disparo de batería de la guerra salió de las manos del entonces capitán de artillería Harry S. Truman, futuro presidente de los Estados Unidos, quien continuó disparando la batería que tenía a sus órdenes hasta las 10.45 horas del día 11 de noviembre de 1918. Casi 27 años después, cuando ya era presidente, el mismo Harry Truman fue el encargado de realizar los últimos “disparos” en la Segunda Guerra Mundial, al dar la orden de que se efectuaran los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki.

El principio y el final de un hecho histórico a veces pueden enlazarse cíclicamente. Cuando faltaban sólo dos minutos para las once de la mañana y el fin de la guerra, el soldado canadiense George Price fue abatido de un disparo por un francotirador alemán. Su cuerpo fue enterrado en el cementerio de Saint-Symphorien, lugar donde también reposaban los restos de John Parr, el primer soldado británico muerto en la guerra, caído el 21 de agosto de 1914.

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La ironía tampoco estuvo ausente de la “gran guerra”. Un joven austríaco llamado Adolf Hitler, quien no había podido materializar su sueño de ser pintor al ser rechazado en la Academia de Bellas Artes de Viena, tras la declaración de guerra en 1914 se enroló en el 16 regimiento de Infantería de Reserva, un regimiento que después de la cruenta batalla de Ypres pasó de tener 3.500 hombres a sólo 600. En diciembre de 1914 Hitler fue condecorado con la Cruz de Hierro de Segunda Clase, y el último año de la guerra, mientras era cabo, fue condecorado con la Cruz de Hierro de Primera Clase, un honor impensado para un militar de tan baja graduación. Aunque no se sabe a ciencia cierta qué hizo exactamente el futuro canciller del Tercer Reich para ganar dichas medallas (se dice que capturó sin ayuda a 15 soldados enemigos), sí se sabe que la persona que lo recomendó para recibir dichas condecoraciones fue… un judío. Hugo Gutmann, un asistente de origen semita de dicho regimiento, perteneciente paradojalmente a la misma etnia que años más tarde casi sería exterminada de muchos países de Europa por el régimen nazi, a instancias de su implacable líder, el mismo Adolf Hitler.

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