La entrevista premonitoria del actor James Dean antes de su muerte

Meses antes de perder la vida en un accidente automovilístico, protagonizó un paradójico spot que aconsejaba a ser precavidos al volante.

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En septiembre de 1955 el joven actor norteamericano James Byron Dean estaba en la cresta de la ola. Tras ser comparado con Marlon Brando por su notable actuación en la película “Al este del paraíso”, de Elia Kazan, y de protagonizar “Rebelde sin causa”, cinta que todavía no se estrenaba, el actor de 24 años acababa de terminar el duro rodaje de “Gigante”, la película en la que compartió protagonismo con Elizabeth Taylor y Rock Hudson y donde encarnaba al pendenciero y resentido Jett Rink, un pobre y ambicioso joven texano con sueños de gloria. Y su futuro parecía lleno de promesas. Su próxima película iba a ser un biopic del boxeador Rocky Graziano y la Warner Brothers se aprestaba a negociar con él un nuevo contrato que le iba a significar recibir 900 mil dólares por 9 películas en 6 años, incluyendo 12 meses sabáticos que iban a comenzar en algún momento de 1956.

James Dean Giant

Y precisamente Dean, un amante declarado de las motocicletas y las tuercas, había anunciado a algunos de sus amigos que planeaba dedicarse a las carreras de autos durante esos 12 meses, para lo cual encargó que le trajesen desde Inglaterra un deportivo Lotus Mark IX. Luego que los productores de “Gigante” lo obligaran por contrato a dejar sus amadas carreras mientras durara el rodaje, cuando éste finalizó a nadie le extrañó que lo primero que hizo Dean fue anunciar su participación en una carrera que se iba a celebrar en Salinas a fines de septiembre. Como el Lotus le iba a llegar en varios meses, Dean no dudó en comprarse el 21 de septiembre de 1955 un Porsche Spyder 550 que vio en la sala de muestras de Competitions Motors, en Vine Street Hollywood. El Spyder, al que bautizó de inmediato como “Little bastard” (“El pequeño bastardo”), era un auto descapotable con una frágil carrocería de aluminio plateado que podía alcanzar los 225 kilómetros por hora.

James Dean y el pequeño Bastardo

En la mañana del viernes 30 de septiembre, como el motor del Spyder aún necesitaba más kilometraje para alcanzar su mejor rendimiento, James Dean decidió que en vez de llevarlo en una furgoneta a Salinas, él mismo lo conduciría, con el mecánico Rolf Wüterich como copiloto. El actor estaba de un humor inmejorable y bastante orgulloso de su nuevo coche, tanto que invitó a una larga lista de amigos para que lo acompañaran en su esperado retorno a las carreras.

La cita con la muerte de James Dean

A las 17.50 de la tarde, Dean y Wuterich llegaron al cruce de las carreteras 466 y 41, cerca de Cholame y a 250 kilómetros de Los Ángeles. Empezaba a declinar el día y sólo viajaba por la 466 en sentido opuesto un automóvil Ford Tudor, pintado de blanco y negro, conducido por Donald Turnupseed, un estudiante de 23 años. El Ford, de repente, comenzó a girar hacia la izquierda para dirigirse al noroeste por la 41. “Tiene que parar”, le dijo James Dean a Weuterich cuando vio la maniobra del Ford, “Tiene que vernos”.

James Dean y su copiloto en el Porsche Spyder

Pero Turnupseed no los vio venir, o si lo hizo, lo hizo demasiado tarde. El Ford, pese a que el auto de Dean se aproximaba a toda velocidad, continuó con su giro a la izquierda, bloqueando el camino del Spyder, que al final se estrelló brutalmente contra uno de sus lados. El frágil y hermoso coche deportivo Porsche de James Dean quedó hecho trizas por el impacto y rebotó junto a un poste de teléfonos. Wutherich salió despedido por el aire y terminó tirado malherido sobre el camino, con fractura de cráneo y una pierna rota. James Dean, en tanto, había quedado atrapado entre los restos del auto. Tenía el cuello roto y no respiraba. Su muerte había sido instantánea. La autopsia que se le hizo a las pocas horas dictaminó en efecto que su muerte se había provocado por “rotura de cuello, acompañada de lesiones de mandíbula, brazos y órganos internos”.

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Los restos pulverizados del Porsche Spyder de James-Dean-02

La noticia, a las pocas horas, ya era oficial y se diseminó como un reguero de pólvora encendida por todas partes, sembrando la incredulidad en Hollywood y en el país entero. James Dean, el actor más prometedor y talentoso de su generación, el actor que según el director francés Francois Truffaut “mató la sicología el día en que apareció en escena”, el “ángel rubio de la desolación”, “el primer adolescente americano”, estaba muerto.

Con el correr de los días, la prensa comenzó con la inevitable ola de especulaciones. Algunos arguyeron que la culpa del accidente había sido del propio James Dean, quien sin duda iba manejando muy rápido (el Porsche Spyder quedó con el marcador de velocidad pegado en los 90 kilómetros por hora), mientras otros arguyeron que el actor de “Al este del Paraíso” no llevaba puestos sus lentes (sufría miopía) cuando iba manejando o que había provocado su propia muerte por decisión propia, desconsolado porque la actriz Pier Angeli, el amor de su vida según propia confesión, lo había dejado y se había casado con otro hombre meses antes.

Si bien la justicia dictaminó que el culpable del accidente había sido el propio James Dean por manejar demasiado rápido (en un proceso judicial bastante irregular pues sólo duró dos horas), la verdad es que fue el errático comportamiento de Turnupseed al volante el que provocó la muerte del ídolo cinematográfico esa aciaga tarde del 30 de noviembre de 1955. Dean no llegó jamás a pisar el freno porque suponía que el otro conductor no haría el giro no señalizado y lo dejaría pasar. La policía de caminos, de hecho, aseguró que pocos minutos después del accidente, Turnupseed yacía casi ileso (sólo con la nariz rota) a un lado de la carretera en estado de shock, repitiendo la frase “No lo vi, juro que no lo vi”, lo cual para muchos no dejaba de ser lógico, tomando en cuenta la baja altura y el color plateado del “Pequeño Bastardo”, un automóvil que en los años siguientes también arrastraría su propia maldición.

James-Dean-Giant 2

Así, de ese trágico y absurdo modo comenzó el viaje de James Dean a la inmortalidad, pues tal como dijo el actor Martin Sheen (padre de Charlie), “James Dean y Elvis fueron los portavoces de una generación. Cuando yo estaba en la escuela de interpretación en Nueva York, existía el dicho de que si Marlon Brando cambió el modo en que la gente actuaba, James Dean cambió el modo en que la gente vivía”. El pastor Xen Harvey, quien ofició la misa de su funeral, fue el que lanzó las palabras más proféticas sobre el icónico culto a su figura que ha traspasado décadas y persiste con vigor hasta el día de hoy. “La carrera de James Dean no ha terminado. Acaba de empezar. Y el mismísimo Dios está dirigiendo la producción”.

La entrevista premonitoria de James Dean

Lo paradójico de esta historia es que meses antes, durante una pausa del rodaje de “Gigante”, James Dean había grabado un spot para el Comité Nacional de Carreteras junto al actor Gig Young, para alertar a los jóvenes del peligro de conducir rápido por las autopistas.

James Dean entrevista de Gig Young

Dean, vestido como un joven Jett Rink, con sombrero texano incluido, conversó con Gig Young sobre los autos de carreras y los peligros de conducir rápido por la autopista. Parte del diálogo fue el siguiente:

Gig Young: ¿Qué velocidad puede alcanzar tu auto?

James Dean: Oh, unos 150 kms. por hora

Young: ¿Lo has usado para competir, no?

Dean: Una o dos veces

Young: ¿Dónde?

Dean: Corrí muy bien en Palm Springs… La gente dice que es correr es peligroso, pero preferiría arriesgarme en el circuito cualquier día que en la autopista…Bueno, Gig, creo que será mejor que me vaya.

Mientras Dean se aprestaba a marcharse, Young le preguntó si tenía algún consejo especial que darle a los conductores jóvenes de Estados Unidos, a lo que Dean debía responder pronunciando el slogan del comité: “Conduce con cuidado, porque la vida que salves puede ser la tuya”. Pero, en vez de eso, James Dean dijo lo siguiente: “Recuerden, conduzcan con cuidado, porque la vida que salven puede ser la mía”. Una entrevista, como se puede ver, verdaderamente premonitoria.

Entrevista de Gig Young a James Dean en 1955:

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