La curiosa historia sobre los supuestos duendes que habrían aterrorizado a balneario argentino

En 1983 numerosos testigos afirmaron haber visto a criaturas de color verde de 60 centímetros de altura que tenían “cara de viejos”.

Guía de: Fenómenos Paranormales

Uno de los casos paranormales más extraños y publicitados que alguna vez hayan ocurrido en Argentina, tuvo como escenario un barrio ubicado en las afueras de la ciudad trasandina de La Plata, donde numerosas personas -niños y adolescentes, principalmente- fueron testigos de las presuntas apariciones de pequeños seres de aspecto humanoide de color verde, cuyo tamaño no superaba los 60 centímetros y con aspecto “de viejos”.

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Según escribió el investigador argentino Carlos Sainz, experto en temas relacionados con el fenómeno Ovni, el caso ocurrió en los meses de noviembre y diciembre de 1983, principalmente en una casa abandonada del barrio Villa Montoro, ubicado en los alrededores de la ciudad de La Plata. “La visualización de estas pequeñas entidades no se limitó a la casa mencionada, sino que los testimonios y reportes se extendieron varias cuadras a la redonda, lo que motivó, entre otras cosas, un verdadero aluvión de periodistas, investigadores, expertos en fenómenos sobrenaturales, estudiosos de los ovnis, personas que decían estar en contacto telepático con duendes y gnomos y curiosos que merodeaban constantemente la zona”.

El autor Claudio Omar Rodríguez, quien reporteó en extenso el caso en su libro “Enanitos verdes alienígenas en tiempos del ‘E.T,´, Yoda y Luciano el marciano”, detalló que el primer testigo que fue entrevistado en su época por la prensa argentina fue Diego Illi, un niño que en ese momento tenía 7 años de edad. Según relató el menor, el avistamiento de los enanitos ocurrió en la tarde del domingo 27 de noviembre de 1983, cuando jugaba con un amigo en la mencionada casa abandonada: “Estábamos subiendo a un árbol, cuando los vimos…Walter, mi amigo, se asustó y se escapó; yo me quedé y jugué mucho con ellos. Nos subíamos a las ramas, después también hicimos pocitos con ellos…yo jugué también a luchar con uno. Se me subían a la espalda…Después me dijeron que ya era tarde y que me tenía que ir. Eran seres muy chiquitos, me llegaban hasta la rodilla. Son verdes y tienen la cara arrugada como de viejitos, tenían uñas largas, estaban vestidos de verde, tenían una especie de botitas y un gorro verde”.

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Claudia Ortiz de Viguera, una joven de 21 años que vivía frente a la citada casa abandonada, también presenció a una de las inverosímiles y diminutas criaturas. Según relató, se topó con uno de estos extraños seres en la noche del mismo día domingo 27 de noviembre, cuando salió al patio de su casa a fumar un cigarrillo: “Primero escuché risas como de niños que venían del campito, pero si bien es cierto que allí juegan habitualmente, me pareció raro que lo hicieran a esa hora de la noche…fue entonces que se asomó el enanito. La noche era bastante clara y fue así que lo pude ver, pero fue una cosa muy rápida”.

Al día siguiente de estos dos avistamientos, Julio César Masei, un adolescente de 14 años, relató que “yo estaba cruzando el campo y en el medio hay como un arroyito y una especie de terraplén. Al pasar por ahí escuché risas y ruidos y me acerqué. Al terraplén lo tapa un arbusto y cuando lo levanté vi como 4 o 5 de esos enanitos. Cuando me vieron treparon y me corrieron. Yo salí corriendo a toda velocidad y traté de cruzar el arroyo de un salto, pero no pude. De todos modos, todo embarrado pude cruzar. Los enanitos se quedaron del otro lado. Nos quedamos mirándonos un rato, como cinco minutos. Ellos gritaban y gemían como los gatos, y me amenazaban con ramas de arbusto. Uno de ellos, el que más gritaba, estaba como rabioso. Eran enanitos como de medio metro. Estaban vestidos con un trajecito verde enterizo y la piel era como la nuestra, pero del mismo color verde. No tenían orejas y eran muy viejos, como de 70 años. Recuerdo que le tiré un ladrillo a uno y le pegué en la pierna. Gritaba y saltaba y los demás miraban. Luego me fui a mi casa y ya de noche salí a buscarlos otra vez, con una linterna. Los volví a encontrar en un baldío debajo de un árbol. Me acerqué despacio y tuve a uno muy cerca. Estiré la mano y lo toqué sin sentir nada raro”.

Ilustración que recreó el encuentro del adolescente Julio Cesar Masei con las pequeñas y extrañas criaturas verdes.

Ilustración que recreó el encuentro del adolescente Julio Cesar Masei con las pequeñas y extrañas criaturas verdes.

Guillermo Insaurralde, otro niño de 11 años que vivía en los alrededores, contó por su parte que tras escuchar los increíbles relatos que contaban algunos de sus vecinos, decidió ir a la casa abandonada acompañado de varios amigos. “Estábamos todos dando vueltas por la casa cuando detrás de una pared salió corriendo uno. Era verde, tenía como escamas y hasta me pareció que tenía un solo ojo. Estaba oscuro y yo grité para que vinieran a alumbrar con la linterna. La cosa esa corrió hacia los arbustos en zig-zag y desapareció. Caminaba en dos patas, era como un enanito, y hacía un ruido raro, como el de un perro cansado. Tendrían unos 50 centímetros de alto, era verde… estaba como asustado y daba chillidos, parecía que la luz de las linternas que lo iluminaban le hacía mal. Casi lo agarramos, pero se movía muy rápidamente y se nos perdió luego de casi correrlo dos cuadras de distancia de dónde lo habíamos encontrado…vi que tenía un solo ojo en la frente, era negro, no le vi que tuviera pelo, su cabeza era muy grande, tenía la forma de un huevo o zapallo medio achatado”.

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El investigador argentino Carlos Sainz agregó que a los pocos días que la prensa informara de estos extraños sucesos, en diciembre de 1983 en el Departamento de Santo Tomé, en la Provincia de Corrientes, varios niños afirmaron haber visto también varias pequeñas criaturas de color verde y de un solo ojo en las proximidades de una casa abandonada, describiéndolos como de unos 60 centímetros de estatura, piel rugosa y mirada penetrante.

“Posteriormente, en agosto de 1988 en la escuela Nro. 35 (Perito Moreno) en la misma ciudad de Mar del Plata, varios alumnos de dicho establecimiento aseguraban haber observado en distintas ocasiones a pequeños hombrecitos verdes, enanitos de unos 0,60 a 0,80 cms. de altura que fueron vistos durante 3 o 4 días consecutivos en el patio, sobre los techos, dentro de los baños o sobre los tanques de agua. A pesar de lo dicho por los escolares, las autoridades de la escuela restaron importancia al hecho, adjudicándolo a fantasías de los pequeños. Ese mismo año, en la localidad de Pergamino, el 28 de octubre, a eso de las 00.30 hrs. un grupo de cuatro amigos fueron testigos de la presencia de varios enanitos. Los describieron de la siguiente manera: “Eran 5 o 6 enanitos, como de 70 cms. de altura, piel verde, estaban desnudos, tenían un solo ojo, sin pelo, movían los brazos y se notaban tres dedos, no tenían muñecas y no le vimos los pies”.

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Todos estos extraños avistamientos de pequeñas criaturas de color verde que tuvieron lugar en Argentina en los años 80′, tuvieron en todo caso su primer antecedente directo en 1979, cuando una familia que visitaba Mendoza se tomó una fotografía en el famoso Puente del Inca, una de las atracciones turísticas más concurridas de esa provincia argentina. Días después, cuando la misma familia reveló la fotografía, además de ellos aparecieron en la imagen unos extraños enanitos verdes en una especie de ronda. El inexplicable hecho fue ampliamente difundido por la prensa en toda la provincia y la noticia inspiraría a cuatro desconocidos jóvenes músicos de Mendoza a bautizar a su grupo musical como “Los Enanitos Verdes”, la misma banda de rock latino que en la segunda mitad de los años 80’ se haría ampliamente conocida tanto en Argentina como en nuestro país.

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