La experiencia paranormal de Jim Morrison con indios americanos muertos

El famoso cantante de The Doors aseguraba que cuando niño, las almas de varios indios muertos se introdujeron en la suya.

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James Douglas Morrison (1941-1971), vocalista del grupo norteamericano The Doors, es considerado uno de los cantantes más populares, influyentes y carismáticos de toda la historia del rock (el quinto mejor vocalista de todos los tiempos, según la revista “Rolling Stone”). Los seis discos de estudio que grabó junto a sus tres compañeros de banda, el tecladista Ray Manzarek, el guitarrista Robbie Krieger y el baterista John Densmore, incluyen canciones de antología que todavía hacen las delicias de los amantes del rock clásico.

Morrison, hasta hoy, aún es considerado la quintaesencia perfecta de la estrella de rock (poderosa voz, hosco, misterioso, presencia magnética, dueño de un sex appeal natural, inspirador y escandaloso). Además de tener un innato talento musical (“cuando fundamos el grupo con Ray Manzarek en la playa de Venice, tenía un concierto de canciones dándome vueltas en la cabeza”, dijo una vez) también era un consumidor habitual de alcohol y varios tipos de sustancias psicoactivas (LSD, cannabis y peyote), las que promovía porque lo ayudaban, en su opinión, a alcanzar nuevos y placenteros estados de conciencia, que le proporcionaban mayor equilibrio espiritual y paz interior.

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Todos los fans del grupo saben que Morrison estaba obsesionado desde su más temprana juventud con la poesía simbolista francesa y los mitos y religiones de las culturas de los nativos americanos, lo que se debería a una supuesta experiencia paranormal que el propio Jim Morrison experimentó cuanto tenía sólo cuatro años de edad, cuando junto a su familia viajaba en una camioneta por la carretera entre Alburquerque y Santa Fe, en Nuevo México.

Según relató en la década de los 60’ el mismo “Rey Lagarto”, el vehículo, en un momento del viaje, paró abruptamente al borde del camino y su padre, Steve Morrison, bajó rápidamente del coche. Los curiosos ojos del pequeño Jimmy jamás olvidarían la dantesca imagen que se estaba desarrollando al otro lado de la ventanilla. Un camión que transportaba a unos jornaleros indios, de la tribu de los Hopi, acababa de estrellarse frontalmente con un automóvil. Los cuerpos de los indígenas, muchos sin vida y otros desangrándose, cubrían el asfalto como si fuesen un tétrico tapiz. Jimmy quiso salir del coche para ayudarlos, pero su madre se lo impidió. Su padre volvió a subir al vehículo y continuaron por la carretera hasta que, en la gasolinera más cercana, Steve llamó por teléfono a la policía y pidió una ambulancia. Mientras el consternado y asustado Jimmy no hacía más que hacer preguntas sobre el suceso que acaba de presenciar, su padre sólo le dijo: “Jimmy, en realidad no pasó nada. Sólo ha sido una pesadilla”.

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Jim Morrison, ya adulto, recordaría que “mi madre, mi padre y mi abuela y mi abuelo y yo íbamos conduciendo a través del desierto al amanecer. Un camión de trabajadores indios había chocado con otro coche. No sé qué sucedió, pero había indios desparramados por toda la autopista, sangrando hasta la muerte. Entonces nuestro coche giró y se detuvo. Era la primera vez que saboreé el miedo. Yo debía de tener cuatro años. A esa edad un niño es como una flor, su cabeza está flotando en la brisa. La sensación que tengo ahora cuando pienso en ello, mirando atrás, es que las almas de los fantasmas de los indios muertos, quizá la de uno o dos, estaban corriendo enloquecidas por allí y se introdujeron en mi alma. Y creo que aún siguen ahí”.

Este suceso, que fue recreado en el inicio de la taquillera película “The Doors” (1991, dirigida por Oliver Stone) explicaría la obsesión que sentía el cantante de The Doors por la cultura de los indios norteramericanos, sin mencionar que Morrison acostumbraba en sus conciertos a bailar en círculos alrededor del pie del micrófono, imitar sonidos de animales, simular estar poseído por espíritus y tirarse al suelo como si hubiera muerto.

“Estos gestos formaban parte de su ritual, porque Jim creía sinceramente que un espíritu de uno o varios indios se había apoderado de su alma cuando él era un niño ”, confesó una vez el tecladista de los Doors, Ray Manzarek, quien agregó: “ y Jim era eso. Cuando actuaba entraba como en trance y era capaz de hipnotizar a su audiencia. Y se convertía en una especie de chaman, un chamán eléctrico”.

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El extraño suceso del accidente y los indios muertos en la carretera, por cierto, quedaría inmortalizado en la música de los Doors. En la parte central de la canción “Peace frog”, incluida en el quinto álbum de los Doors, “Morrison Hotel” (1970), Morrison recita los siguientes versos:

“Indians scattered on dawn’s highway bleeding /
Ghosts crowd the young child’s fragile eggshell mind”

(“Indios esparcidos por la autopista del amanecer sangrando/ Espíritus llenan la frágil mente de cáscara de huevo de un niño”).

Video de la canción “Peace Frog”:

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