La historia de “Sus satánicas majestades”: El presunto nexo de The Rolling Stones con el diablo

Estos músicos ingleses se ganaron el apodo de “Sus satánicas majestades” al invocar al maligno en una famosa canción.

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Los Rolling Stones, uno de las bandas más grandes e influyentes del rock contemporáneo (la prestigiosa revista “Rolling Stone” los situó en el lugar 4 de los 50 mejores artistas de todos los tiempos), fueron fundados en Londres por el vocalista Mick Jagger y los guitarristas Keith Richards y Brian Jones, agregándose posteriormente el baterista Charlie Watts y el bajista Bill Wyman, y desde el principio llamaron la atención por su música -que recogía influencias del rythm and blues y el rock and roll- y su actitud provocativa.

Pero, el reciente suicidio en marzo pasado de la novia del cantante Mick Jagger, la diseñadora L’Wren Scott, hizo emerger de nuevo una historia conocida, que para muchos ya dejó de ser un rumor: la supuesta aura satánica del famoso vocalista inglés y, por cierto, también la de su grupo, los Rolling Stones, acusados desde la lejana década del 60’ de corromper moralmente a toda una generación de jóvenes.

Los Rolling Stones en sus comienzos llamaron de inmediato la atención de la prensa inglesa por su aspecto rudo y desaliñado y la forma obscena en que interpretaban sus canciones, actitud que por cierto era alentada entusiastamente por su manager Andrew Loog Odlham, quien deseaba convertir a la banda en la antítesis de los Beatles. Llegaron a ser tan odiados por el establishment inglés que la prensa británica inició una campaña mediática preguntándoles a sus lectores: “¿Dejaría que su hija se casara con un Rolling Stone?”.

Luego del lanzamiento del single “(I can’t get no) Satisfaction”, su primer número 1 absoluto a ambos lados del Atlántico, Mick Jagger y Keith Richards profundizaron su tendencia a componer canciones con temáticas como el exceso de alcohol y drogas, la decepción amorosa, el sexo y las mujeres. Los cinco integrantes de la banda adoptaron una apariencia de jóvenes peligrosos, desaliñados e intimidantes; y una imagen pública rebelde, comportándose como «chicos malos» en constantes problemas con la ley por el escandaloso contenido de sus letras y su abierta predilección por las sustancias ilícitas. Por ello, en 1968 los sectores conservadores de la sociedad responsabilizaron al grupo de la corrupción moral de la juventud de Occidente. De ese modo, nadie como ellos encarnó a la perfección la famosa tríada “sexo, drogas y rock’n roll” y, precisamente, nadie como ellos la difundió mejor.

La famosa cantante Patti Smith, por ejemplo, recuerda así la profunda impresión que le causó ver por primera vez por televisión al grupo encabezado por Brian Jones, Mick Jagger y Keith Richards: “Mi padre echaba espumarajos de rabia como un perro. Nunca le había visto tan enojado, pero perdí contacto con él rápido. Ese grupo era implacable como un asesinato. Estaba atrapada en un campo de puntos calientes: el guitarrista tenía espinillas, el rubio arrodillado tenía círculos alrededor de los ojos, uno tenía el pelo grasiento, el otro no importaba demasiado y el cantante enseñaba su anatomía. Sentí como si pudiese ver a través de sus pantalones con rayos X. Ahí había carne dura. Ahí había una perra lúbrica. Cinco chicos blancos y sexys como una espada. Sus nervios conectados y su tercera pierna creciendo. En seis minutos, cinco imágenes lujuriosas hicieron que mojase por primera vez mi ropa interior”.

Los Rolling Stone

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Después del lanzamiento del disco “Their Satanic majesties Request”, un disco que les trajo pobres ventas y malas críticas y en el que los Stones intentaron responder al sonido sicodélico que los Beatles patentaron con su “Sgt. pepper’s Lonely Hearts Club Band”, la prensa comenzó a llamar al quinteto “sus satánicas majestades”, un apodo en perfecta consonancia con su fama de chicos malos del rock and roll.

“Simpatía por el diablo”

Después del lanzamiento del disco “Beggars Banquet”, un disco aclamado por la crítica y que iniciaría una serie de 4 álbumes que serían considerados como la cima artística de los Stones, los críticos y el público se rendirían a sus pies, pero el álbum no estaría exento de polémica. El álbum incluía la canción “Sympathy for the devil” (“Simpatía por el diablo”), una canción con ambientes tribales en cuya letra se presentaba al diablo como un miembro más de la humanidad y se hacía referencia a oscuros y violentos pasajes de la historia, como la captura y el asesinato de Jesucristo, la Segunda Guerra Mundial, y los asesinatos del presidente Kennedy y de la familia Romanov por los bolcheviques rusos. La mención del diablo en la letra, por cierto, provocó temor y repudio en los sectores más conservadores de la sociedad, especialmente entre los grupos religiosos, que no demoraron en acusar a los Stones de ser adoradores de satanás, calificándolos de paso como una influencia perniciosa y nefasta para la juventud.

Para hacer aún más grande la polémica, en diciembre de 1968 los Rolling Stones grabaron en el recinto Roundhouse de Londres el especial de televisión “The Rolling Stones Rock and Roll Circus”, concebido como un espectáculo circense jalonado de las actuaciones de algunos artistas famosos de ese tiempo como John Lennon, The Who, Jethro Tull y Eric Clapton. Cuando los Stones salieron a escena, en la parte final precisamente de la interpretación de “Simpathy for the devil”, mientras Lennon se convulsiona entre el público, Mick Jagger se sacó su camisa dejando al descubierto un enorme dibujo, parecido a un gigantesco tatuaje, de la bestia, símbolo inequívoco del diablo, en su torso desnudo.

Mientras muchos criticaban a los Stones por su provocadora asociación con símbolos satánicos (en Estados Unidos el cantante Don McLean en su hit “American Pie”, llamó satán a Mick Jagger, cantando que “yo vi a satán riendo con deleite el día que la música murió”), otros afirmaban que Jagger y los suyos sólo manifestaban su simpatía por el diablo no como el gran engañador y mentiroso de la Biblia, sino como el arquetipo del verdadero hombre, libre de las normas y reglas de la moral tradicional, el rebelde que promete libertad, el enemigo de la hipocresía y la complacencia . Mick Jagger, por ejemplo, canta en el coro de la canción “I’m free” las siguientes líneas que bien pueden ser tomadas como una verdadera declaración de principios: “I’m free/ to do what I want/ any old time” (Soy libre de hacer lo que quiera en cualquier momento pasado”).

La misteriosa muerte de Brian Jones

Brian Jones, hasta 1969, era el integrante más famoso y carismático de los Rolling Stones. Él, por lo demás, había bautizado al grupo después de escuchar la canción “Rolling Stone” del blusero americano Muddy Waters. Su talento musical sólo era equiparable a sus excesos en su vida privada (a los 15 años ya tenía tres hijos ilegítimos). Jones, por ejemplo, fue el artífice del sonido de “Aftermath”, el disco de 1966 que representó un cambio en la dirección de la banda, pues Jones en su calidad de multiinstrumentista (se decía que sólo necesitaba una hora para aprender a tocar cualquier instrumento), incorporó sitar, pianos, vibráfonos, marimbas y dulcimer, otorgándole un sonido nuevo y sofisticado a este trabajo y a algunos discos posteriores de los Stones. Jones, de hecho, es quien toca la flauta en la hermosa canción “Ruby Tuesday” y toca el exótico riff con una sitar en el famoso tema “Paint it black”, la misma canción donde Mick Jagger canta las líneas “Veo dentro de mí y veo que mi corazón es negro”.

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Sin embargo, pese a la fama, las mujeres y el dinero, Brian Jones comenzó a sentirse víctima de severas depresiones que en ocasiones derivaron en hospitalizaciones. Por lo demás, el rubio guitarrista ya se comenzaba a sentir excluido de la agrupación por Mick Jagger y Keith Richards, los talentosos compositores del grupo. En junio de 1969 los mismos Jagger y Richards acordaron el despido de Brian Jones, quien sufría además por sus problemas de adicción a las drogas y a que, según dijo el mismo Mick Jagger, “no está psicológicamente apto para este tipo de vida».

Luego que el guitarrista Mick Taylor fuera anunciado como su reemplazante, Jones se retiró a su casa de campo, donde planeó su retorno al mundo de la música con una banda de blues local. Sin embargo, el 3 de julio de 1969, a sólo un mes de salir de la banda que él había ayudado a formar, el carismático multiinstrumentista fue hallado muerto en el fondo de su piscina. La versión oficial anunció que posiblemente Jones murió a causa de un ataque de asma mientras se encontraba nadando, enfermedad que sufría desde hacía tiempo, pero esta explicación no satisfizo a muchos, que especularon derechamente que se trataba de un asesinato instigado por …Mick Jagger, supuestamente celoso del protagonismo mediático de su ex compañero. Jagger en todo caso no asistió al funeral de Brian Jones, pero durante un concierto que los Stones dieron en Hyde Park se lanzaron cientos de mariposas a manera de homenaje al fallecido guitarrista y Mick Jagger recitó un poema en una de cuyas partes decía “él no ha muerto, sólo despertó del sueño de la vida”. Como sea que fuere, Brian Jones murió en la plenitud de su vida, a los 27 años, engrosando el famoso “club de los 27”, la fatídica lista de músicos célebres que morirían prematuramente a esa misma edad y que incluye a gente como el guitarrista Robert Johnson (acusado de hacer un pacto con el diablo para convertirse en el mejor guitarrista de blues de la historia), Jim Morrison, Janis Joplin, Jimmy Hendrix, Kurt Cobain y Amy Winehouse.

El asesinato del concierto de Altamont

Durante la promoción del disco “Let it bleed”, los Rolling Stones iniciaron una gira por los Estados Unidos, mientras se autoproclamaban como «La banda de rock and roll más grande del mundo», pero la gira concluyó de forma trágica en el recital gratuito de Altamont con la muerte de cuatro fanáticos, tres de ellos de manera accidental. El espectáculo, que había incluido la interpretación de “Simpathy for the devil”, terminó cuando un joven afroamericano se lanzó hacia el escenario supuestamente con un arma en una de sus manos e inmediatamente fue interceptado por los “Hell Angels” (“Los ángeles del infierno”), una pandilla de violentos motoristas que habían sido encargados de la seguridad del concierto. El joven murió apuñalado en medio de la confusión y la trifulca mientras el grupo interpretaba el tema “Under my thumb”.

Luego de la edición de los discos “Sticky Fingers” y “Exile on Main Street” (considerada la obra maestra del grupo), los Stones entraron en una etapa de estancamiento musical, lo que se vio reflejado en la adicción a la heroína del guitarrista Keith Richards y el alejamiento del guitarrista Mick Taylor, quien sería reemplazado por Ron Wood. Tras el lanzamiento en 1978 del disco “Some girls”, considerado su último gran disco e inspirado en el sonido de la música punk, funk y disco, los Stones se dedicaron a realizar millonarias giras, sacar discos aceptables y con efectivos singles comerciales, vivir de su prestigio (en 1989 ingresaron con todo merecimiento al Salón de la Fama del Rock and Roll), disfrutar de sus abultadas cuentas bancarias y crear finalmente un verdadero imperio comercial, a instancias seguramente de Mick Jagger, sindicado por todos como el cerebro calculador de la estrategia comercial del grupo.

¿Pagar un tributo al diablo?

Mick Jagger, de actuales 71 años y sindicado hoy por muchos como una especie de lucifer posmoderno, siempre se mostró parco respecto a los rumores de identificación demoníaca con su grupo, a pesar de que no dudó en explotar estas habladurías. Consultado, por ejemplo, de los rumores de las prácticas de magia negra durante las grabaciones de algunos discos de los Stones, el vocalista dio una respuesta bastante ambigua: “Esto es algo que todos deben investigar, ya que es posible que haya algo”.

No son pocos los que viendo el actual aspecto a lo “Dorian Gray” de Mick Jagger (hace unos pocos años embarazó a una bella y joven modelo brasileña, mantiene el mismo peso de su juventud, tiene una cabellera envidiable y en los conciertos se sigue moviendo atléticamente como si tuviera 25 años) hablan derechamente de un pacto con el diablo, lo que también para ellos explicaría la longevidad y vigencia del único grupo musical capaz de haberse mantenido durante más de medio siglo en la escena musical al más alto nivel. Otros, asimismo, prefieren asimilar a Jagger con un moderno Fausto que pasó de ser el azote del sistema a formar parte de ese “establishment” que tanto le temió. Hoy Mick Jagger es poseedor del título de Sir (Caballero de la Orden del Imperio Británico) y también de una envidiable fortuna que se estima en unos 232 millones de euros, a los que hay que sumar otros 9 millones de dólares que le dejó en herencia L’Wren Scott, su fallecida novia. “Un día tendré que pagar mi tributo al diablo, como Fausto. Pero por qué voy a dejar de disfrutar del sol de hoy para pensar en las nubes de mañana», dijo Jagger en una entrevista a la revista “Playboy”.

Para muchos los Rolling Stones no son un grupo especialmente satánico. Por lo menos, nunca tuvieron las inclinaciones públicas por lo oculto de Led Zeppelin, ni las adhesiones abiertamente satánicas de muchos y famosos grupos de heavy metal, pero también es cierto que sólo ellos ostentan el título de “Sus Satánicas Majestades”. Por lo pronto, hoy los Rolling Stones tienen el honor de ser la banda más longeva de la historia del rock, pues ningún grupo de rock hasta la fecha ha sostenido de forma tan duradera una reconocida trayectoria. A más de 50 años de su primer concierto, con una treintena de discos, una colección de temas clásicos memorables y más de 200 millones de discos vendidos, los Stones han anunciado que seguirán tocando, tal como afirmó el guitarrista Ron Wood. «Vamos a seguir tocando. Somos como los viejos monjes, esos que nunca abandonan. Vamos a tocar hasta que nos caigamos del escenario… Los Rolling Stones no se separarán hasta que todos los miembros no hayan fallecido”.

Presentación de The Rolling Stones en “Rock and roll Circus” interpretando “Sympathy for the devil”:

“Simpathy for the devil” subtitulado:

The Rolling Stones interpretando “Paint it black”

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