La fabulosa historia de las huellas reales que dejó Jesús tras encuentro con el apóstol Pedro

La tradición cuenta que cuando escapaba de persecución a los cristianos, Pedro se encontró con Jesús.

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La tradición católica identifica a través de la sucesión apostólica a Simón Pedro -mejor conocido como Pedro, uno de los discípulos más destacados de Jesús de Nazaret- como el primer Papa de la historia, basándose, entre otros argumentos, en las palabras que le dirigió el mismo Nazareno cuando predicaba en Palestina: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder de la muerte no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo” (Mateo 16, 18-19).

Fishers of Men Matthew 4:18-19

La misma tradición relata que San Pedro, ya anciano, pasó sus últimos días entre los cristianos de Roma, donde fue elegido Obispo. Allí debió enfrentar la brutal persecución contra los cristianos que desató el Emperador Nerón en el año 64, y que le valió a Pedro ser apresado en la cárcel Mamertina, situada debajo del Capitolio.

De esta cárcel de alta seguridad, Pedro logró escapar gracias a que sus dos carceleros, Proceso y Martiniano, se habían convertido al cristianismo. Ambos habían quedado impresionados por las sabias palabras del apóstol y sus milagros, por lo que le pidieron ser bautizados. La leyenda cuenta que como en la prisión se carecía del agua necesaria para el sacramento, San Pedro hizo la señal de la cruz en dirección de la Roca Tarpeya, y de ella salió agua en abundancia. Una vez que el apóstol bautizó a los carceleros, éstos le abrieron las puertas de la cárcel para que pudiera escapar.

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San Pedro tomó de inmediato el camino que lo conducía a la Vía Apia (o Via Appia), una de las más importantes calzadas de la antigua Roma, que unía Roma con Brindisi, el más importante puerto comercial con el Mediterráneo oriental y Oriente Medio. Pedro habría pasado por una calle que ahora se conoce como “Via delle Terme di Caracalla”, que toma el nombre de las famosas termas, pero que en el año 64 aún no existían.

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La tradición cuenta que, temeroso de que algo malo le pudiera suceder, San Pedro se dispuso a escapar de Roma por la Vía Apia cuando, increíblemente, se encontró cara a cara con el mismo Jesucristo, quien venía caminando en sentido contrario cargando una cruz. El estupefacto y anciano apóstol, al verlo, le preguntó emocionado: “Quo Vadis, Domine?” (“¿Adónde vas, Señor?”), a lo que Cristo le contestó: «Romam vado iterum crucifigi» (“Voy hacia Roma para ser crucificado de nuevo”). Pedro le preguntó entonces: “Señor, ¿vas a ser crucificado otra vez?”, a lo que el Nazareno le respondió: “Sí, Pedro. Mi pueblo en Roma te necesita, si abandonas a mis ovejas yo iré a Roma para ser crucificado de nuevo”.

"Aparición de Cristo a san Pedro en la vía Apia" (1601-1602), obra del pintor italiano Annibale Carracci.

“Aparición de Cristo a san Pedro en la vía Apia” (1601-1602), obra del pintor italiano Annibale Carracci.

San Pedro, avergonzado de su actitud, comprendió al instante el sentido de su misión, aceptó su destino y recordó que en vida Jesús le había predicho una muerte terrible cuando le encomendó el gobierno de su Iglesia. De ese modo, dio la vuelta y volvió caminando hacia Roma. De inmediato, el Señor desapareció y desapareciendo dejó marcadas las huellas de las plantas de sus pies en una piedra del pavimento de la calzada de la Vía Apia. Cuando el apóstol llegó a Roma a continuar su ministerio entre los perseguidos cristianos, fue capturado de inmediato por los romanos, quienes, percatándose de su importancia, lo sentenciaron a morir crucificado.

"La crucifixión de San Pedro", pintura de Caravaggio.

“La crucifixión de San Pedro”, pintura de Caravaggio.

San Pedro, enterado que iba a morir igual que Jesucristo, les dijo a sus verdugos que no se sentía digno de morir como su divino maestro, diciéndoles: “Crucifíquenme así, con la cabeza hacia abajo y no de otra manera”. De ese modo, el anciano apóstol fue crucificado cabeza abajo en las inmediaciones de la Colina Vaticana, siendo sepultado a poca distancia del lugar de su martirio, en el mismo lugar donde a principios del siglo IV el emperador Constantino I el Grande mandó construir una gran basílica.

Pintura que recrea la crucifixión de Simon Pedro.

Pintura que recrea la crucifixión de Simon Pedro.

La tradición cristiana asegura que el fabuloso encuentro entre el anciano Simón Pedro, el primer jefe de la Iglesia, y Jesús de Nazaret en la Vía Apia de Roma, tal como se mencionó anteriormente, dejó algunas evidencias físicas, como las huellas de los pies que dejó Cristo estampadas en una de las piedras del pavimento de esa calzada, y que en la actualidad se pueden admirar en la iglesia italiana de San Sebastián extramuros, en la denominada capilla de las reliquias.

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Además de estas huellas originales, puede admirarse una copia en mármol de las mismas en la cercana iglesia de Santa María en Palmis, más conocida como Chiesa del Domine Quo Vadis, ubicada al sureste de Roma y erigida en el mismo lugar donde se produjo la aparición de Jesús y donde San Pedro pronunció la famosa pregunta “Quo Vadis, Domine?”. Las presuntas huellas de los pies de Cristo, obviamente, están orientadas hacia la izquierda, es decir, hacia Roma.

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